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#31EneroTercios: La batalla del Cabo Celidonia

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Si en vez de cinco ggaleras-contra-galeonaleones espa√Īoles los protagonistas de esta historia hubieran sido ingleses, incluso franceses, este asombroso combate naval del siglo XVII no estar√≠a recluido en el ba√ļl de los recuerdos de unos pocos.

Si el¬†capit√°n¬†al mando de la escuadra espa√Īola, Francisco de Ribera, no hubiera nacido en Toledo, sino en Plymouth o en, qu√© se yo,¬†Burnham Thorpe, la batalla del Cabo Celidonia habr√≠a tenido unas cuantas pel√≠culas, libros y hasta alg√ļn videojuego dedicado a la misma.

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La escuadra del capit√°n Francisco de Ribera

Alg√ļn d√≠a hablar√© sobre el Gran Duque de Osuna, virrey de Sicilia y N√°poles por aquella √©poca y verdadero acicate contra los turcos y venecianos por el dominio del Mediterr√°neo. Osuna reorganiz√≥ la penosa flota espa√Īola sita en los territorios italianos del Imperio espa√Īol, y cre√≥, con su dinero y esfuerzo, una flota poderosa y temida como nunca antes en la zona. A expensas del rey de Espa√Īa, equip√≥ con su oro¬†galeras y galeones para hacer el corso y perseguir a los otomanos en cualquier parte. El rey de Espa√Īa ve√≠a as√≠ c√≥mo se libraba del pago de una escuadra que estaba bajo sus servicios y que, adem√°s, recib√≠a parte del bot√≠n que aquella sacase del corso. Si bien la mayor√≠a de los galeotes eran sicilianos o napolitanos, gente del pa√≠s, los soldados que llevaban a bordo y sus comandantes eran todos espa√Īoles, que eran los que en definitiva daban el poder de combate a las embarcaciones.

El capitán Francisco de Ribera era el arquetipo del hombre de mar de entonces: hombre conocedor de su oficio, fogueado en mil lances (algunos poco honorables), duros y con un valor que hoy en día sería difícil de comprender.

No quiero extenderme en su biograf√≠a, as√≠ que pasar√© directamente a junio de 1616, donde el capit√°n espa√Īol estaba bajo el mando de una peque√Īa escuadra de buques de vela con la misi√≥n de hacer el corso por la zona y ocuparse de una posible escuadra turca que, seg√ļn avisos, se dispon√≠a a invadir Calabria.

Dicha escuadra constaba de los siguientes elementos:

  • Gale√≥n¬†Concepci√≥n(capitana) ‚Äď 52 ca√Īones. Bajo el mando del propio Ribera.
  • Gale√≥n¬†Almiranta‚Äď 34 ca√Īones. Al mando del alf√©rez Serrano.
  • Nao¬†Buenaventura‚Äď 27 ca√Īones. Al mando del alf√©rez I√Īigo de Urquiza.
  • Nao Carretina‚Äď 34 ca√Īones. Al mando del alf√©rez Valmaseda.
  • Nao¬†San Juan Bautista‚Äď 30 ca√Īones. Al mando de don Juan Cereceda.
  • Patache¬†Santiago‚Äď 14 ca√Īones. Alf√©rez Garraza.

Además hay que contar una urca de carga, que aparece en la relación de la batalla y que desconocemos el origen, aunque puede ser una de las embarcaciones apresadas y marinadas por una dotación de presa. Esta tendría una participación heroica, como veremos.

Para hacer frente a esa¬†hipot√©tica invasi√≥n turca, se embarcaron a bordo de los buques un nutrido grupo de soldados espa√Īoles, unos mil mosqueteros. Esta fuerza ser√≠a vital en el combate.

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La batalla del Cabo Celidonia

El d√≠a 14 de julio todo parec√≠a destinado a ser un¬†desastre inminente para los espa√Īoles, cuando vieron aparecer 55 galeras, si no fuera porque la constancia, la superioridad militar, la bravura y la determinaci√≥n que aquellos hombres tendr√≠a su recompensa.

Llegaron a los espa√Īoles con¬†una prisa terrible, seg√ļn palabras del propio Ribera. A lo que este respondi√≥ con la maniobra de juntar los bajeles, para evitar as√≠ que los rodeasen individualmente y los aplastaran¬†por simple superioridad num√©rica. Una vez hecho, se dio la orden de que el gale√≥n¬†Almiranta,¬†la nao¬†Carretina¬†y la urca que coment√°bamos anteriormente estuvieran siempre juntos y se asistiesen unos a otros seg√ļn lo fueran necesitando. En esta ocasi√≥n el trabajo en equipo se demostrar√≠a mejor que en ninguna otra batalla naval. Si uno ca√≠a, lo har√≠an todos.

El patache form√≥ a proa de la capitana (el¬†Concepci√≥n), mientras que la capitana vieja se puso a su izquierda, con la orden de que si envest√≠an al patache (la unidad m√°s d√©bil de los espa√Īoles) le abrigasen en medio de las dos embarcaciones m√°s poderosas. Con todo esto preparado, con todos los hombres listos y armados, fueron al encuentro¬†del enemigo.

Los turcos avanzaban en formaci√≥n de media luna, siendo las galeras capitanas de Caravana y Rodas las puntas de lanza en ambos cuernos de la formaci√≥n. Ambas fuerzas, unas a remo y otras a vela (con todo plegado excepto el trinquete y la gavia baja) empezaron a luchar a las nueve de la ma√Īana. Y dur√≥ hasta el anochecer, que los turcos se retiraron, de momento.

Ocho galeras turcas hab√≠an dado a la banda (escoradas) y una de ellas hab√≠a quedado desarbolada. Los espa√Īoles pusieron luz a sus fanales, al igual que los turcos, esperando el amanecer para seguir luchando. Ambos bandos se ten√≠an ganas y la lucha era claramente sin cuartel.

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Con las primeras luces del d√≠a, los turcos atacaron poni√©ndose a tiro de mosquete, hasta las nueve de la ma√Īana cuando el Bey de Rodas, con una veintena de¬†galeras, se decidi√≥ a embestir al¬†Concepci√≥n¬†y al¬†Almiranta. El alf√©rez Valmaseda, de la nao¬†Carretina, estuvo bien listo cuando aprovech√≥ la ocasi√≥n para atravesarse con el enemigo y hacerles un gran estrago. Desde luego hay que ser m√°s que valiente para cruzarse en el camino de 25 galeras a velocidad de embestida. Los turcos se fueron en masa a por el insolente buque, dejando a la¬†Almiranta. Si los de la¬†Carretina¬†fueron valientes, los de la urca no se quedaron atr√°s. Saliendo de la banda siniestra de la¬†Almiranta, se atraves√≥ al enemigo e hizo m√°s de lo que pod√≠a esperarse de tan peque√Īa embarcaci√≥n.

Como hemos visto, el apoyo mutuo estaba dando resultados y todos se socorrían sin distinción. Insisto: esta fue la clave de la batalla.

Mientras esto pasaba, el¬†Concepci√≥n¬†de Ribera no estaba quieto, ni mucho menos. Al gale√≥n insignia acudieron la galera Real otomana con seis capitanas a sus lados y otra veintena de¬†galeras (el resto). Y ah√≠ fue cuando los 52 ca√Īones y la guarnici√≥n de soldados, disparando sin cesar, hicieron estragos en la escuadra turca. Y todo durante poco m√°s de media hora. Ribera dijo:

Recibieron da√Īo tan notable que no acertaban a retirarse.

Se retiraron por fin y atacaron desde fuera hasta las dos de la tarde, pero siempre tan cerca que los ca√Īones del patache les alcanzaban sin problema. Ese segundo d√≠a de combate dejo diez galeras a la banda y dos desarboladas. Los da√Īos en los espa√Īoles eran m√°s materiales que personales, y los buques estaban bastante da√Īados. Era normal por otra parte, tras el brutal ataque en masa recibido. Uno de los heridos fue el propio capit√°n Ribera, que fue alcanzado en la cara, afortunadamente sin mayores consecuencias.

Así que todo lo que quedaba de día y la noche fue aprovechado para remediar averías y pasar munición y pólvora a los buques que estaban escasos de ello, igualándolos para que nadie se quedara en inferioridad de condiciones. Eso lo tenían claro.

Los turcos estaban comprobando que las ligeras galeras poco podían hacer contra los altos flancos robustos de los buques de vela cuando estos, además, estaban tan bien defendidos. Y la forma en que estos se daban apoyo mutuo cuando lo necesitaban. Eso les estaba costando muchas bajas y no pocas embarcaciones. La moral, como no, iba en picado.

Sin embargo, el d√≠a 16 los turcos volvieron a la carga, literalmente. La galera Real otomana atac√≥ directamente al¬†Concepci√≥n¬†de Ribera, que logr√≥ rechazar el ataque a las tres de la tarde, retir√°ndose la Real dos horas antes que las dem√°s debido a los da√Īos. Una galera turca se hundi√≥ y dos quedaron desarboladas, estando 17 a la banda.

Aquello fue el final, porque los turcos hab√≠an sufrido tantos da√Īos y bajas que les fue imposible proseguir el combate al d√≠a siguiente, retir√°ndose al abrigo de la noche mientras que la escuadra de Ribera permaneci√≥¬†a la espera en las aguas de la batalla.

 

Los da√Īos y bajas de la batalla

Ribera logr√≥ un √©xito que, seg√ļn dijeron, dio la vuelta al orbe. Ser capaces de desmantelar toda una flota de galeras con media docena de buques de vela, era algo inaudito hasta entonces.

Las bajas espa√Īolas fueron relativamente pocas, para la intensidad de los combates: 34¬†muertos y 93¬†heridos. Eso s√≠, las materiales fueron cuantiosas. El¬†Concepci√≥n¬†tuvo que ser remolcado a Cand√≠a, ya que ten√≠a los palos y la maniobra hechos pedazos, a parte de todo el agua que les entraba, que hasta Cand√≠a tuvieron que dar los soldados a las bombas. El¬†Carretina¬†tambi√©n fue el otro que sali√≥ mal parado, aunque todos pudieron llegar, como digo, para repararse de nuevo y volver victoriosos a N√°poles, donde ten√≠an su base.

Los turcos tuvieron muchísimos muertos y heridos. Ribera sólo dice que mandó al fondo del mar a una galera, aunque dejó muy maltrechas a casi todas las demás. Otras fuentes, como Matías de Novoa, dice que de las 55 galeras muchas se hundieron (sin especificar) y que 23 quedaron imposibilitadas de navegar. También dice que murieron unos 1.200 genízaros y más de dos mil de chusma y marinería. En otras fuentes he leído que fueron 23 las galeras hundidas, pero seguramente tomaron el dato de Novoa de las imposibilitadas de navegar, sin saber a ciencia cierta si alguna fue puesta de nuevo en servicio.

El caso es que Ribera y su escuadra frenaron en seco a una m√°s que potente flota turca y la desmantelaron en inferioridad de condiciones. Fern√°ndez Duro da 224 piezas de artiller√≠a (como m√≠nimo) a los turcos, a disposici√≥n de emplearla a voluntad gracias a los remos, mientras que los espa√Īoles s√≥lo dispon√≠an de medio centenar de ca√Īones por banda. Si a esto le juntamos los 200 hombres de combate¬†que, tambi√©n como poco, llevaba cada galera a bordo, nos da unos 11.200 soldados turcos contra los 1.600 espa√Īoles a bordo de sus buques, vemos que fue una gesta con pocos precedentes en la historia naval.

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Entre otros premios, Francisco de Ribera fue ascendido a Almirante y honrado por el Rey con el h√°bito de Santiago.

 

Fuentes:

           Todo a babor

 

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