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#Espa√ĪaEnLaHistoria. Segunda Guerra Civil Castellana

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Le result√≥ muy duro a la Infanta Isabel llegarse hasta Carde√Īosa, en √Āvila, al iniciarse el mes de julio de 1468. Su hermano, su querido hermano Alfonso yac√≠a tembloroso, febril y misteriosamente doliente en la cama. La noche anterior se hab√≠a comportado con total normalidad, cenando en su forma habitual. Jocoso y alegre, hab√≠a acudido a sus aposentos, dejando atr√°s al obispo de Toledo, Carrillo, al Marqu√©s de Villena y al conde de Benavente, verdaderos medradores a la espera de recoger el bot√≠n surgido de la rebeli√≥n contra el rey Enrique IV, llamado el Impotente.

Isabel contemplaba el rostro de su hermano, aquel rostro joven con el cual hab√≠a convivido en Ar√©valo durante tantos a√Īos, bajo la dulce mirada de su madre Isabel de Portugal, desva√≠da en ocasiones y pronta a la depresi√≥n ¬†en otras. All√≠ decidir√≠a Isabel que fueran depositados los restos de su hermano, en el monasterio de San Francisco en esa villa tan amada. Ella era consciente de que su hermano era tildado como el Inocente, sin embargo ten√≠a pleno sentimiento de la fortaleza interior de aquel muchacho de catorce a√Īos, supuestamente manejado por unos nobles castellanos rebeldes a Enrique que se hab√≠an levantado en armas proclam√°ndole rey. Despu√©s del espect√°culo conocido como la ¬ęfarsa de¬† √Āvila¬Ľ, destronado Enrique en la figura de un monigote por el propio Carrillo, Pacheco, el conde de Benavente, el conde de Paredes y el pueblo llano, Alfonso, con apenas once a√Īos, se hab√≠a ido forjando en la lucha contra su hermanastro. Durante esos tres a√Īos, incluso investido con la armadura de caballero, hab√≠a ido configurando un esp√≠ritu m√°s pr√≥ximo a un Alfonso el Decidido que al mote que le adjudicaban Villena y sus compinches.

Querido y aclamado por donde pasaba, la consideraci√≥n de sucesor de su hermanastro Enrique, con desprecio de Juana, para Isabel ¬†¬ęla hija de la Reina¬Ľ y nada m√°s, se fue forjando en la personalidad de Alfonso una decisi√≥n firme: necesitaba ser el rey que Castilla. La guerra entre Enrique y los Pacheco, Carrillo y dem√°s nobles, no era realmente en favor del proclamado rey Alfonso, sino en rebeld√≠a contra un rey indeciso, temeroso, incapaz de gobernar y siempre dispuesto a la cobard√≠a. Ni tan siquiera su tendencia afectiva hacia la morisma, su m√°s que indudable impotencia, su merma de virilidad, su car√°cter pusil√°nime y el olvido de su realeza ante los conocidos devaneos amorosos de la reina Juana de Avis, ¬†fueron los instigadores de la revuelta, sino el ambicioso deseo de aquellos nobles de alcanzar mayores prebendas y botines de la mano del Impotente.

Alfonso ¬†de Castilla, podr√≠a haber sido un gui√Īol ¬†en las intenciones y deseos del Marqu√©s de Villena, o de Diego L√≥pez de Z√ļ√Īiga, cuando en √Āvila pate√≥ el mu√Īeco real al grito de ¬ę ¬°A tierra, puto!¬Ľ, para luego aclamar ¬ę¬°Castilla por el rey Alfonso!¬Ľ. Sin embargo, Isabel, contemplando el cad√°ver de su hermano aquel 5 de julio de 1468, gozaba de la certeza de que Alfonso ya hab√≠a dejado de ser un pelele el ¬†d√≠a en que se enfrent√≥ a la fuerzas de Enrique en el campo de Olmedo, sin que ninguno de los dos bandos reclamase la victoria. As√≠, durante tres a√Īos de contienda civil, Alfonso tuvo el coraje de formar una corte donde la cultura, las artes y la justicia brillaban, quiz√°s en demas√≠a para aquellos ambiciosos cual Villena y Carrillo. Una guerra civil que tuvo un final al estilo de la que ser√≠a reina, al estilo isabelino.

Ante ese cad√°ver, la infanta Isabel se convirti√≥ en la √ļnica leg√≠tima sucesora de su hermanastro, al haber este rechazado a la ¬ęhija de la Reina¬Ľ, Juana, por hija suya. Con tal decisi√≥n la marc√≥ no solamente como ilegitima, sino que tuvo que aceptar el bald√≥n de que desde Villena hasta el √ļltimo s√ļbdito llamase a esa ni√Īa, la Beltraneja. Isabel no se avino en modo alguno a los ardides de los nobles rebeldes sino que, inteligente y previsora, rindi√≥ vasallaje a su hermanastro y, con el trascurso de los tiempos, logr√≥ en la ceremonia de los Toros de Guisando que la nombrara sucesora. No cumpli√≥ Enrique parte de lo firmado, pero eso ya constituir√° otra historia, la guerra civil de sucesi√≥n a la corona de Castilla. Otra m√°s, que conducir√° a Isabel al trono castellano leon√©s y que contemplar√° como la Reina Cat√≥lica, el a√Īo del descubrimiento, dispondr√° que los restos de qui√©n, durante tres a√Īos fue Alfonso XII de Castilla, reposen junto a los de su padre, el buen Rey Juan y los de su madre, la desgraciada Isabel de Portugal, en la burgalesa Cartuja de Santa Maria de Miraflores.

Francisco Gilet

Bibliografía:

Luis Caro Dob√≥n y Mar√≠a Ed√©n Fern√°ndez Su√°rez (2008):¬†¬ęLos enterramientos reales de la Cartuja de Miraflores¬Ľ.

“Isabel La Cat√≥lica”, Tarsicio de Azcona.

“Isabel, la Cat√≥lica”, Manuel Fern√°ndez Alvarez.

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