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Mis Eucaristías en Extremo Oriente (3): Hong Kong

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Bandera hong kongEnrique Calicó, socio de Enraizados, nos cuenta (en diferentes capítulos) su experiencia en Eucaristías con diferentes comunidades católicas de Extremo Oriente. Aunque lejos en kilómetros, son hermanos nuestros en la fe. Desde Enraizados estamos especialmente preocupados por los cristianos perseguidos en China, Singapur y otros países:

Cada a√Īo, una o varias veces, viajaba a Extremo Oriente por razones de trabajo. Y esto durante m√°s de veinte a√Īos, hasta que mi edad me recomend√≥ que lo dejara para la gente m√°s joven de la empresa.

Los pa√≠ses m√°s frecuentados eran Jap√≥n, Corea del Sur, Taiw√°n y China. Y espor√°dicamente, Hong Kong y Filipinas. Aprovechaba los domingos, d√≠as no laborables, para coger el avi√≥n y saltar de un lugar a otro. Y hac√≠a todo lo posible para no perderme la misa dominical, que en algunos puntos era totalmente imposible, por eso me llevaba conmigo un librito de la ‚ÄúMisa de cada d√≠a‚ÄĚ que me serv√≠a adem√°s poder seguirla a pesar de los diferentes idiomas de los que no entend√≠a ni palabra, como es natural. Y voy a dar alg√ļn detalle de una misa por pa√≠s.

HONG KONG– S√≥lo una vez asist√≠ a misa dominical, y de esto hace mucho. Encontr√© d√≥nde ir justo detr√°s del hotel del aeropuerto antiguo, el que est√° en el centro de la ciudad. Pude ir a pie, y era el colegio de primaria y secundaria del obispado. La iglesia estaba llena y a pesar de esto, yo destacaba por ser el √ļnico occidental adem√°s del padre celebrante. Una misa toda en chino que yo pude seguir perfectamente gracias a mi librito, excepto, claro est√°, en la homil√≠a. Terminada la celebraci√≥n, como siempre que tengo tiempo me quedo un poco para dar mi acci√≥n de gracias. El padre celebrante se acerc√≥ a m√≠ y me pregunt√≥ de d√≥nde era. Me invit√≥ a subir a su apartamento a tomar un aperitivo. Ten√≠a tiempo, pues mi avi√≥n no sal√≠a hasta la tarde.

Era italiano, un hombre fuerte, con una cabeza enorme que demostraba tener mucha masa cerebral, y una capacidad envidiable para los idiomas, por eso lo hab√≠an mandado a Hong Kong. Era el director del colegio, all√≠ le hab√≠a puesto el Obispo de Hong Kong. Hablaba algo de espa√Īol, pero quer√≠a que le hablara en ingl√©s. Me cont√≥ algo del funcionamiento del colegio y que se encontraba muy desplazado de su ambiente. A sus pies yac√≠a un enorme perro de esos blancos especial para ciegos. Me dijo que le hac√≠a mucha compa√Ī√≠a, que no pod√≠a sacarlo a pasear por la calle porque estaba prohibido perros en la calle y que por suerte ten√≠a un patio.

Hablamos del tiempo que faltaba para que Hong Kong se incorporase a China y no sabía lo que pasaría con el colegio católico y demás estamentos libres. Habían prometido que todo seguiría igual, pero nadie lo creía. Las grandes fortunas estaban emigrando.

Me asegur√≥ que los sacerdotes pertenecientes a la Iglesia de China, la oficial, eran obedientes al Santo Padre pero ten√≠an que hacerlo ‚Äúpor debajo de la mesa‚ÄĚ.

Mantuvimos correspondencia durante un cierto tiempo hasta que perdí su rastro. Me informaba de cosas tales como que en China ya habían traducido el nuevo catecismo y similares.

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