Artículo redactado por Javier Espinosa

¿Es el caso Galileo una prueba del fanatismo de la Iglesia y de su oposición a la ciencia? Los enemigos de la Iglesia lo utilizan como arma arrojadiza, afirmando incluso, que Galileo fue torturado y quemado en la hoguera.

Nada más lejos de la realidad. Se trata, sin duda, de un caso complejo que afectó a diversas áreas del conocimiento de la época, en el que la Iglesia también se vio implicada y que acabó con una condena a Galileo por desobediencia.

Probablemente fue el primer caso en el que se puso de manifiesto ese diálogo entre la fe y la ciencia.

SUMARIO

1.- Introducción

2.- El contexto de la época

– La astronomía

– Los filósofos aristotélicos

– El contexto teológico

– El Concilio de Trento

3.- Galileo Galilei

4.- Bibliografía

INTRODUCCIÓN.

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Uno de los aspectos de la “leyenda negra” que pesa sobre la Iglesia católica y que ha sido asumido por la cultura popular, es su supuesta hostilidad hacia la ciencia. Se acusa a la Iglesia de haber sido un lastre, a lo largo de la historia, para el desarrollo y el progreso de las ciencias. El caso Galileo, del que se tiene una opinión en la mayoría de los casos equivocada, cuando no intencionadamente sesgada, se utiliza normalmente para generalizar sobre el asunto.

El cardenal John Henry Newman, convertido del anglicanismo al catolicismo en el S XIX, beatificado por Benedicto XVI y canonizado por el Papa Francisco, encontraba revelador que cuando se hablaba de la oposición de la fe a la ciencia, solo se citara el caso Galileo.

No cabe duda de que el caso Galileo es un muy complejo y su análisis requiere tener en cuenta tanto los aspectos científicos, como los referidos a la filosofía natural y los teológicos. Los avances científicos que se estaban dando en esta época, S XVI y S XVII, ponían en tela de juicio todo el saber que, desde Aristóteles, había estado basado en la razón, ahora se abrían paso las ciencias experimentales: la ciencia moderna iniciaba su andadura, Galileo fue uno de sus pioneros, con sus experimentos sobre el movimiento de los “graves” y las observaciones que llevó a cabo con su telescopio, hizo tambalear el sólido edificio del saber que, durante casi dos mil años se había mantenido en pie, no solo en el mundo cristiano, también en el mundo árabe. Los filósofos no podían consentir que un astrónomo (la astronomía era considerada una ciencia menor frente a la filosofía y a la teología) cuestionase aquello que durante tantos siglos había sido incuestionable. Al no poder rebatir a Galileo con argumentos científicos, lo atacaron con argumentos teológicos: lo que afirma Galileo contradice la Biblia. Lo denunciaron ante el Santo Oficio, iniciándose así lo que sería el primer proceso a Galileo en 1616.

Con esta denuncia, el asunto había tomado esa triple dimensión: la dimensión científica, entre los astrónomos que defendían el geocentrismo de Ptolomeo y los que abogaban por el heliocentrismo de Copérnico; la dimensión filosófica, puesto que cuestionaba el “saber” que durante tantos siglos había estado vigente y la dimensión teológica, acusándolo de ir contra la Biblia, acusación de la que se defendía como católico que era, asegurando que sus afirmaciones y la defensa del copernicanismo, no eran contrarias a la Sagradas escrituras, abriendo así también el debate de su interpretación cuando de cuestiones de ciencia se tratara.

Con el mismo entusiasmo con el que defendía sus teorías, trató de demostrar que los nuevos descubrimientos científicos, en ningún caso podían estar en contradicción con las Sagradas Escrituras, inspiradas por el Espíritu Santo. En la carta dirigida a su amigo Castelli, que sería objeto de la primera acusación contra él, escribía:

“…si bien la Escritura no puede errar, también es cierto que a veces puede errar alguno de sus intérpretes o expositores, de diferentes modos: entre ellos, uno gravísimo y muy frecuente sucede cuando uno se aferra siempre al puro significado de las palabras[…] puesto que sería necesario poner en Dios pies y manos y ojos, y también efectos corporales y humanos, como ira, arrepentimiento, odio, e incluso a veces olvido de las cosas pasadas […] pero son dichas de ese modo para acomodarse a la incapacidad del vulgo […] creo que se obraría con prudencia en no permitir que se utilicen los lugares de la Escritura para obligar a tener por verdad una conclusión natural cuya falsedad podría llegar a ser mostrada un día por el sentido y la razón demostrativa”

(El proceso a Galileo a través de sus textos, Ignacio Solís, 2021 pág. 220)

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Galileo no había podido demostrar con argumentos convincentes la teoría del heliocentrismo, no obstante, el Cardenal Belarmino, uno de los teólogos más prestigiosos de la época, miembro del Santo Oficio, en su respuesta a Galileo a través de su amigo Paolo Antonio Foscarini, sacerdote y científico, que también defendía la compatibilidad entre el sistema copernicano y la Biblia, escribía:

“Cuando se dispusiese de una verdadera demostración de que el Sol está en el centro del mundo[…] entonces habría que andar con mucha consideración en la explicación de las Escrituras que parecen contrarias, y decir que no las entendemos más bien que decir que es falso algo que se ha demostrado Pero no creeré que haya tal demostración hasta que no sea mostrada»

(El proceso a Galileo a través de sus textos, Ignacio Solís, 2021 pág. 241)

EL CONTEXTO DE LA ÉPOCA

Como en todo análisis de la historia, es necesario tener en cuenta el contexto en el que se desarrollan los acontecimientos. En al caso Galileo, dada su complejidad, debemos considerar la situación en la que se encontraba tanto el mundo científico, como el mundo de la metafísica y, por supuesto, el teológico.

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LA ASTRONOMÍA

El mundo científico, en cuanto a la concepción del universo, se debatía entre dos modelos: el geocentrismo y el heliocentrismo.

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El geocentrismo provenía del modelo propuesto por Aristóteles: la Tierra en el centro del Universo, el Son y los demás planetas girando a su alrededor. Fue corregido siglos más tarde por Ptolomeo (S. II d.C.) y fue conocido como el Sistema Ptolemaico. Este modelo era sostenido por los filósofos más influyentes de la época, se enseñaba en todas las universidades y explicaba bastante bien lo que se podía observar en el cielo.

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El heliocentrismo era el otro modelo que había sido propuesto por Copérnico, religioso católico que se interesó por el estudio de los planetas.  En este sistema, el Sol ocupaba el centro del Universo

Copérnico era consciente que esta hipótesis era contraria a la Biblia y anduvo con mucha prudencia.

LOS FILÓSOFOS ARISTOTÓLICOS

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Galileo era un matemático de prestigio y sus afirmaciones causaron una verdadera revolución en el mundo científico de la época, ya que, independientemente de su obstinación al afirmar con rotundidad que la Tierra giraba alrededor del Sol, a pesar de no tener pruebas concluyentes, sus descubrimientos con el telescopio, confirmados por prestigiosos astrónomos, cuestionaban el modelo aristotélico basado, no en razones observacionales, sino en razones filosóficas.

Al no poder rebatir las observaciones de Galileo, tratan de llevar la discusión al terreno religioso con la afirmación de que el modelo copernicano entra en conflicto con la Sagrada Escritura. Consigue que se hable de ello en algunas tertulias científicas y también en algún púlpito.

EL CONTEXTO TEOLÓGICO

Los filósofos aristotélicos con sus ataques a Galileo consiguen crear un conflicto en el campo teológico. La Iglesia se había mantenido al margen, pero se vio obligada, ante la denuncia de aquellos, a entrar en la contienda. Hasta ahora la teología había vivido en perfecta armonía con la filosofía y con la astronomía: el geocentrismo era perfectamente compatible con las Sagradas Escrituras. No obstante, la Iglesia no se oponía a aceptar, como hipótesis, otras teorías, de hecho, el papa Clemente VII, conocedor de la hipótesis de Copérnico, le invitó a que participara con sus cálculos en la elaboración del nuevo calendario, que se aplicó en tiempos del papa Gregorio XIII.

Además, la Iglesia vivía tiempos convulsos: tensiones internas dentro del cristianismo, entre los reyes Francisco I de Francia, Enrique VIII de Inglaterra, el emperador Carlos V y el propio papa Clemente VII. La Iglesia se enfrentaba a la Reforma planteada por Lutero, a la cual no se le hizo frente desde el principio. El papa Clemente VII se negó a convocar un concilio que también los protestantes pedían, se estaba fraguando una división en el seno de la Iglesia de grandes dimensiones. El Concilio de Trento se convocaría años más tarde, en 1545, por el Papa Paulo III. Finalizó en el año 1563, un año más tarde del nacimiento de Galileo.

EL CONCILIO DE TRENTO

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Uno de los temas tratados en el concilio, para contrarrestar las propuestas protestantes, fue sobre la interpretación de la Biblia. Los decretos de la Sesión IV, tendrían una repercusión importante en el caso Galileo, en uno de ellos se decía:

“Además, para controlar a los espíritus pedantes, el Concilio decreta que, en materia se fe y moral pertenecientes a la edificación de la doctrina cristiana, nadie, apoyándose en su propio juicio y distorsionando la Sagrada Escritura según sus propias concepciones, osará interpretarlas de modo contrario al de la Santa Madre Iglesia”

(Concilio de Trento, Cuarta sesión 8 de abril 1546 – Punto 786)

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GALILEO GALILEI

En este ambiente postconciliar, nace Galileo en Pisa, en una familia acomodada, su padre era un comerciante textil con amplia cultura y virtuoso del laúd. Por indicaciones de su padre, Galileo cursa estudios de medicina, pero en realidad su interés científico estaba más orientado al estudio del movimiento de los cuerpos y el cálculo de sus centros de gravedad. Los trabajos que desarrolla desde su juventud le acreditan para ser profesor en la Universidad de Pisa, donde comienza a dar clase en 1582.

Galileo estudió el movimiento de los cuerpos en caída libre (caída de “graves”). Estudiando el fenómeno de las mareas lo atribuye al movimiento de rotación de la tierra, se inicia así el interés de Galileo por la astronomía y, en concreto, por conocer el modelo de Copérnico. Con la aparición del telescopio, consagraría su vida a la observación del universo, consiguiendo revolucionar el conocimiento de la astronomía.

BIBLIOGRAFÍA

  • El proceso de Galileo a través de sus textos. Ignacio Sols. Colección Argumentos para el siglo XXI (Edición digital)
  • Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo ptolemaico y copernicano. Galileo Galilei. Alianza Editorial
  • Cómo la Iglesia construyó la civilización. Thomas E. Woods Jr. Editor digital: Titivillus – 2005
  • Enciclopedia Historia del Mundo. Tomo 8. José Pijoan. Salvat Editores- 1969
  • Wikipedia
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