Nota de prensa: Enraizados ingresa en la Red Cardenal Van Thuan para la Doctrina Social de la Iglesia (DSI)

Nota de prensa: Enraizados ingresa en la Red Cardenal Van Thuan para la Doctrina Social de la Iglesia (DSI)

Libro electrónico: Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia

Estrenará su ingreso en esta Red hispanoamericana celebrando el primer curso virtual de su Aula de Estudios “San Juan Pablo II” sobre los Principios de la DSI a partir del 1 de octubre

El curso cuenta además con el reconocimiento del Centro de Investigaciones de Ética Social de la Fundación Aletheia, relacionado con la Red Van Thuan

El día 1 de octubre la Asociación Enraizados, una voz católica en la vida pública, comenzará su curso online “Introducción a los Principios de la Doctrina Social de la Iglesia”, reconocido por el Centro de Investigaciones de Ética Social de la Fundación Aletheia. Enraizados forma parte de la Red Cardenal Van Thuan para la Doctrina Social de la Iglesia, de la que es miembro también dicha Fundación.

Enraizados abrió las inscripciones en julio y un mes después ya estaban todas las plazas agotadas. Los alumnos que formarán parte de esta primera promoción proceden de diferentes lugares de España e incluso de otros países de Europa e Hispanoamérica, y de diferentes profesiones (estudiantes, médicos, abogados, enfermeros, economistas, ingenieros, periodistas, funcionarios, jubilados…).

“Es una alegría para nosotros que este primer curso haya tenido tan buena acogida entre un grupo tan heterogéneo, ya que además de los temas teóricos, queremos fomentar el debate en foros, y creo que la distinta procedencia y las diferentes profesiones de los alumnos nos puede ayudar a enriquecernos todos”, explica José Castro Velarde, presidente de Enraizados.

Estructura
El curso está distribuido en ocho temas; cada lección se desarrollará en quince días y al final de cada una el estudiante tendrá que responder a un cuestionario sobre los conocimientos asimilados. Al término del curso, cada persona desarrollará un proyecto práctico juzgado por un Tribunal formado por los profesores del curso. Los tres mejores trabajos serán publicados por Enraizados y enviados a los diputados del Congreso para su conocimiento, pues se trata de encontrar soluciones concretas a problemas reales desde la Doctrina Social de la Iglesia.
“Creo importantísimo que los fieles laicos comprometidos nos formemos en la Doctrina Social de la Iglesia, ya que es la respuesta de nuestra madre la Iglesia a la realidad en la que vivimos y la puesta en práctica de nuestra fe. El objetivo global del curso es aprender a pensar en católico; ver, juzgar y actuar en católico en lo que a la vida social y política se refiere”, afirma Castro Velarde.

La Asociación se congratula también de haber entrado a formar parte de la prestigiosa Red Van Thuan para el estudio y difusión de la Doctrina Social de la Iglesia. “Sólo con el nombre del querido cardenal Van Thuan se enciende en nuestros corazones un vivo sentimiento de responsabilidad. El entrar a formar parte de esta Red nos permitirá una mayor visión global de los problemas que afectan a la humanidad y nos permitirá compartir experiencias y criterios de acción con nuestros hermanos, especialmente del mundo hispanoamericano”, concluye Castro Velarde.

#EspañaEnLaHistoria. Segunda Guerra Civil Castellana

#EspañaEnLaHistoria. Segunda Guerra Civil Castellana

Le resultó muy duro a la Infanta Isabel llegarse hasta Cardeñosa, en Ávila, al iniciarse el mes de julio de 1468. Su hermano, su querido hermano Alfonso yacía tembloroso, febril y misteriosamente doliente en la cama. La noche anterior se había comportado con total normalidad, cenando en su forma habitual. Jocoso y alegre, había acudido a sus aposentos, dejando atrás al obispo de Toledo, Carrillo, al Marqués de Villena y al conde de Benavente, verdaderos medradores a la espera de recoger el botín surgido de la rebelión contra el rey Enrique IV, llamado el Impotente.

Isabel contemplaba el rostro de su hermano, aquel rostro joven con el cual había convivido en Arévalo durante tantos años, bajo la dulce mirada de su madre Isabel de Portugal, desvaída en ocasiones y pronta a la depresión  en otras. Allí decidiría Isabel que fueran depositados los restos de su hermano, en el monasterio de San Francisco en esa villa tan amada. Ella era consciente de que su hermano era tildado como el Inocente, sin embargo tenía pleno sentimiento de la fortaleza interior de aquel muchacho de catorce años, supuestamente manejado por unos nobles castellanos rebeldes a Enrique que se habían levantado en armas proclamándole rey. Después del espectáculo conocido como la «farsa de  Ávila», destronado Enrique en la figura de un monigote por el propio Carrillo, Pacheco, el conde de Benavente, el conde de Paredes y el pueblo llano, Alfonso, con apenas once años, se había ido forjando en la lucha contra su hermanastro. Durante esos tres años, incluso investido con la armadura de caballero, había ido configurando un espíritu más próximo a un Alfonso el Decidido que al mote que le adjudicaban Villena y sus compinches.

Querido y aclamado por donde pasaba, la consideración de sucesor de su hermanastro Enrique, con desprecio de Juana, para Isabel  «la hija de la Reina» y nada más, se fue forjando en la personalidad de Alfonso una decisión firme: necesitaba ser el rey que Castilla. La guerra entre Enrique y los Pacheco, Carrillo y demás nobles, no era realmente en favor del proclamado rey Alfonso, sino en rebeldía contra un rey indeciso, temeroso, incapaz de gobernar y siempre dispuesto a la cobardía. Ni tan siquiera su tendencia afectiva hacia la morisma, su más que indudable impotencia, su merma de virilidad, su carácter pusilánime y el olvido de su realeza ante los conocidos devaneos amorosos de la reina Juana de Avis,  fueron los instigadores de la revuelta, sino el ambicioso deseo de aquellos nobles de alcanzar mayores prebendas y botines de la mano del Impotente.

Alfonso  de Castilla, podría haber sido un guiñol  en las intenciones y deseos del Marqués de Villena, o de Diego López de Zúñiga, cuando en Ávila pateó el muñeco real al grito de « ¡A tierra, puto!», para luego aclamar «¡Castilla por el rey Alfonso!». Sin embargo, Isabel, contemplando el cadáver de su hermano aquel 5 de julio de 1468, gozaba de la certeza de que Alfonso ya había dejado de ser un pelele el  día en que se enfrentó a la fuerzas de Enrique en el campo de Olmedo, sin que ninguno de los dos bandos reclamase la victoria. Así, durante tres años de contienda civil, Alfonso tuvo el coraje de formar una corte donde la cultura, las artes y la justicia brillaban, quizás en demasía para aquellos ambiciosos cual Villena y Carrillo. Una guerra civil que tuvo un final al estilo de la que sería reina, al estilo isabelino.

Ante ese cadáver, la infanta Isabel se convirtió en la única legítima sucesora de su hermanastro, al haber este rechazado a la «hija de la Reina», Juana, por hija suya. Con tal decisión la marcó no solamente como ilegitima, sino que tuvo que aceptar el baldón de que desde Villena hasta el último súbdito llamase a esa niña, la Beltraneja. Isabel no se avino en modo alguno a los ardides de los nobles rebeldes sino que, inteligente y previsora, rindió vasallaje a su hermanastro y, con el trascurso de los tiempos, logró en la ceremonia de los Toros de Guisando que la nombrara sucesora. No cumplió Enrique parte de lo firmado, pero eso ya constituirá otra historia, la guerra civil de sucesión a la corona de Castilla. Otra más, que conducirá a Isabel al trono castellano leonés y que contemplará como la Reina Católica, el año del descubrimiento, dispondrá que los restos de quién, durante tres años fue Alfonso XII de Castilla, reposen junto a los de su padre, el buen Rey Juan y los de su madre, la desgraciada Isabel de Portugal, en la burgalesa Cartuja de Santa Maria de Miraflores.

Francisco Gilet

Bibliografía:

Luis Caro Dobón y María Edén Fernández Suárez (2008): «Los enterramientos reales de la Cartuja de Miraflores».

«Isabel La Católica», Tarsicio de Azcona.

«Isabel, la Católica», Manuel Fernández Alvarez.

#EspañaEnLaHistoria. Segunda Guerra Civil Castellana

«50 preguntas sobre Jesús»: ¿Quién dice la gente que soy Yo?

Proponemos hoy esta obra sobre Jesucristo y su Iglesia, que ha superado con creces los tres millones de descargas, realizada por cinco expertos de la Universidad de Navarra liderados por D. Juan Chapa.

Según señalan los Evangelios, las gentes de Galilea, sus contemporáneos se preguntaban: ¿Quién es este?, refiriéndose a Jesús de Nazaret, su paisano, con quien habían convivido muchos años en la aldea y que ahora, en su recién inaugurada vida pública se manifestaba poderoso en obras y palabras. Esa misma pregunta ha resonado en todas las generaciones desde hace más de 2000 años y se mantiene hoy en día.

Este libro afronta esta cuestión contestando a preguntas tales como: 1. ¿Qué sabemos realmente de Jesús?2. ¿Qué fue la estrella de Oriente? 3. ¿Por qué se celebra el nacimiento de Jesús el 25 de diciembre? 4. ¿Qué significa la virginidad de María? 5. ¿Estuvo casado San José por segunda vez? 6. ¿Qué fue la matanza de los inocentes?, ¿es histórica? 7. ¿Jesús nació en Belén o en Nazaret? 8. ¿Dónde y cómo nació Jesús? 9. ¿Estaba Jesús soltero, casado o viudo? 10. ¿Quiénes fueron los doce Apóstoles? 11. Situación actual de la investigación histórica sobre Jesús y otras muchas hasta 54. Además, cada respuesta viene acompañada de una amplia bibliografía para poder ahondar más en el tema.

Esta información seria y contrastada nos ayuda a comprender los numerosos documentos arqueológicos que van apareciendo, tales como los escritos en papiro y pergamino de Qumrán (desierto de Judá) o las colecciones de códices de Nag-Hammadi (Egipto).

El amor a una persona está relacionado con la valoración; si no la valoramos la despreciamos, por ello es tan importante el conocimiento, y, en este caso concreto, pienso que MERECE LA PENA esforzarse por conocer a Jesús, que para mí es el Señor de la Historia y de todo lo creado, Dios y Hombre verdadero.

José Pérez Pérez

#EspañaEnLaHistoria. 11 de septiembre de 1541. Inés Suárez, decisiva en la defensa de Santiago de Chile

#EspañaEnLaHistoria. 11 de septiembre de 1541. Inés Suárez, decisiva en la defensa de Santiago de Chile

En 1541, la ciudad de Santiago de Chile no era más que una pequeña aglomeración de edificios de madera, construidos en un punto elevado, junto al rio Mapocho y débilmente defendida por una frágil empalizada. El 9 de septiembre, su fundador Pedro Valdivia había salido en expedición dejando para su defensa a tan solo 55 soldados. Los indígenas lo sabían y decidieron organizar un ataque empleando varios miles de efectivos. Difícil de evaluar, pero se estima entre dos mil y ocho mil. Lo que no sabían es que en su interior se encontraba también una mujer: Inés de Suarez.

¿Quién era esta mujer? ¿La esposa de algún dignatario? ¿Una noble de alta alcurnia? Nada más lejos de la realidad. Era una costurera nacida en Plasencia que llegó a Santiago en la expedición de fundación, en calidad de compañera sentimental de Pedro de Valdivia. Una mujer de humildes orígenes que había conseguido participar en la expedición de forma no totalmente legal, no podía ser un ser normal. Inés de Suarez no lo era y los indígenas en rebelión no contaban con ello.

En la ciudad habían quedado, custodiados por los soldados, siete caciques. Los rebeldes reclamaban su liberación. Los defensores, cuando el mismo 10 de septiembre se dieron cuenta del ejército hostil que se les venía encima, propusieron aceptarlo como muestra de buena voluntad. A ello se opuso enérgicamente Inés, que tenía un carácter de lo más fuerte, ya que logró imponerse en un consejo de guerra donde el más pusilánime de los participantes podía vanagloriarse de haber realizado hechos inverosímiles.

Durante todo el día 10, los españoles utilizaron las fuerzas a caballo para evitar el acercamiento de los indígenas a las frágiles empalizadas, pero al caer la noche tuvieron que reagruparse en el interior del cercado y sufrieron un ataque con flechas incendiarias que provocaban fuegos constantemente. Al alba del día 11, nadie en la ciudad pensaba en ver el atardecer. Solo pensaban en la mejor forma de morir y algunos propusieron de nuevo, la liberación de los caciques. De nuevo la acción de Inés fue decisiva. No se sabe muy bien si de su propia mano o bajo sus órdenes directas, el caso es que se cortaron las cabezas de los siete caciques que fueron lanzadas a la multitud atacante por encima de las empalizadas. Al mismo tiempo se ordenó una salida general, que ahuyentó a los atacantes. Cuando Valdivia regresó de su expedición, la situación estaba bajo control.

En otra ocasión contaremos el epilogo de la historia, ya que, recordemos, Pedro estaba legalmente casado con otra mujer en España y esto, que no era infrecuente en aquella época, no podía ser obviado para alguien que ostentaba los títulos de Gobernador y Capitán General.

De todas formas quedémonos con la idea principal: Inés de Suarez, una mujer de orígenes humildes, de trayectoria humana muy difícil, fue decisiva en el mantenimiento de Santiago de Chile bajo el control del Imperio Español y en la presencia de España en este magnífico país del sur de América.

Manuel de Francisco

http://alfonsosolerhistoria.blogspot.com/2013/05/ines-suarez.html

#EspañaEnLaHistoria. Primera guerra civil castellana

#EspañaEnLaHistoria. Primera guerra civil castellana

En estos tiempos en los cuales se insiste tanto en el «empoderamiento» de la mujer, echar la vista atrás en la historia y encontrarse con la esposa de Alfonso XI de Castilla, María de Portugal, de un lado y a la amante del rey Leonor de Guzmán es hallar un ejemplo palpable  y sangriento de la presencia activa de la mujer en el devenir de los pueblos.

La esposa, madre del legítimo sucesor Pedro I de Castilla, se topó con la decisiva presencia de la amante de su marido, la cual, fértil hasta darle diez bastardos, apostó por su hijo Enrique de Trastámara. El rey Pedro, enfrentado a la nobleza, tuvo que sufrir el constante intento de recorte de sus atribuciones amen de su capacidad de desarrollo político.

Esa nobleza castellana, mientras tanto, apoyaba las aspiraciones del bastardo Enrique, tanto así que el pueblo se apercibió de que estaban puestas en peligro la vigencia de una serie de leyes promulgadas en las Cortes de Valladolid en 1351, facilitadoras del comercio, la artesanía y la seguridad en los caminos y villas castellanas. Tales fueron las razones por las cuales se le dio al Rey Pedro el sobrenombre de Justiciero, fruto de un gobierno popular a instancias de su amante, María de Padilla. Mas tal sobrenombre tuvo poco éxito; al enterarse de la traición de su antiguo favorito, Juan Alfonso de Albuquerque, promotor de una rebelión con hermanos bastardos con el rey de Aragón Pedro IV, Pedro acudió a Toledo donde castigó con todo rigor a los sublevados, incluidos tres hermanastros bastardos, mutando desde este momento el Justiciero por el Cruel.

Enrique, regresado de Francia, depuso al Rey Pedro y se proclamó rey en el monasterio de las Huelgas. A partir de tal hecho, acaecido en 1366, Pedro el Cruel logra reunir un gran ejército integrado por castellanos adeptos, moros y judíos, dejando de lado la defección del Príncipe Negro, Eduardo de Lancaster, horrorizado por la cruenta conducta de su entonces aliado, el Rey Pedro. Ese acudió con su ejército en búsqueda de su hermanastro, hallándolo bajo las almenas del castillo de Montiel, Ciudad Real. La batalla fue sangrienta, logrando Enrique reducir a la impotencia a las fuerzas  de Pedro, obligándole a refugiarse en el interior de la fortaleza el 14 de marzo de 1369.

Pedro I, desesperado, intentó un acuerdo negociado pretendiendo rendirse a Bertrand Du Guesclin, condestable francés, entonces experto comandante francés del ejército de Enrique. Creyéndole más asequible a sus deseos, Pedro se dejó guiar, ingenuamente, hasta el campamento de Enrique para, sin apercibirse, presentarlo el francés ante su mismísimo hermano, el Rey bastardo. Ambos se enfrascaron en furibunda lucha a muerte, y, Pedro casi logra la de su hermanastro, colocándose encima de él para apuñalarlo. Sin embargo, en ese preciso instante surgía de la boca del condestable una frase que ha pasado a la historia; «Yo no pongo ni quito a rey: solo ayudo a mi señor», al tiempo que provocaba que Pedro cayese a los pies de Enrique. Este, sin miramiento alguno, lo acuchilló repetidas veces hasta provocarle la muerte.

El cuerpo de Pedro el Cruel fue decapitado, su cabeza lanzada a un camino y el resto colocado entre dos tablas y colgado de las murallas del castillo de Montiel, para general conocimiento del coste de rebelarse contra el que ya era Rey de toda Castilla, con el nombre de Enrique II. Enrique de Trastámara recompensó a sus aliados, pero supo también defender los intereses del reino de León y Castilla.

En política interior, inició la reconstrucción del reino; protegió a los judíos y moros, empero haberse rebelado durante la guerra civil; trasformó la administración real, convocando numerosas Cortes. Asimismo incorporó definitivamente al patrimonio real el señorío de Vizcaya tras la muerte de su hermano Tello de Castilla. Falleció el 30 de mayo de 1379, y mientras sus entrañas están sepultadas en la Catedral de Santo Domingo de la Calzada, en la Capilla de los Reyes Nuevos de la Catedral de Toledo, reposan sus restos mortales.

Francisco Gilet

Fuente:

Valdeón Baruque, Julio: Pedro I el Cruel y Enrique de Trastámara: ¿la primera guerra civil española?, Aguilar, 2003.

 

#EspañaEnLaHistoria. Segunda Guerra Civil Castellana

#EspañaEnLaHistoria. Beatriz de la Cueva es nombrada Gobernador de Guatemala

Tal día como hoy, en 1541, el Cabildo Guatemalteco nombró a Beatriz de la Cueva Gobernador y Capitán General de Guatemala. No nos confundan los nombres. La Capitanía de Guatemala llegó a abarcar las actuales Repúblicas de Guatemala, Belice, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, además del estado mexicano de Chiapas y las actuales provincias panameñas de Chiriquí y Bocas del Toro. La sede se encontraba en la actual Antigua Guatemala y basta observar los edificios de la época de gestión española para darse cuenta de la importancia de la ciudad y del cargo.

¿Cómo rayos llegó una mujer a semejante cargo y a mediados del siglo XVI?

Beatriz de la Cueva nació en 1490 en la ciudad de Úbeda​ en el Reino de Jaén. No. No es una errata del autor. El reino de Jaén existía en esta época y era simplemente el nombre de una de las jurisdicciones administrativas de la época.

No se conoce la formación que recibió, pero debió ser muy esmerada y no se limitó a lo que el vulgo cree que era la norma en la España de 1490. Sabía leer y escribir y conocía lo suficiente de leyes para desenvolverse con soltura a la hora de redactar codicilos y proclamas. El caso es que su hermana mayor, Francisca de la Cueva, se había casado con Pedro de Alvarado, uno de los que participaron en la conquista del Imperio Azteca. Francisca falleció nada más desembarcar en América. La mortandad entre españoles era de igual calibre que entre los indígenas. Ambos no estaban preparados para entrar en contacto con patógenos de ambos lados del Atlántico.

Beatriz aprovechó la ocasión y convenció a Pedro que casarse con ella era un buen negocio. Se casaron, organizaron una expedición a Guatemala y una vez allí, Pedro se fue hacia el norte a la conquista de nuevas tierras (no había tenido bastantes aventuras) y Beatriz se quedó en Guatemala.

A Pedro se le acabó la buena suerte y murió luchando en el centro del actual México durante la llamada guerra del Mixton. Entonces ocurrió lo extraordinario. Reunido el Cabildo de Guatemala, se nombró Gobernador y Capitán General a Beatriz de la Cueva. No era un nombramiento desde la cúspide del imperio, era un acuerdo votado legalmente (hoy diríamos democráticamente) entre los vecinos de la ciudad. A pesar de lo poco que sabemos de Beatriz, no cabe duda que era una persona muy capaz como político.

De sus capacidades como gestoras, no sabemos nada. Dos días después de su nombramiento, unas fuertes lluvias provocaron un alud que arrasó la capilla donde Beatriz se había refugiado con su sequito. Parece que no hubo sobrevivientes.

Sirvan estas líneas como homenaje a las mujeres españolas que contribuyeron positivamente a la epopeya de ultramar. No eran en absoluto floreros y sus tareas no tenían más límite que sus capacidades e imaginación.

Manuel de Francisco

Fuentes:

La primera gobernadora de Guatemala

 

 

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Más información
Privacidad