El 31 de enero de 1578 don Juan de Austria vencía a las Provincias Unidas de Guillermo de Orange en la batalla de Gembloux, en una de las últimas victorias del héroe. Don Juan de Austria había llegado a los Países Bajos para sustituir al antiguo gobernador, Luis de Requesens, fallecido en los motines de sus propias tropas debido a los atrasos de meses en sus soldadas. No parecía el mejor destino para el soldado, que por entonces estaba más pendiente de arrebatarle el trono británico a Isabel I mediante el enlace con la reina de Escocia, María Estuardo. Las provincias católicas del sur se habían unido en torno al príncipe de Orange después del terrible saqueo de unos tercios descontrolados a la ciudad de Amberes. A su llegada, don Juan tuvo que firmar el Edicto Perpetuo, en el que era reconocido como gobernador a cambio de retirar sus tropas. Poco más podía hacer el gobernador en aquella tierra traicionera y hostil, tumba de tantos hombres valiosos, a la que llegaba sin hombres ni recursos.

La situación de don Juan, sin ser crítica, era de lo más incómoda. Se hallaba rodea­do de enemigos, sin tropas para hacerles frente ni estrategia política definida. Por fin el monarca autorizó la llegada de refuerzos: unos 6.000 hombres con Alejandro Farnesio al frente. Don Juan se reunió de pronto con sus viejos capitanes y amigos. Trató de dialogar con Orange, pero éste se sentía fuerte y no atendió a razones. De forma que sus tropas se enfrentaron en Gembloux.

Debido a su menor número de hombres, don Juan propuso una batalla abierta confiando en la veteranía y el valor de los suyos. Para los rebeldes fue toda una sorpresa. Creían que el gobernador deambulaba en busca de un refugio seguro y no lo imaginaban presentando batalla, mucho menos en campo abierto. Los cálculos de don Juan fueron correctos. Los holandeses no aguantaron el empuje español en un combate frente a frente. Alejandro Farnesio, futuro gobernador de los Países Bajos, demostró fuerza y valor al lado de su tío. Las crónicas, poco fiables, hablan de 10.000 bajas enemigas y sólo nueve españolas. Fue una victoria rotunda pero no definitiva; la falta de recursos impedía enlazarla con un avance sobre Bruselas.

(Fuente: Almanaque de la Historia de España)

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