Oct 4, 2018 | Actualidad
Para entender Lepanto es importante verlo en un contexto más general, ya que lo habitual es que se nos cuente la Historia como ‘fogonazos’ que mas que aclarar nos genera mayor confusión.
Pero…
¡Empecemos!
¿Cómo se llegó a Lepanto?
¿Quiénes y por qué participaron?
Para responder debemos remontarnos en el pasado y hacer un breve barrido por algunos hechos históricos ‘olvidados’, aunque a todos ustedes les sorprenda debemos volvernos hasta la Reconquista de la Península Ibérica por los reinos cristianos y en especial a la derrota final del Reino Nazarí el 2 de enero de 1492, en ese momento se produce la retirada de gran parte de los moriscos a los reinos del norte de África del actual Marruecos y Argel, aunque en gran número permanecerían integrados dentro de los reinos cristianos.
Si hacemos caso a lo que se nos cuentan en la escuela aquí terminó todo, pero no fue ni mucho menos así, realmente lo que ocurrió es que en lugar de eliminarse de España el conflicto en realidad lo que se ocurrió es que se dividió en dos frentes durante todo el siglo XVI y principios del XVII al formarse dos, uno en el interior de los reinos españoles y otro en sus costas alimentado desde la costa norte africana.
Dentro de la península continuaron los conflictos que a continuación debemos recordar, como fueron la Revuelta de las Alpujarras de 1501, la de los moriscos de Valencia de 1525 y la más importante que amenazó con extenderse tanto al Reino de Castilla como al de Aragón de 1568 comandada por Abén Humeya u Omeya (con el nombre cristiano Fernando de Córdoba y Válor) y Farax Aben Farax (de la tribu de los abencerrajes) que duraría hasta 1570 llegando a concentrar un ejército morisco de más de 20.000 soldados apoyados desde el norte de África por Argel, para sofocar este levantamiento dos de nuestros protagonistas, Felipe II y Don Juan de Austria, debieron poner toda ‘la carne en el asador’. Se dice que este levantamiento marco de forma importante al monarca.
Fuera de nuestra fronteras los conflicto tampoco iban a mejorar, los ataques berberiscos se extendían por las costas de la Corona Española tanto en la Península como en el resto de los reinos de la Corona en Italia pero afectando muy en especial tanto a la costas levantinas de España como a las plazas fuertes del norte de África, plazas que se defendían desde 1509 cuando, probablemente, Fernando El Católico alcanzó la mayor extensión de las posesiones españolas en el Mediterráneo.
Si damos un salto en el tiempo conviene recordar que a pesar de la histórica victoria de Lepanto del 7 de octubre de 1571 la presión de la piratería berberisca no finalizaría hasta el reinado de Carlos III con el Tratado de Aranjuez de 1780 firmado con el sultán Mohammed III de Marruecos y posteriormente con la paz alcanzada, gracias en gran medida al buen trabajo realizado por la continua presión del teniente general Antonio Barceló, con el Dey de Argel en 1785 a cuyo acuerdo de paz, posteriormente, se le uniría Túnez.
Con la paz alcanzada por fin, después de casi 300 años desde aquel lejano 1492, llegó el desarrollo económico y el crecimiento de la población a las costas del levante español.
¡Pero volvamos al siglo XVII!
Aunque el Levantamiento Morisco de las Alpujarras se desarrolló entre 1568 y 1570, su expulsión definitiva no se realizaría hasta el reinado de Felipe III debido a los cada vez más alarmantes rumores de negociaciones para un nuevo levantamiento morisco, en esta ocasión con el apoyo desde el exterior por parte del Rey de Francia.
Como lo que hay que contar todavía es extenso, mañana la segunda parte.
¡Les esperamos!
Vicente Medina
Oct 3, 2018 | Peticiones

Aquí puedes ver las fotos.
La semana que viene ya es el Día de la Hispanidad (el 12 de octubre). Muchos tenemos puente, algunos se van unos días fuera, o los que vivimos en Madrid acudimos al desfile militar…
Pero hay mucho más que celebrar. Por eso te pido que lo celebres conmigo.
¿Cómo? Pues quiero pedirte que pongas dos banderas en tu balcón, ventana, terraza, jardín…
Sí, dos. La bandera de España y la bandera de Venezuela
(y no olvides compartirla con los demás Enraizados en facebook, twitter, instagram o por correo en info@enraizados.org).
¿Por qué estas dos banderas, puedes preguntarte?
Pues la bandera de España porque fue mi patria la que llevó la fe a toda América.
Por eso pido que la bandera española no se ponga solo en España, sino en todos los países donde Enraizados llega, que sabemos que son muchos, para recordar este Día de la Hispanidad.
Y te pido que, si puedes, la mantengas una semana, por ejemplo, desde el día 5 al día 12 de octubre.
Sea en América, en Asia, en África, en Oceanía o en cualquier país de Europa. Me encantaría ver banderas españolas en todo el mundo.
Sea en casa de españoles o de personas de otras muchas nacionalidades que nos siguen.
Y añade a la bandera española la bandera de Venezuela.
Porque sabes que es un país que lo está pasando muy mal. Recientemente hemos enviado 4.000 euros directamente a unos sacerdotes amigos venezolanos para que cubran necesidades básicas de sus fieles.
Sé que hay otros países que lo están pasando mal, pero quiero recordar especialmente a Venezuela.
Pon ambas banderas (Venezuela y España) en tu balcón y compártelo con todos los Enraizados del mundo:
- Por correo en info@enraizados.org (y nosotros la difundiremos en nuestras redes sociales y en la web)
- En redes sociales. Recuerda etiquetarnos:
- En facebook: @asociacionenraizados
- En twitter: @asocenraizados
- En Instagram: @enraizados1
NOMBRE, yo me siento muy orgulloso de que mi patria llevara lo más preciado que tengo, la fe, a Hispanoamérica…
Que la lengua española se haya expandido por medio mundo (incluso es la segunda más hablada en Estados Unidos, también descubierto por españoles, no lo olvidemos)…
Que intrépidos hombres y mujeres dejaran toda su seguridad para marchar a un futuro incierto…
Y que la Reina Isabel la Católica, la más grande gobernante que hemos tenido, fuera la primera en otorgar derechos a los indios (y a partir de ahí América y España se unieran para siempre; como prueba de ello, la gran cantidad de personas mestizas que aún a día de hoy hay).
Quiero desterrar leyendas negras. Quiero que se recuerde a España por su gran historia (sabes que en Enraizados lo hacemos a menudo con la sección “España en la Historia”).
Y quiero que España siga apoyando a los países hispanoamericanos (y este 12 de octubre especialmente a Venezuela).
Una sola fe. Una sola lengua. Una sola familia: España e Hispanoamérica.
Si tú también quieres celebrar la Hispanidad, NOMBRE, pon tus banderas de España y Venezuela en tu balcón y compártelo con todos los Enraizados del mundo enviándonos una foto por correo a info@enraizados.org o por redes sociales (facebook, twitter o instagram).
Seguro que puedes conseguir fácilmente ambas banderas.
Muchísimas gracias por tu apoyo. Recibe un fuerte abrazo,
José Castro Velarde, Enraizados
P.D.: No quiero despedirme de ti sin contarte que ya nos han llegado el segundo libro de la colección que “Gestas de España” está haciendo sobre personajes de la historia de España para niños. Esta vez trata sobre Agustina de Aragón. Puedes conseguirlo desde España por 8 euros (y por un euro más, te enviamos también un marcapáginas y una chapa) haciendo una transferencia en la cuenta de ING ES11 1465 0100 9119 0000 1688 o por paypal y mandándonos tu dirección postal a info@enraizados.org (también se puede enviar a otros países pagando los gastos de envío correspondientes).
Una buena forma de celebrar la Hispanidad es también recordando a nuestros héroes y, sobre todo, enseñándoselos a las nuevas generaciones.
Oct 3, 2018 | Actualidad
Buscando curiosidades sobre las que leer, y escribir, relativas a la más que amplísima Historia de España, me encontré con un periodo de nuestra Historia del que poco se habla o cuando se habla se hace muy por encima como ‘algo’ poco destacable, pero…
¿Poco destacable ganar un imperio?
¿Poco destacable crear la base del dominio naval en el Atlántico?
Me estoy refiriendo a la Guerra de Sucesión portuguesa, en la que nuestro rey Felipe II hizo prevalecer sus derechos al trono de Portugal proclamándose como Felipe I de Portugal y unificando los dos mayores imperios occidentales del siglo XVI.
Rebuscando es ‘relativamente fácil’ encontrar información sobre la empresa por las Islas Terceiras y más concretamente por la batalla por la Isla de San Miguel de 1582.
¿Pero solo ocurrió esa batalla?
¿Todo se resolvió con un enfrentamiento naval?
La Guerra de Sucesión se desarrolló desde 1580 hasta 1583, evidentemente la importancia de las operaciones navales fueron claves pero…
¿Fueron solo operaciones navales?
¡Ni mucho menos!
Todo se iniciaría con la jornada de Portugal diseñada por Felipe II en la que puso sobre el tablero de juego lo mejor de todo lo que disponía. El diseño fue desde un inicio una combinación de fuerzas tanto navales como terrestres, de la combinación de fuerzas y armas va la mayor parte del artículo.
Por la parte terrestre puso al mejor de sus generales: al Gran Duque de Alba, Don Fernando Álvarez de Toledo, capitán general de las operaciones tanto navales como terrestres. Y con el Duque lo ‘mejorcito’ de los Tercios.
“…E yva el tercio de Nápoles, y en él por maestre de Campo, don Pero Gonçález de Mendoça de la Cruz, grande hijo del Marqués de Mondéjar; y el tercio de Lombardía, y por maestre de campo don Pedro de Sotomayor; y el tercio de ytalianos, y por general d’él don Pedro de Médicis, hermano del Duque de Florencia; y en este tercio havía tres Coroneles, cada uno d’ellos por su tercia parte, en la una d’ellas Vicencio Garrafa, Prior de Ungría de la Cruz grande, y del otro Próspero Colona, y del otro Carlos Pinelo, en el qual yvan muchos ventureros. También yva el tercio de los alemanes tudescos, y por Coronel el Conde Gerónymo Ladrón, y siete tercios de bisoños, y en ellos por maestres de Campo don Gabriel Niño, don Martín Dargote, don Luys Henrríquez, Pedro de Ayala, Antonio Moreno, don Diego de Córdova, don Rodrigo Çapata…”
[DE ESCOBAR, Antonio – CAPÍTULO I]
Pero por ‘la Mar’ tampoco dejó la cosa huérfana, también por esta parte el rey Felipe II jugó a la carta más alta poniendo sobre el tapete al mejor de sus almirantes como general de toda la armada: al Marqués de Santa Cruz, Don Álvaro de Bazán. héroe de Lepanto y de tantos otros combates. Tampoco al Marqués se le envió manco al combate.
“…Traýa el Marqués de Santa Cruz en el armada sesenta y quatro galeras reales y veynte y una nao de alto borde, sesenta y tres chalupas, nueve fragatas para descubrir. Venía por Vehedor general en esta armada Luys de Barrientos; yva por general de veynte galeras del reyno de Nápoles don Juan de Cardona, y por general de diez galeras de Sicilia don Alonso de Leyua, y treynta y quatro de España por el Marqués de Santa Cruz, y él mismo por general de toda el armada, y en ella Andrés Dalba por proveedor general; venía por general de las naos y chalupas don Rodrigo de Benavides, cuñado del marqués de Santa Cruz…”
[DE ESCOBAR, Antonio – CAPÍTULO I]
En el conjunto de toda la Guerra de Sucesión hay dos hechos de armas claves para el éxito de toda la contienda, aunque ni mucho menos fueron los únicos que acontecieron:
- La Batalla de la Isla de San Miguel por conseguir las Islas Terceiras, victoria que le dio a España el control del tráfico marítimo atlántico durante casi tres siglos, pudiendo convertirse en un imperio a nivel mundial.
- La Batalla de Alcántara a las puertas de Lisboa, que incorporó un nuevo reino a los Reyes de España, cumpliéndose el sueño de los Reyes Católicos de unificación de todos los reinos ibéricos bajo una misma corona.
Las principales operaciones ‘terrestres’ se desarrollaron en poco más de dos meses de ‘guerra relámpago’. En este momento podemos recordar que la Alemania Nazi se hizo con Polonia con unos medios y tecnologías infinitamente superiores en poco más de un mes dando inicio a la Segunda Guerra Mundial, ejecutando con precisión y disciplina la táctica desarrollada por el Duque desde la entrada de su Majestad por la raya entre Portugal y Castilla frente a Badajoz el 13 de junio de 1580.
“…Estando las cosas de la guerra en este punto, fue su Magestad a la ciudad de Badajoz, que está una legua de la raya que divide a Portugal con Castilla, donde llevó consigo a la Reyna doña Ana señora nuestra, su muger, hija del Emperador Maximiliano, Rey de Bohemia, y de la Emperatriz doña María, su hermana, y al Príncipe don Diego, su universal heredero, y a las Infantas sus hijas doña Isabel Eugenia de Austria y doña Catalina, hijas de la Reyna doña Isabel, que fue hija del Rey Henrrique de Francia, y al Cardenal don Alberto, hijo del Emperador Maximiliano. Y a los treze de junio de aquel año tenía su Magestad plantado su real a la vista de Hielbes, primera ciudad del reyno de Portugal, en la deesa de Cantillana, ribera del río Gébora. Este día vinieron su Magestad y la Reyna, Príncipe e Infantas desde Badajoz al Real, que una legua de allí estava, con toda su Corte para ver entrar el exército, y puestos en una enrramada començó por buena orden de mañana a entrar en el campo la gente de guerra que se avía juntado por delante de sus Magestades…”
[DE ESCOBAR, Antonio – CAPÍTULO II]
Aquí hacemos la primera parada, pero solo hemos empezado en una semana la segunda de las entregas con la Batalla de Alcántara por Lisboa, pero ahí no pararemos ya que todavía quedarán mas aventuras heroicas por conocer.
Vicente Medina
BIBLIOGRAFÍA
Relación de la felicíssima jornada… que hizo… don Felippe… en la conquista de Portugal, ed. de Amparo Alpañés Anexos de la Revista Lemir (2004) ISSN 1579-735X
- HistoCast 150 – Álvaro de Bazán y las Islas Terceiras
- GÓMEZ BELTRÁN, Antonio Luis
Islas Terceiras. Batalla Naval de San Miguel, ediciones Salamina
Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
Sep 27, 2018 | Actualidad
Un calor sofocante. Los hombres agotados. La angustia les sobrecogía el ánimo. Días de caminar bajo cataratas de lluvia y noches mal durmiendo, llenas de ecos quejumbrosos. De repente los indígenas que servían como guías, se detuvieron y señalaron una cumbre que dominaba el valle, intercambiando frases entre ellos. “¿Que dicen?”, preguntó Vasco. “Afirman que desde la cima de esta montaña se ve el gran mar», contestó el interprete. Los soldados se miraron entre ellos. “No. Ahí no nos hará subir con este calor”, pensaron. Pero Vasco no había llegado hasta este punto para quedarse descansando a la sombra y no envió a un explorador, sino que él solo emprendió la áspera subida. Era mediodía del 25 de septiembre de 1513 cuando sus ojos vieron una gran extensión de agua que se perdía en el horizonte. Con su sombrero emplumado, hizo señales a sus compañeros, que esta vez olvidaron todas las fatigas y se apresuraron a subir.
Era la primera vez que unos europeos veían las aguas del Océano Pacifico, cuya presencia se conocía por referencias de los indígenas de Panamá, pero que todavía no había sido demostrada. Los cosmógrafos de la época sabían perfectamente las dimensiones del globo terráqueo y por lo tanto conocían que entre las costas del Golfo de Méjico en el Atlántico y la China había alrededor de 15.000 kilómetros. Lo que nadie sabía era si esta distancia estaba cubierta por tierras o por mares. El descubrimiento del joven Vasco, solo tenía 28 años, permitió fijar los límites del continente americano y, posteriormente, organizar nuevas expediciones de exploración y conquista.
Solo para dar algunos ejemplos, Pizarro partió de un puerto en el Océano Pacifico en su conquista del Perú en 1524 y Magallanes salió de La Coruña en 1519 hacia el sur del continente para encontrar un paso que le permitiera llegar a Asia sin pasar por territorios dominados por los portugueses.
El Océano descubierto por Vasco Núñez fue durante más de 200 años de dominio casi absoluto del Imperio Español. Los ingleses lo llegaron a denominar “El lago español”, no porque domináramos todas las tierras que lo circundan, sino porque éramos los únicos que tenían los conocimientos técnicos para realizar el viaje de América hacia Asia, que es relativamente fácil debido a la dirección del viento dominante y después el de vuelta, que es sumamente difícil.
Y es aquí donde queremos hacer hincapié. El Imperio Español dominaba estos mares, no por la utilización de la fuerza, sino por la posesión y utilización de medios científicos y tecnológicos que les permitieron construir naves capaces de oceánicas singladuras, adaptar instrumentos a ambientes muy distintos a los originales y formar a individuos en grado de utilizar todos estos recursos para el bien de la comunidad a la que pertenecían.
Manuel de Francisco
Fuentes:
Núñez de Balboa, el extremeño que descubrió la inmensidad del Pacífico
Compendio de historia de Panamá
Sep 24, 2018 | Actualidad
El 12 de diciembre de 1474, solamente tres meses después de la muerte del marqués de Villena, fallecía en Madrid el hermanastro de la Reina Isabel, Enrique IV. Desmadejado por su mala vida y su dejadez física y moral, ni tan siquiera fue amortajado por sus nobles más allegados sino que, con su ropaje cuasi mugriento, fue tan secretamente enterrado hasta que en 1946 un obrero descubrió su ataúd y el doctor Marañón pudo certificar que Enrique IV no era sino un hombre aquejado de una timidez enfermiza, en especial con las mujeres.
Según parece el rey falleció sin haber otorgado testamento y, por tal causa, no reconocido como su hija Juana, la sucesora legítima no podía ser otra que su hermanastra Isabel. Esta, aconsejada por sus nobles próximos, al día siguiente se proclamó Reina de Castilla en Segovia, firmándose a los pocos días el documento que guió todo el reinado de Isabel y Fernando, ejemplo de dignidad real y de visión de Estado, denominado «La concordia de Segovia».
Sin embargo, una vez más los nobles castellanos, con su ambición, se revolvieron contra tal nombramiento y, de nuevo, el marqués de Villena, hijo, con la asistencia en este caso del obispo Carrillo, lograron la compañía de Alfonso de Portugal al objeto de entronizar a Juana, la «hija de la Reina» en el trono de Castilla. Alfonso, tío de Juana, no fue, ciertamente, un hombre valeroso sino más bien un ambicioso que deseaba engrandecer su reino con la ayuda de los nobles castellanos y el apoyo de las tropas del Rey Luis XI de Francia. Sin embargo, el francés tenía otros problemas, aparte de ser derrotado en Fuenterrabía por Fernando que se aseguró la pacificación y posesión de Navarra.
La expedición portuguesa hizo algunos progresos alcanzando Plasencia, en donde se desposaron tío y sobrina, proclamándose Alfonso y Juana Reyes de Castilla. Internándose el Rey Alfonso en tierras castellanas no encontró el apoyo que suponía, si bien se apoderó de Toro, Zamora y algunas poblaciones cercanas al Duero. La falta de combatividad de Alfonso resultaba patente, aguardando la asistencia de los franceses que nunca llegó. En su espera en Arévalo, enterado de la proximidad del conde de Benavente, el rey portugués le atacó e hizo prisionero, sin embargo no progresó en su avance hacia Burgos, sino que se refugió en Zamora. Las tropas de Isabel conquistaron Trujillo y con ello gran parte de las posesiones del marqués de Villena. Alfonso retiró su ejército en Toro, ante la rebelión sufrida en Zamora, conquistada a continuación por el Rey Fernando. En un constante toma y daca, Alfonso intentó asediar a Fernando encerrándole en Zamora, sin embargo, el frío y las condiciones de intendencia de las tropas portuguesas le obligaron a regresar al abrigo de Toro. Perseguido por Fernando, a escasos kilómetros de la población, se produjo la batalla que, sin un claro vencedor, sí produjo el desaliento de Alfonso y el resquebrajamiento de la moral de la soldadesca portuguesa, que regresó a su tierra.
En el trascurso de 1476 los principales nobles que aun apoyaban a Juana, en particular los del linaje Pacheco-Girón, Juan Téllez Girón y su hermano Rodrigo, Luis de Portocarrero y el marqués de Villena, se fueron sometiendo a la Reina Isabel, la cual junto con su esposo Fernando consiguieron el reconocimiento de Francia como Reyes de Castilla y Aragón.
A principios de dicho año, tropas portuguesas comandadas por el obispo de Évora penetraron en Extremadura, promoviendo el alzamiento de algunos nobles extremeños, entre ellos la condesa de Medellín partidaria de Alfonso. Sin embargo, aquella aventura tuvo su final cerca de Mérida, en donde las tropas portuguesas sufrieron un gran revés, que les obligó a retirarse de nuevo a Portugal. Aquella lucha en favor de Juana también se aproximaba a su final. En la villa portuguesa de Alcáçovas se reunieron los representantes de ambos reinos y fijaron un Tratado que tomó el nombre de dicha población. Sin perjuicio de fijar la paz entre ambos bandos y de renuncias reciprocas a tronos portugués y castellano, puede considerarse un anticipo del de Tordesillas, si bien, en las llamadas «Tercerías de Moura», también afectó a Juana, la Beltraneja, la cual eligió el convento en lugar de esperar a casarse con el príncipe de Asturias, Juan de Castilla, si este lo decidía al alcanzar los catorce años. El convento, sin embargo, no fue su destino final sino el Castillo de San Jorge en la capital lisboeta. Allí falleció en 1530, no sin antes dejar en testamento sus derechos sucesorios a favor del rey Juan III de Portugal. Sus restos se hallan desaparecidos como consecuencia del terremoto que asoló Lisboa de 1755.
Con dichos documentos, ratificados en Lisboa y en Toledo, finalizó una guerra civil entre castellanos, convertida en una guerra internacional entre los Reyes de Castilla y Aragón y el Rey de Portugal, Alfonso V, y su hijo Juan, con la presencia activa e intermitente del Rey de Francia Luis XI.
Francisco Gilet
Fuentes:
“Isabel La Católica”, Tarsicio de Azcona.
“Isabel, la Católica”, Manuel Fernández Alvarez.