Jun 14, 2018 | Actualidad
Luisa Ignacia Roldán Villavicencio, conocida como La Roldana, nació en Sevilla en 1652, quinta hija de Pedro Roldán, maestro escultor e imaginero. En 1671 se casó con uno de los oficiales del taller a pesar de la fuerte oposición de su padre, de cuyo matrimonio nacieron siete hijos, fallecidos cuatro a tierna edad.
Ocupó un lugar importante en su obra, la realización de «Belenes» o «Natividades», en los que solía representar al grupo de la Sagrada Familia, rodeados por ángeles. En algunos incluía la presencia de algún animal propio de los nacimientos, como corderos, la mula y el buey. En estas escenas se aprecia ya una tendencia al rococó. Entre sus obras más destacadas podemos encontrar imágenes de altar o de pasos procesionales en madera, en donde escenifica imágenes de la vida de la Virgen. Su obra está formada principalmente por esculturas de imaginería, junto con terracotas de pequeño formato realizadas sobre todo durante su estancia en Madrid y para la pequeña burguesía.
Época sevillana
En ese tiempo se acostumbraban encargos de «Dolorosas» para procesionar en la Semana Santa, no siendo extraño que Luisa Roldán realizara alguna, aunque no hay ningún documento que lo acredite. Sin embargo, una de la más cercanas a su estilo es la Virgen de la Regla, que pertenece a la Hermandad del Prendimiento, popularmente conocida como de «Los Panaderos». Otra obra atribuida por algunos autores a La Roldana, es la imagen de la Virgen de la Macarena, entre ellos el profesor Hernández Díaz, quien comenta el parecido con La Dolorosa de Sisante, obra de atribución segura a La Roldana.
Época gaditana
Ya instalada en Cádiz, con fecha 10 de marzo de 1687 recibió encargo de los diputados municipales de las fiestas de los Patronos de Cádiz, para la realización de las esculturas de San Servando y San Germán, en la actualidad veneradas en la catedral nueva de Cádiz. En la escultura de San Servando se encontró un documento en el cual se leía: «Diseñado por Pedro Roldán, hecho por Luisa Roldán y dorado y estofado por Luis Antonio de los Arcos».
Durante su estancia en Cádiz, realizó otras esculturas para la ciudad así como para poblaciones próximas, entre ellas está autentificada la imagen de Nuestra Señora de la Soledad de Puerto Real. En un documento de 3 de julio de 1688 consta la donación de dicha escultura, por parte del matrimonio De los Arcos-Roldán, al convento de los Padres Mínimos, solicitando la celebración de una misa cantada todos los viernes de dolores de la Virgen, por las almas del matrimonio y sus descendientes. El 23 de abril de 2016, y con motivo del LXXV Aniversario de la Reorganización de la Hermandad titular, el Excmo. Ayuntamiento de Puerto Real, le dedicó una Plaza con el nombre de «Imaginera Luisa Roldán».
En la Corte
A principios de 1689, con Carlos II, el matrimonio junto con dos hijos decidió trasladarse a Madrid, en busca del reconocimiento oficial y una mejor situación económica. De estos primeros tiempos en Madrid es la obra El descanso en la huida a Egipto, con temas iconográficos tomados de un dibujo de Miguel Ángel y de una obra del Veronés. Otro grupo en la misma línea que el anterior, es el de Los Desposorios místicos de Santa Catalina, obra firmada por la autora y que se encuentra en la Hispanic Society of America en Nueva York, en donde también se conserva la Muerte de la Magdalena.
Con la realización de estos pequeños grupos escultóricos, la familia sobrevivía mientras esperaba que el rey la nombrase escultora de cámara. Este nombramiento llegó con fecha 15 de octubre de 1692, lo que representó su prestigio oficial, pero no la mejora económica; los trabajos que efectuaba estaban mal pagados e incluso tenía dificultades para cobrar, pues en aquella época, la situación general del reino era mala por la deficiente administración y la corrupción.
Aunque se le asignó un salario de cien ducados anuales, el pago real no lo recibía, por lo que tuvo que hacer varias peticiones para conseguir mantener a su familia. Las peticiones fueron primero al propio rey, al que en el año 1693 le solicitó la concesión de una habitación en las casas del Tesoro, ya que ni siquiera con su «plaza de escultora pobre no tenía donde vivir ni ella ni sus hijos». Pasaron luego a ser dirigidas a la reina Mariana de Neoburgo, como la del año 1697 en la que recordaba que llevaba seis años a su servicio y pedía que le dieran «vestuario o una ayuda de costa o lo que fuese de su mayor agrado»; en otra carta del mismo año añadía: «por estar pobre y tener dos hijos, lo paso con grandes estrecheces pues muchos días falta para lo preciso para el sustento de cada día».
A partir de su nombramiento real, la escultora firmaba la mayoría de sus obras añadiendo «Escultora de Cámara», así se puede ver en una de las más conocidas: el Arcángel San Miguel con el diablo a sus pies, obra encargada por el rey con destino a la decoración del monasterio de El Escorial. Según se cuenta, Luisa se autorretrató en la cara de San Miguel y puso el rostro de su marido al demonio, representando el Bien y el Mal respectivamente.
Según una partida de fallecimiento de fecha 10 de enero de 1706, hallada en la iglesia parroquial de San Andrés, en Madrid, fallecía La Roldana. En tal partida se puede leer que unos días antes había hecho «declaración de pobreza». En la actualidad su obra se distribuye tanto por Andalucía, como por Madrid, León, Móstoles, Cuenca, Gran Canaria, e incluso Nueva York, Londres, Ontario y Los Ángeles.
Francisco Gilet.
Fuentes:
• Gilman Proske, Beatrice (1964). Luisa Roldán en Madrid. Nueva York. b45803730.
• Hall van den Elsen, Catherine (2007). Roldana, Andalucía Barroca. Sevilla: Junta de Andalucía. Consejería de Cultura. ISBN 978-84-8266-717-1.
• Hernández Díaz, José (1989). Esperanza Macarena en el XXV Aniversario de su Coronación Canónica: Las imágenes titulares de la Cofradía de la Macarena. Iconografía y Arte. Sevilla: Guadalquivir. ISBN 84-86080-22-3.
• Hernández Díaz, José (1983). Pedro Duque Cornejo: Arte Hispalense nº 33. Sevilla: Diputación Provincial de Sevilla. ISBN 84-500-9122-5.
• Montesinos Montesinos, Carmen (1986). Arte Hispalense nº 42: El escultor sevillano D. Cristóbal Ramos (1725-1799). Sevilla: Diputación Provincial de Sevilla. ISBN 84-505-3307-4.
• Montoto de Sedas, Santiago (1920). El casamiento de La Roldana. Sevilla: Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras:tomo IV. pp. 144-148
Jun 11, 2018 | Actualidad
El 11 de junio de 1594, Felipe II firmó una nueva ley, declarando que todos los honores y privilegios prehispánicos de los gobernantes filipinos fueran conservados y protegidos por las nuevas autoridades españolas. Una consecuencia de esta ley fue que las elites locales tuvieran un inmediato acceso al sistema educativo español y contribuyó por un lado a la preservación de las tradiciones prehispánicas y por otro a la consolidación y mejora de las condiciones locales de vida, al incrementarse el nivel educativo de las elites locales.
La organización tuvo un éxito total y se mantuvo durante toda la dominación española. Los descendientes de las antiguas noblezas filipinas, educadas en las universidades locales, en fechas tan tempranas como 1611 fueron los alcaldes y gobernadores que todavía ejercían su poder al final del siglo XIX.
Este tipo de organización no fue una excepción dentro del imperio español. De hecho, el decreto de Felipe II se incluyó posteriormente en la “Recopilación de las Leyes de los Reynos de Indias” formulada en 1680, durante el reinado de Carlos II.
Como hemos dicho anteriormente, todo el sistema se fundamentó en la extensión de la educación. Como prueba basta con decir que la Universidad de Santo Tomás (Orden de los Dominicos), situada en Manila, fue fundada el 28 de abril de 1611 por el arzobispo español Miguel de Benavides. Posee los estatutos de fundación más antiguos de toda las Filipinas. Es la universidad más antigua de Asia.
Tal vez el único imperio que creó una organización similar fue el británico en la península indostánica (India, Pakistan y Bangladés) en el siglo XIX, aunque fue muy posterior. Como de costumbre los españoles, fuimos los primeros.
Manuel de Francisco
Fuentes:
Principalía
Artículo del CSIC
Jun 6, 2018 | Actualidad
Mucho conocemos de la presencia de España en América, algo en África (esta parte sería otra bonita historia a recordar) y casi nada en Asia.
Como mucho, vagamente, se recuerda nuestra presencia en Filipinas, pero entre poco y nada la importancia que tuvo para la economía, la cultura y el desarrollo geográfico.
Si nos centramos en los aspectos geográficos cuando alguien pregunta sobre el Pacífico, China, Japón, Islas Hawái… lo normal es pensar en los exploradores británicos o norteamericanos pero pocos sabríamos relacionar aquellas lejanas tierras con los españoles.
La presencia de España en esas lejanas tierras es otro de esos capítulos de nuestra Historia olvidados en los libros escolares españoles, en donde se recuerdan famosos nombres de extranjeros sin recordar que estos lo que hicieron fue recorrer tierras por donde nuestros héroes españoles antes ya habían caminado y navegado.
Eso si hablamos de geografía, pero y ¿si hablamos de cultura?. Menos todavía. Por desgracia la lengua española prácticamente ha desparecido de aquellas tierras sustituido por el inglés, como mucho se pensará en Filipinas, pero ni mucho menos en los contactos de los españoles con la ‘Conchinchina’, el Imperio Chino o Japón.
A nivel económico y comercial, a lo sumo se recordarán ‘los mantones de Manila’, pero ni mucho menos se pensará que los comerciantes llevaron las monedas españolas hasta la India o que eran continuos los envíos de plata desde América a Filipinas, que servirían de motor en la adquisición de los productos asiáticos que, saltando en primer lugar a América, finalmente terminaban en España atravesando el Virreinato de Nueva España, transportando tanto la porcelana como la seda de China pero también prendas de la India o lacas de Japón.
Y ¿si pensamos en la demografía? No solo se desplazaron españoles hasta dichas tierras trasportando tecnología, cultura y religión. Se habla de jesuitas, dominicos y agustinos destacando el aspecto religioso. Pero no eran solo religiosos, eran personas altamente preparadas que extendieron la tecnología y cultura europea hasta dichas tierras, pero… ¿desde Asia nadie se desplazó hacia América y Europa?
La respuesta es que sí, claro que se produjeron desplazamientos de poblaciones entre unos y otros continentes. Hacia Asia viajaron europeos y también nativos americanos, pero también en sentido contrario desde China se desplazó población a Filipinas ¡Hay que recordar que la colonia china en Filipinas eran los fabricantes de los famosos mantones creados con la seda traída de China! Seda que se pagaba con la plata trasportada con el regreso de ‘El Galeón de Manila’, que cuando se dirigía a Nueva España no solo transportaba productos sino también población.
Cuando se piensa en ‘los chinos en América’ todo el mundo recuerda las películas americanas con población china construyendo los ferrocarriles que serían claves para la vertebración y construcción de Estados Unidos, pero pocos saben que los primeros chinos en América viajaron en el Galeón de Manila hasta Nueva España fundando comercios que se extendieron por un nuevo mundo plagado de oportunidades.
Pero como es lógico tampoco tienen porque ‘darme la razón’ en todo lo que les cuento. Por ello, como en ocasiones anteriores, les pongo en contacto directamente con las fuentes para que ustedes mismos lean, escuchen y valoren.
En este caso les propongo este enlace de la Fundación Museo Naval y una nota escrita por uno de los voluntarios de la misma fundación.
Bueno, para ir terminando, y como dedicación especial para todos aquellos que tengan más interés en los detalles y quieran conjugarlo con otras ocupaciones, se pueden descargar el siguiente audio de nuestros ya amigos de Memorias de un tambor.
Si les gustan las curiosidades, pueden acceder a la web ‘Un rincón en la historia’ donde podrán leer una aventura de españoles entre japoneses y los planes de Felipe II… ¡por invadir China desde Filipinas!
Me despido pensando en pronto publicar una nueva entrega, aunque por ahora la que estoy pensando será algo más triste pero increíblemente heroica.
¡Hasta la siguiente!
Vicente Medina
Jun 5, 2018 | Actualidad
Estamos a 5 de junio y un coronel español acompaña a un almirante francés en la firma del tratado de paz con el Rey de Annam. Con esta firma se da por finalizado, no del todo pero sí oficialmente, la guerra que durante los últimos cuatro años nos ha tenido enfrentados a la coalición formada por Francia y España contra este reino de Indochina.
Los españoles, como siempre, han luchado valerosamente en un ambiente climático más que adverso con unos medios que podemos denominar como ‘algo por debajo de los necesarios para la empresa encomendada’. España, otra vez, se ve involucrada en una guerra que no le conviene ni económica, ni política, ni militarmente, pero… Francia volvió a reclamar nuestro apoyo y en contra de la razón y el sentido común allí nos fuimos.
En esta ocasión había motivos que así lo aconsejaban y contra los que era difícil oponerse, los enfrentamientos religiosos son continuos los asesinatos de cristianos se multiplican por todo el reino y la gota que ha terminado de ‘colmar el vaso’ ha sido la muerte del obispo español José María Díaz Sanjurjo.
Con estos motivos es evidente que no nos encontramos en el actual 2018. Si España se lanzara en la actualidad a guerrear con todos los países donde se asesina a un cristiano no tendríamos soldados suficientes ni con los actuales ni aunque ‘regresaran para ayudarnos’ todos nuestros héroes muertos desde Don Pelayo hasta la actualidad.
Pero… ¡eran otros tiempos!
Nos encontramos firmando un tratado de paz en 1862 por una guerra que se inició en 1858 como una ‘supuesta’ operación de castigo contra el reino de Annam por el asesinato de San José María Díaz Sanjurjo, en aquel momento obispo de Platea cuando fue secuestrado, torturado y finalmente asesinado, motivos por los que fue canonizado el 19 de junio de 1988 por el papa Juan Pablo II junto con los otros 117 mártires de Vietnam.
De todo este conflicto la gran beneficiada fue Francia, que gracias a esta expedición conjunta con España dio el primer paso para extenderse por Indochina en los siguientes años, presencia que no terminaría hasta la Segunda Guerra Mundial con la invasión de Francia por Alemania y de Indochina por Japón.
España consiguió lo que inicialmente iba buscando, como era asegurar la libertad religiosa en la región, la apertura de los puertos para el comercio, la autorización de presencia diplomática y la indemnización pactada por la compensación por los daños causados a los intereses españoles.
Renunció a cualquier tipo de reivindicación de territorio aunque, según parece, Francia llegó a ofrecérselo… ¿un error?
Hay que pensar que estamos en el siglo XIX, en el que desde la entrada de las tropas napoleónicas en España todo lo construido durante siglos se vino abajo de forma totalmente desorganizada. Si la evolución de la guerra en Europa se hubiese desarrollado de otra manera, es de suponer que todo lo acontecido durante ese siglo se habría producido de otra forma mejor gestionada y menos violenta.
Pero con la situación interna con continuos conflictos en la Península, llevar a cabo nuevas aventuras de conquista resultaban totalmente sin sentido, España seguía manteniendo un amplio territorio pero ya no los medios económicos y militares con los que poder mantenerlos.
Como en anteriores ocasiones les pongo a su disposición este enlace con mayor detalle sobre lo comentado. En esta ocasión directamente les ofrezco las propias letras de nuestro héroe presente en la firma del tratado de paz de 1862: el Coronel Carlos Palanca Gutiérrez, que durante todos los años del conflicto estuvo al frente del reducido grupo de españoles protagonista de estas hazañas.
También es imprescindible destacar un importante detalle: se habla de españoles porque como tales lucharon y así eran considerados. Pero la realidad es que la mayoría eran españoles de origen tagalo procedentes de Filipinas, que como camaradas españoles se les trató por parte de las tropas francesas con las que compartieron alegrías y tristezas durante todos los años del conflicto.
¡Bueno, no me enrollo más!
Como me he vuelto un ‘súper-aficionado’ a los podcasts (para los de las ciudades nos vienen bien para cubrir los tiempos de transporte público si nos los descargamos al móvil) les dejo un nuevo audio de ‘Memorias de un tambor’. Además, si quieren saber el motivo del título tendrán que escuchar al menos la primera media hora del audio.
Pero para aquellos que prefieren leer, les puedo asegurar que en internet hay mucho contenido al respecto. Pero por mi parte he seleccionado el siguiente enlace de ‘momentosespañoles.es’, ya que no solo tiene un contenido muy claro sino también imágenes que ayudan a comprender mejor el contenido.
¡Hasta la próxima!
Vicente Medina
Jun 3, 2018 | Actualidad

La historia de España está llena de grandes desconocidos. Y entre tales ignorados personajes se halla Bernardo de Gálvez y Madrid, primer conde de Gálvez y vizconde de Galveston, nacido en Macharaviaya, provincia de Málaga, el 23 de julio de 1746. Emprendió la carrera militar con dieciséis años. Ingresó con facilidad como cadete de un regimiento debido a la condición hidalga de la familia y a la influencia de su tío José Gálvez y Gallardo, Ministro de Indias. Lo hizo, sin embargo, en un regimiento francés y no español, obteniendo de inmediato el nombramiento de teniente del Regimiento Royal Cantabre. Habiendo participado como tal en la guerra de los siete años con Portugal, finalizada, partió hacia el que sería su destacado territorio de éxitos militares, la Nueva España.
Obtenido el grado de comandante de Armas de Nueva Vizcaya y Sonora, provincias del norte de Nueva España, actualmente Nuevo Méjico, el 21 de octubre de 1770, cruzó el río Grande, para llegar el 1 de noviembre a Pecos para hacer frente a las correrías de los indios apaches. Enfrentado a ellos en distintas refriegas, resultó herido en un brazo por una flecha en una ocasión y, otra, derribado del caballo, se causó una herida de la cual se resintió el resto de su vida.
El mismo año en que tomó posesión del cargo, comenzó a reforzar las defensas del territorio, tanto en tierra como en el mar y en el Misisipi. En junio de 1779 España declaró la guerra a Inglaterra, recibiendo Bernando de Gálvez la encomienda de recuperar Mobila, Panzacola y la costa de Florida del canal de Bahama. Con apenas seiscientos sesenta y siete hombres, blancos, negros y mulatos, marchó contra el débil puesto avanzado británico en Manchac, al este del Misisipi y al suroeste de Baton Rouge. El objetivo era obtener una victoria fácil para sus bisoñas tropas y avanzar hacia Baton Rouge para desbaratar la concentración de fuerzas británicas contra la Luisiana. Tras una lenta y dura marcha por terreno pantanoso y palúdico, alcanzó Manchac por sorpresa el día 6 de septiembre y tomó la posición enemiga al día siguiente. Marchó seguidamente contra Baton Rouge, con fuerzas bastante equilibradas, que bombardeó hasta que capituló, el 22 de septiembre. En conjunto, el ya gobernador se apoderó de esta región, desbarató a las fuerzas británicas que podían haberse dirigido contra Luisiana, mejoró la situación de los estadounidenses en Georgia y Carolina del Sur y abrió la navegación del río a las fuerzas rebeldes.
Tras recibir refuerzos de Cuba, acabó tomando la población de Panzacola, actualmente Pensacola, el 8 de mayo. Como consecuencia de la nueva victoria, los notables solicitaron que se nombrase conde a Gálvez. Rendida Panzacola, Gálvez se apoderó de la isla Nueva Providencia en las Bahamas, con lo cual frustró el desesperado plan británico de resistencia, manteniendo con ello el dominio español sobre el Caribe al tiempo que activaba el triunfo de las armas norteamericanas.
Por la recuperación de la Florida Occidental fue recompensado con los grados de mariscal de campo y teniente general, así como gobernador del territorio conquistado. El rey Carlos III le concedió el título de conde de Gálvez, y le permitió incluir en sus armas el lema: Yo solo, en reconocimiento por la toma de Pensacola. Su intervención se consideró tan decisiva para el triunfo de las tropas estadounidenses que durante la parada militar del primer 4 de julio, desfiló a la derecha del mismísimo George Washington en reconocimiento a su labor y apoyo a la causa americana.
La envergadura y la incidencia de las acciones del Conde de Gálvez hicieron que en su honor se erigiese su estatua junto a las Estatuas de los Libertadores en Washington D. C., inaugurada por el rey Juan Carlos I, precisamente, el 3 de junio de 1976.
Constituida la Asociación Cultural Bernardo de Gálvez en Málaga, en su localidad natal Macharaviaya, se fortalecieron las relaciones con las ciudades estadounidenses de Galveston y Pensacola. Unos documentos, localizados por dicha Asociación fechados el 8 de mayo de 1783, aniversario de la batalla de Pensacola, acreditaban el agradecimiento del Congreso de los Estados Unidos a la ayuda que el Reino de España había prestado al pueblo norteamericano. Reconocimiento plasmado en Bernardo de Gálvez mediante la colocación de su retrato en el Capitolio. Los congresistas estadounidenses refrendaron dicho reconocimiento mediante la colacacion de una copia exacta del cuadro de Bernardo de Gálvez, atribuido a Mariano Maella, fue colocado el 10 de diciembre de 2014 en las paredes del Capitolio. Unos días más tarde el presidente Barack Obama estampó su firma en la resolución conjunta del Congreso de los EE.UU., por la cual se concedía a Bernardo de Gálvez y Madrid la ciudadanía honoraria de los Estados Unidos, trascurridos 229 años después del primer cuatro de julio, día de la Independencia norteamericana.
Fuentes:
• BERNARDO DE GÁLVEZ. DE LA APACHERÍA A LA INDEPENDENCIA DE ESTADOS UNIDOS de Miguel Del Rey y Carlos Canales
• Conoce a Bernardo de Galvez/Get to Know Bernardo de Galvez (Spanish Edition) (Personajes Del Mundo Hispánico/Historical Figures of the Hispanic World) de Guillermo Fesser y Alejandro Villen
• El Que Tenga Valor Que Me Siga (Novela histórica) de Eduardo Garrigues López Chicheri
• Bernardo de Gálvez: La campaña de Pensacola, 1781: O la independencia de los Estados Unidos de Norteamérica (Historia Militar) de Julio Sánchez Bañón
• Yo solo : Bernardo de Gálvez y la toma de Pensacola de 1781, de Carmen de Reparaz.
(Francisco Gilet Girart)