Jun 20, 2018 | Actualidad

Como había prometido, faltaba cerrar este ciclo de artículos relativos a la presencia de España en Asia, aquella que se comenzó hace largo tiempo con la llegada de Magallanes a Filipinas. Ahora toca cerrarlo con otra gran historia ‘de heroísmo a la española’.
Hablando del final de nuestra presencia en Filipinas, es fácil imaginarse la historia de la que estamos hablando, pero… ¡quizás podamos dar algunos puntos de vista nuevos!
Lo primero era encontrar una fecha en la que publicar este homenaje ¡pasaron tantas cosas en el mes de junio de aquel 1899!. Al final he elegido el 20 de junio de 1899 como fecha de publicación.
¡Al fin y al cabo en la imagen podemos ver como esa fecha se encuentra inmortalizada en mármol!
“…La resistencia de esta guarnición fue alabada por el general Aguinaldo en un documento público enviado a Tarlac el 20 de junio de 1899…”.
Para conocer los detalles de tan gloriosa gesta les dejo el siguiente enlace de “momentosespañoles.es”, pero… ¿fueron los últimos en regresar a España?
No parece que esté del todo claro. Después del 2 de junio de 1899 todavía quedaban más de 5.000 españoles olvidados y perdidos por la selva. Y entre ellos, un numeroso grupo, resto de los defensores del sitio de Tayabas, que no fueron liberados por las fuerzas estadounidenses del coronel Anderson al mando del 38 de voluntarios de Estados Unidos hasta el año 1.900, como nos recuerdan en el artículo de la “Fundación Museo Naval”.
Pero el título es ‘Una guerra imposible de ganar’ y así parece que fue.
Se enfrentaban dos imperios: uno en decadencia, con importantes problemas internos, como era el español, con uno en pleno crecimiento y expansionismo, como era el estadounidense, que se estaba extendiendo a marchas forzadas y con un crecimiento demográfico, industrial y militar desconocido hasta el momento, que se había expandido por toda Norteamérica uniendo las costas de ambos océanos, Atlántico y Pacífico, en pocos años. Tan en pocos años que se les hizo ‘tan corto’, por lo que pronto puso su mirada en el continente asiático, China y Filipinas, al igual que desde hacía tiempo lo había puesto en el resto de América con el eslogan ‘América para los americanos’ que acuñó en 1823 el presidente James Monroe y desarrolló su sucesor en el cargo John Q. Adams.
En este escenario, el choque era inevitable y la victoria española era complicada, como nos aclaran desde ‘momentosespañoles.es’ en su comentario, la guerra se perdió en los campos de batalla filipinos y cubanos y en especial en las batallas navales de Cavite y Santiago de Cuba, pero mucho antes se había ya perdido en los despachos del Gobierno de España, donde con políticas erráticas y planes de inversión poco claros, hizo imposible la defensa de los territorios ultramarinos de España.
¡Aunque mucho queda por estudiar y difundir del confuso siglo XIX español!
Todos tenemos la imagen, al menos yo tengo la imagen, que con la destrucción de las flotas del Almirante Cervera y del Contralmirante Montojo las fuerzas españolas estaban totalmente aniquiladas, pero convendría estudiar con mayor detalle la situación: en Cuba aun quedaban 100.000 soldados dispuestos a luchar y en ‘la mar’ quedaban flotas españolas que todavía podían combatir.
“…Durante la Guerra Hispano-estadounidense, se planeó un contragolpe que aliviara la situación del Almirante Cervera y de paso realizar algún bombardeo sobre la costa americana.
Para llevar a cabo tal contraataque, el elegido fue el almirante Manuel de la Cámara Livermore.
Se trataba de crear dificultades a los norteamericanos, con los buques que quedaban en España, y posibilitar alguna victoria que elevase la moral española. Para ello se iban a crear tres divisiones navales que pudieran desconcertar al enemigo:
- la 1ª División estaría al mando del propio Cámara, y estaría compuesta por el crucero Carlos V, los cruceros auxiliares Meteoro, Patriota y Rápido, así como el aviso Giralda;
- la 2ª División estaría al mando del capitán de navío José Ferrándiz, y estaría compuesta por el acorazado Pelayo, el acorazado-guardacostas Vitoria y los destructores Osado, Audaz y Proserpina;
- la 3ª División estaría mandada por el capitán de navío José Barrasa, compuesta únicamente de tres cruceros auxiliares, el Buenos Aires, el Antonio López y el Alfonso XII.
Debido a la corta autonomía del acorazado Pelayo y de la Vitoria, la 2ª División haría una maniobra diversiva, navegando unos días en dirección al teatro de operaciones del Caribe, cambiando el rumbo posteriormente para regresar a aguas nacionales y proteger las costas españolas de un posible ataque americano, uniéndosele el crucero protegido Alfonso XIII, una desgraciada copia española del desaparecido Reina Regente.
La 1ª División, en la que se integraba el Carlos V, se dirigiría hacia las islas Bermudas, donde recibiría órdenes e informes, para iniciar posteriormente un ataque contra la costa este americana, dirigiéndose hacia el norte, rumbo a Halifax, en Canadá, dominio británico, para recibir nuevas instrucciones, y dirigirse después al mar Caribe, cayendo sobre las Islas Turcas.
La 3ª División debería dirigirse hacia la zona del Cabo San Roque, en Brasil, y desde allí dedicarse a hostigar el tráfico mercante enemigo.
Esta acción no se llegaría a producir, entre otros motivos por las presiones británicas, que no deseaban la extensión de la guerra a todo el Atlántico.
Con posterioridad, se formaría otra escuadra con órdenes de dirigirse a Filipinas al mando del almirante Cámara. Sería retenida en el canal de Suez hasta lo indecible, mientras que el magnate de la prensa W. Hearst daba la orden a un enviado suyo de que adquiriese un buque para hundirlo en el lugar donde pudiera obstaculizar el paso de la escuadra española.
Finalmente, tras muchos contratiempos, la destrucción de la escuadra del almirante Cervera y el temor a un ataque sobre las costas españolas hizo que la escuadra de Cámara retornase a toda prisa a la Península…”
Cómo no he podido contrastar toda esta información la pongo toda en ‘cuarentena’ pero desde luego es una visión muy interesante a investigar, analizar y aclarar.
Animo a todos ustedes para que lo estudien y nos cuenten el resultado, tanto si se confirma como si se rechaza la información anterior.
Asumiendo como cierto todo lo aquí escrito, se puede llegar a la conclusión de que la guerra no solo se perdió en los despachos de Madrid, sino que ya se había empezado a perder mucho antes en los grandes centros internacionales del poder político y económico de Nueva York, Washington y Londres.
Para no alargarme mucho más y creyendo que les he proporcionado suficiente información para que, si la curiosidad y su tiempo se lo permite, sigan profundizando en el importante siglo XIX, clave para la posterior Historia de España, les dejo un enlace de nuestros habituales audios de ‘Memorias de un tambor’ para aquellos que con menos tiempo libre puedan conocer más detalles de lo ocurrido cuando se desplazan en el transporte público, trabajan, van al gimnasio…
Pero no puedo, antes de despedirme, dejar de copiarles la lista de aquellos que quedaron sitiados en la defensa de Baler ya que es importante recordarles.
Vicente Medina
Enrique de Las Morenas y Fossi, capitán de Infantería, fallecido por enfermedad.
Juan Alonso Zayas, segundo teniente, fallecido por enfermedad.
Saturnino Martín Cerezo, segundo teniente, herido.
Vicente González Toca, cabo, fusilado.
José Chaves Martín, cabo, fallecido por enfermedad.
Jesús García Quijano, cabo, herido grave.
José Olivares Conejero, cabo.
Santos González Roncal, corneta.
Félix Herrero López, soldado 2.ª, desertor.
Félix García Torres, soldado 2.ª, desertor.
Julián Galvete Iturmendi, soldado 2.ª, fallecido por heridas.
Juan Chamizo Lucas, soldado 2.ª
José Hernández Arocha, soldado 2.ª
José Lafarga Abad, soldado 2.ª, fallecido por enfermedad.
Luis Cervantes Dato, soldado 2.ª
Manuel Menor Ortega, soldado 2.ª
Vicente Pedrosa Carballeda, soldado 2.ª
Antonio Bauza Fullana, soldado.
Antonio Menache Sánchez, soldado, fusilado.
Baldomero Larrode Paracuello, soldado, fallecido por enfermedad.
Domingo Castro Camarena, soldado.
Eustaquio Gopar Hernández, soldado.
Eufemio Sánchez Martínez, soldado.
Emilio Fabregat Fabregat, soldado
Felipe Castillo Castillo, soldado.
Francisco Rovira Mompó, soldado, fallecido por enfermedad.
Francisco Real Yuste, soldado.
Juan Fuentes Damián, soldado, fallecido por enfermedad.
José Pineda Turán, soldado.
José Sanz Meramendi, soldado, fallecido por enfermedad.
José Jiménez Berro, soldado.
José Alcaide Bayona, soldado, desertor.
José Martínez Santos, soldado.
Jaime Caldentey Nadal, soldado, desertor.
Loreto Gallego García, soldado.
Marcos Mateo Conesa, soldado.
Miguel Pérez Leal, soldado, herido grave.
Miguel Méndez Expósito, soldado.
Manuel Navarro León, soldado, fallecido por enfermedad.
Marcos José Petanas, soldado, fallecido por enfermedad.
Pedro Izquierdo Arnaiz, soldado, fallecido por enfermedad.
Pedro Vila Garganté, soldado.
Pedro Planas Basagañas, soldado.
Ramón Donat Pastor, soldado, fallecido por enfermedad.
Ramón Mir Brils, soldado.
Ramón Boades Tormo, soldado.
Román López Lozano, soldado, fallecido por enfermedad
Ramón Ripollés Cardona, soldado.
Salvador Santa María Aparicio, soldado, fallecido por heridas.
Timoteo López Larios, soldado.
Gregorio Catalán Valero, soldado.
Rafael Alonso Medero, soldado, fallecido por enfermedad.
Marcelo Adrián Obregón, soldado.
Rogelio Vigil de Quiñones Alfaro, médico provisional, herido.
Alfonso Sus Fojas, cabo indígena, desertor.
Tomás Paladio Paredes, sanitario indígena, desertor.
Bernardino Sánchez Cainzos, civil.
Fray Cándido Gómez Carreño, párroco de Baler, fallecido por enfermedad.
Félix Minaya López, fraile franciscano, acogido en la iglesia de Baler para sumarse a los sitiados.
Juan López, fraile franciscano, acogido en la iglesia de Baler para sumarse a los sitiados.
Jun 14, 2018 | Actualidad
Luisa Ignacia Roldán Villavicencio, conocida como La Roldana, nació en Sevilla en 1652, quinta hija de Pedro Roldán, maestro escultor e imaginero. En 1671 se casó con uno de los oficiales del taller a pesar de la fuerte oposición de su padre, de cuyo matrimonio nacieron siete hijos, fallecidos cuatro a tierna edad.
Ocupó un lugar importante en su obra, la realización de «Belenes» o «Natividades», en los que solía representar al grupo de la Sagrada Familia, rodeados por ángeles. En algunos incluía la presencia de algún animal propio de los nacimientos, como corderos, la mula y el buey. En estas escenas se aprecia ya una tendencia al rococó. Entre sus obras más destacadas podemos encontrar imágenes de altar o de pasos procesionales en madera, en donde escenifica imágenes de la vida de la Virgen. Su obra está formada principalmente por esculturas de imaginería, junto con terracotas de pequeño formato realizadas sobre todo durante su estancia en Madrid y para la pequeña burguesía.
Época sevillana
En ese tiempo se acostumbraban encargos de «Dolorosas» para procesionar en la Semana Santa, no siendo extraño que Luisa Roldán realizara alguna, aunque no hay ningún documento que lo acredite. Sin embargo, una de la más cercanas a su estilo es la Virgen de la Regla, que pertenece a la Hermandad del Prendimiento, popularmente conocida como de «Los Panaderos». Otra obra atribuida por algunos autores a La Roldana, es la imagen de la Virgen de la Macarena, entre ellos el profesor Hernández Díaz, quien comenta el parecido con La Dolorosa de Sisante, obra de atribución segura a La Roldana.
Época gaditana
Ya instalada en Cádiz, con fecha 10 de marzo de 1687 recibió encargo de los diputados municipales de las fiestas de los Patronos de Cádiz, para la realización de las esculturas de San Servando y San Germán, en la actualidad veneradas en la catedral nueva de Cádiz. En la escultura de San Servando se encontró un documento en el cual se leía: «Diseñado por Pedro Roldán, hecho por Luisa Roldán y dorado y estofado por Luis Antonio de los Arcos».
Durante su estancia en Cádiz, realizó otras esculturas para la ciudad así como para poblaciones próximas, entre ellas está autentificada la imagen de Nuestra Señora de la Soledad de Puerto Real. En un documento de 3 de julio de 1688 consta la donación de dicha escultura, por parte del matrimonio De los Arcos-Roldán, al convento de los Padres Mínimos, solicitando la celebración de una misa cantada todos los viernes de dolores de la Virgen, por las almas del matrimonio y sus descendientes. El 23 de abril de 2016, y con motivo del LXXV Aniversario de la Reorganización de la Hermandad titular, el Excmo. Ayuntamiento de Puerto Real, le dedicó una Plaza con el nombre de «Imaginera Luisa Roldán».
En la Corte
A principios de 1689, con Carlos II, el matrimonio junto con dos hijos decidió trasladarse a Madrid, en busca del reconocimiento oficial y una mejor situación económica. De estos primeros tiempos en Madrid es la obra El descanso en la huida a Egipto, con temas iconográficos tomados de un dibujo de Miguel Ángel y de una obra del Veronés. Otro grupo en la misma línea que el anterior, es el de Los Desposorios místicos de Santa Catalina, obra firmada por la autora y que se encuentra en la Hispanic Society of America en Nueva York, en donde también se conserva la Muerte de la Magdalena.
Con la realización de estos pequeños grupos escultóricos, la familia sobrevivía mientras esperaba que el rey la nombrase escultora de cámara. Este nombramiento llegó con fecha 15 de octubre de 1692, lo que representó su prestigio oficial, pero no la mejora económica; los trabajos que efectuaba estaban mal pagados e incluso tenía dificultades para cobrar, pues en aquella época, la situación general del reino era mala por la deficiente administración y la corrupción.
Aunque se le asignó un salario de cien ducados anuales, el pago real no lo recibía, por lo que tuvo que hacer varias peticiones para conseguir mantener a su familia. Las peticiones fueron primero al propio rey, al que en el año 1693 le solicitó la concesión de una habitación en las casas del Tesoro, ya que ni siquiera con su «plaza de escultora pobre no tenía donde vivir ni ella ni sus hijos». Pasaron luego a ser dirigidas a la reina Mariana de Neoburgo, como la del año 1697 en la que recordaba que llevaba seis años a su servicio y pedía que le dieran «vestuario o una ayuda de costa o lo que fuese de su mayor agrado»; en otra carta del mismo año añadía: «por estar pobre y tener dos hijos, lo paso con grandes estrecheces pues muchos días falta para lo preciso para el sustento de cada día».
A partir de su nombramiento real, la escultora firmaba la mayoría de sus obras añadiendo «Escultora de Cámara», así se puede ver en una de las más conocidas: el Arcángel San Miguel con el diablo a sus pies, obra encargada por el rey con destino a la decoración del monasterio de El Escorial. Según se cuenta, Luisa se autorretrató en la cara de San Miguel y puso el rostro de su marido al demonio, representando el Bien y el Mal respectivamente.
Según una partida de fallecimiento de fecha 10 de enero de 1706, hallada en la iglesia parroquial de San Andrés, en Madrid, fallecía La Roldana. En tal partida se puede leer que unos días antes había hecho «declaración de pobreza». En la actualidad su obra se distribuye tanto por Andalucía, como por Madrid, León, Móstoles, Cuenca, Gran Canaria, e incluso Nueva York, Londres, Ontario y Los Ángeles.
Francisco Gilet.
Fuentes:
• Gilman Proske, Beatrice (1964). Luisa Roldán en Madrid. Nueva York. b45803730.
• Hall van den Elsen, Catherine (2007). Roldana, Andalucía Barroca. Sevilla: Junta de Andalucía. Consejería de Cultura. ISBN 978-84-8266-717-1.
• Hernández Díaz, José (1989). Esperanza Macarena en el XXV Aniversario de su Coronación Canónica: Las imágenes titulares de la Cofradía de la Macarena. Iconografía y Arte. Sevilla: Guadalquivir. ISBN 84-86080-22-3.
• Hernández Díaz, José (1983). Pedro Duque Cornejo: Arte Hispalense nº 33. Sevilla: Diputación Provincial de Sevilla. ISBN 84-500-9122-5.
• Montesinos Montesinos, Carmen (1986). Arte Hispalense nº 42: El escultor sevillano D. Cristóbal Ramos (1725-1799). Sevilla: Diputación Provincial de Sevilla. ISBN 84-505-3307-4.
• Montoto de Sedas, Santiago (1920). El casamiento de La Roldana. Sevilla: Boletín de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras:tomo IV. pp. 144-148
Jun 6, 2018 | Actualidad
Mucho conocemos de la presencia de España en América, algo en África (esta parte sería otra bonita historia a recordar) y casi nada en Asia.
Como mucho, vagamente, se recuerda nuestra presencia en Filipinas, pero entre poco y nada la importancia que tuvo para la economía, la cultura y el desarrollo geográfico.
Si nos centramos en los aspectos geográficos cuando alguien pregunta sobre el Pacífico, China, Japón, Islas Hawái… lo normal es pensar en los exploradores británicos o norteamericanos pero pocos sabríamos relacionar aquellas lejanas tierras con los españoles.
La presencia de España en esas lejanas tierras es otro de esos capítulos de nuestra Historia olvidados en los libros escolares españoles, en donde se recuerdan famosos nombres de extranjeros sin recordar que estos lo que hicieron fue recorrer tierras por donde nuestros héroes españoles antes ya habían caminado y navegado.
Eso si hablamos de geografía, pero y ¿si hablamos de cultura?. Menos todavía. Por desgracia la lengua española prácticamente ha desparecido de aquellas tierras sustituido por el inglés, como mucho se pensará en Filipinas, pero ni mucho menos en los contactos de los españoles con la ‘Conchinchina’, el Imperio Chino o Japón.
A nivel económico y comercial, a lo sumo se recordarán ‘los mantones de Manila’, pero ni mucho menos se pensará que los comerciantes llevaron las monedas españolas hasta la India o que eran continuos los envíos de plata desde América a Filipinas, que servirían de motor en la adquisición de los productos asiáticos que, saltando en primer lugar a América, finalmente terminaban en España atravesando el Virreinato de Nueva España, transportando tanto la porcelana como la seda de China pero también prendas de la India o lacas de Japón.
Y ¿si pensamos en la demografía? No solo se desplazaron españoles hasta dichas tierras trasportando tecnología, cultura y religión. Se habla de jesuitas, dominicos y agustinos destacando el aspecto religioso. Pero no eran solo religiosos, eran personas altamente preparadas que extendieron la tecnología y cultura europea hasta dichas tierras, pero… ¿desde Asia nadie se desplazó hacia América y Europa?
La respuesta es que sí, claro que se produjeron desplazamientos de poblaciones entre unos y otros continentes. Hacia Asia viajaron europeos y también nativos americanos, pero también en sentido contrario desde China se desplazó población a Filipinas ¡Hay que recordar que la colonia china en Filipinas eran los fabricantes de los famosos mantones creados con la seda traída de China! Seda que se pagaba con la plata trasportada con el regreso de ‘El Galeón de Manila’, que cuando se dirigía a Nueva España no solo transportaba productos sino también población.
Cuando se piensa en ‘los chinos en América’ todo el mundo recuerda las películas americanas con población china construyendo los ferrocarriles que serían claves para la vertebración y construcción de Estados Unidos, pero pocos saben que los primeros chinos en América viajaron en el Galeón de Manila hasta Nueva España fundando comercios que se extendieron por un nuevo mundo plagado de oportunidades.
Pero como es lógico tampoco tienen porque ‘darme la razón’ en todo lo que les cuento. Por ello, como en ocasiones anteriores, les pongo en contacto directamente con las fuentes para que ustedes mismos lean, escuchen y valoren.
En este caso les propongo este enlace de la Fundación Museo Naval y una nota escrita por uno de los voluntarios de la misma fundación.
Bueno, para ir terminando, y como dedicación especial para todos aquellos que tengan más interés en los detalles y quieran conjugarlo con otras ocupaciones, se pueden descargar el siguiente audio de nuestros ya amigos de Memorias de un tambor.
Si les gustan las curiosidades, pueden acceder a la web ‘Un rincón en la historia’ donde podrán leer una aventura de españoles entre japoneses y los planes de Felipe II… ¡por invadir China desde Filipinas!
Me despido pensando en pronto publicar una nueva entrega, aunque por ahora la que estoy pensando será algo más triste pero increíblemente heroica.
¡Hasta la siguiente!
Vicente Medina