Feb 12, 2018 | Actualidad
Del cementerio de Santa Eulalia sacaron tres cadáveres. Uno pertenece al sacerdote Antoni Tur Costa. Los otros dos a su padre y a su hermano. En los tres casos se ha podido constatar la existencia de orificios de entrada de bala, dos en el cráneo y un tercero en el cuerpo. Llevaban allí desde el 8 de agosto de 1936, cuando fueron asesinados a las puertas de la iglesia de Sant Carles, donde el sacerdote era el ecónomo. Fueron las primeras víctimas de la Guerra Civil en la isla de Ibiza.
Para nombrar a los primeros santos ibicencos el Vaticano se está sirviendo estos días de la gracia de Dios y de tres forenses. Su objetivo es encontrar la mayor cantidad de restos humanos de los 21 religiosos ejecutados entre el 7 de agosto y el 13 de septiembre de 1936 por unas tropas republicanas que trataban de recuperar una isla que desde el primer momento cayó del bando sublevado.
El Tribunal Diocesano cuenta con 2.500 folios que documentan estos hechos, lo que ha permitido iniciar el proceso de canonización de estos «mártires» de la iglesia, «víctimas del odio a la fe», como explicó el obispo de Ibiza, Vicente Juan Segura, durante la fase diocesana del proceso. «Con esta causa no se pretenden abrir polémicas ni discusiones que no nos corresponden», apuntó también.
El 8 de agosto de 1936, exactamente siete siglos y un año después de que tropas catalano-aragonesas arrebataran la ciudad de Ibiza a los musulmanes, unas tropas catalano-valencianas al mando de los capitanes Alberto Bayo, quien luego sería instructor de los guerrilleros cubanos que llevaron a Fidel Castro al poder, y Manuel Uribarry, llegaron a la isla con 2.500 hombres, dos destructores de la armada republicana y un buque civil. Su objetivo era reducir a una guarnición de Ibiza que se había unido al alzamiento, y que como documenta el jurista Mariano Llobet en su obra ‘Apuntes sobre la persecución religiosa en la diócesis de Ibiza durante la Guerra Civil española’, estaba formada por 123 hombres, 23 guardias civiles y 22 carabineros.
La mañana del 7 de agosto los republicanos desembarcaron sin resistencia en Formentera, donde quemaron las tres iglesias de la isla. Por la tarde su intención era tomar Ibiza. Fondearon sus destructores al pie de las murallas y difundieron la primera de dos proclamas:
«Guarnición de Ibiza. Pueblo de Ibiza. Frente a vuestras costas está dispuesta la escuadra republicana en línea de combate. De vosotros depende que comience, implacablemente, el castigo. Si una ceguera suicida os impide comprender vuestro error, reduciremos inexorable a escombros las casas que habitáis y arrasaremos vuestros campos en los que han fructificado la traición y el engaño. No queremos ruinas. No queremos sangre. Os estimamos como hermanos y como españoles y proletarios que sois. La República no es cruel, sino justiciera y humana. Rendíos ibicencos. Capitulad soldados. Os rendís no a la fuerza brutal, sino a la ley y al derecho, Capituláis no ante el enemigo, sino ante la República, ante la libertad, ante España (…) ¡Por vuestros hijos, por vuestros hogares, por vuestra Patria, por la República: rendíos! Si no izáis la bandera blanca, abriremos el fuego sobre la isla. Ibicencos: ¡Viva la República! Viva la Libertad!».
Pero no tuvieron suerte y regresaron esa noche a Formentera. Como represalia, explica Miguel Ángel Sánchez, promotor de Justicia del Tribunal Diocesano, asesinaron a un sacerdote de la isla de solo 24 años, el más joven de los 21 religiosos en proceso de canonización, y arrojaron su cuerpo al mar atado a una piedra.
Al día siguiente, en la toma de Ibiza, el poeta Antonio Colinas reveló durante unos cursos de verano de El Escorial, un incidente en el que estuvo implicado el poeta Rafael Alberti, que en ese instante se encontraba en la isla. Al parecer, en la plaza de la catedral, un grupo de republicanos preparó una hoguera con imágenes y objetos religiosos que habían sacado de la iglesia. Alberti se enfrentó a ellos y logró evitar su destrucción arguyendo su valor monetario, que eran objetos que se podrían vender y obtener dinero para el bando republicano.
Pero la jornada más negra de la historia de la guerra civil en Ibiza ocurrió unos pocos días después, el 13 de septiembre. Ese día aviones italianos que apoyaban la causa de Franco dejaron caer sobre la isla 2.000 kilos de bombas que acabaron con la vida de 40 personas.
Como represalia, los republicanos entraron de noche en el castillo de Ibiza, donde había dos centenares de presos, y asesinaron con ametralladoras y bombas de mano a 93 personas, incluidos 18 religiosos implicados en este proceso de canonización.
De aquellos días se recuerda que el entonces obispo de Ibiza se salvó de ser asesinado tras huir disfrazado de payesa. El jurista Mariano Llobet, que cuando ocurrieron estos hechos tenía ocho años, recuerda en su libro que los republicanos, en su afán de recuperar la isla «no se detuvieron ni ante lo criminal ni ante el ridículo», por el hecho de que borraron el ‘san’ de todos los pueblos de la isla con nombre de santo, para dejarlos en Antonio, Eulalia o Carlos.
Las ejecuciones prosiguieron los días posteriores hasta llegar a las 113. Sus nombres se recuerdan junto a una polémica placa instalada junto al Cristo Yaciente en el interior de la catedral. En el año 2000 se cambió la placa original para que representara a todas las víctimas de la guerra. La anterior culpaba a las «hordas marxistas» de las muertes.
Nada más llegar al poder en la isla, la portavoz de Podemos Viviana de Sans también la tomó con la placa. No le parecía bien que el nombre del primer asesinado fuera el del banquero Abel Matutes, abuelo del ex ministro del PP, y así lo puso en un tuit que acabó borrando porque no se había dado cuenta de que estaban en orden alfabético, aunque no se libró de las críticas de la familia.
La mayor parte de los 113 cuerpos se encuentran en una fosa común dentro de la catedral que estos días abrió el tribunal eclesiástico. Entre los restos se ha podido individualizar un cuerpo con una calavera con dos orificios de bala, uno de entrada y otro de salida.Los cuatro cadáveres ya son suficientes para que los forenses, según explican desde el tribunal eclesiástico, elaboren y envíen a Roma un informe en el que se «constatan» los hechos documentados en cientos de folios. Será la última fase de este proceso iniciado en 2008 antes de la beatificación de los «mártires», que aún tardará de dos a tres años, y a la que esperan siga un proceso de santificación.
(Fuente: El Mundo Baleares)
Nov 30, 2017 | Actualidad
Publicamos aquí el poema de un mártir de la persecución religiosa del siglo XX, José Susilla Bustamante: «Pronto, Señor». El poema, que aparece en el libro «Mártires de la montaña», nos lo ha enviado una de las voluntarias de Enraizados, Mayte Cortés:
Pronto, Señor, nos veremos
en tu Casa solariega.
Contadas tienes mis horas
y los pasos de mis sendas,
contadas mis pulsaciones
y las gotas de mis venas,
los soles que han de lucirme
y las noches que me esperan,
los inviernos que me aguardan
y estíos y primaveras…
Tú escrita, Señor, latienes
mi jornada postrimera.
Yo sé que se está llegando
Yo sé que la tengo cerca,
yo las veo, yo las toco
de mi vida las fronteras
Oh muerte que serás vida
vida que serás eterna.
Pronto, Señor, nos veremos
en tu Casa solariega.
Veo en tus manos las llaves
que abriránme aquellas puertas.
Y siemre, Señor, contigo
en tus moradas eternas;
sin temores de perderte,
sin las zozobras terrenas,
sin aquel ¡ay! enel alma,
sin nublados ni tinieblas,
sin los febriles ardoeres
de ambición no satisfecha.
No son sueños, ni ficciones,
no es ilusión, no es quimera.
Pronto, Señor, nos veremos
y nos veremos de cerca
Y serán tus heredades
mi patrimonio y herencia
tu gloria será mi gloria,
tu Cielo mi recompensa.
Pronto, Señor, nos veremos
en tu Casa solariega
Qué Casa, Señor, la tuya.
Qué prederas tus praderas.
Qué lumbre la de tus soles.
Qué paz la e tus estrellas.
Qué manar el de tus fuentes.
Qué frescor el de tus selvas.
Qué cantar el de tus auras.
Qué bonanza en tus riberas.
Pronto, Señor, nos veremos
en tu Casa solariega.
Nov 16, 2017 | Actualidad
Sí, porque los SESENTA mártires vicencianos son también “nuestros”, como lo son los miles de cristianos asesinados día tras día en este atormentado mundo de hoy… y de ayer. Todos ellos, siguiendo el carisma de San Vicente de Paul entregaron, su vida en las terribles jornadas de 1936, en varias ciudades y pueblos de España, nuestra atormentada Patria. Son “de los nuestros”.
Las Iglesia, nuestra Madre, es- todos lo sabemos- extremadamente prudente, para muchos “tal vez demasiado”, “lenta a la ira y rica en clemencia”. Por eso ha tardado 81 años en reconocer oficialmente la condición de “mártires por la Fe” a esos nuevos beatos. ¡Y aún permanecen en paciente espera cientos de católicos martirizados en aquel aciago 1936, pleno en mártires cristianos!!
CUATRO Hijos de María, DOS sacerdotes diocesanos y SEIS seglares Hijos de María, los DOCE de la Diócesis de Cartagena se cuentan entre los “60 de los nuestros”.
La historia del martirio de los doce (¡ocho de ellos cofrades cartageneros californios, como yo!) es reiterada miles de veces, “aburrida” en su firme defensa de la Fe…, en el odioso y ruin comportamiento de los asesinos. Y en el perdón que ellos recibían de sus masacrados. Son doce historias similares.
Como síntesis de todas está la del sacerdote D. José Sánchez Medina, natural de Archena -pueblo donde también fue asesinado junto a su padre (¡matadme a mi primero, suplicó este!)- junto a otros dos sacerdotes y dos seglares, tras pasar por el cuartel de la CNT. Esta es una historia más; nada original; miles de veces repetidas. Pero si es un paradigma entre nosotros porque fue organista en la hoy Basílica de la Caridad, y el compositor de la Salve Cartagenera, preciosa música que fervorosamente entonamos los cartageneros docenas de veces…y que pudimos ver y escuchar en el solemne acto de beatificación en Madrid. Y hay una calle en Cartagena con su nombre. No deja de resultar curioso que sea él el homenajeado públicamente con una calle, porque lo fue, no por su horrible martirio…¡sino por su faceta de compositor!, lo que denota el comportamiento humilde, de perdón –casi de olvido- de hechos atroces por parte de los cristianos … ¡y el reconocimiento por una bella partitura musical!
Que ellos, todos los demás Caídos y también todos sus asesinos, hayan recibido el perdón celestial.
Y descansen en en Paz.
Carlos León Roch.
Nov 14, 2017 | Actualidad
El pasado sábado fueron beatificados en el Palacio de Vistalegre de Madrid 60 mártires vicencianos. El sobrino-nieto de uno de ellos, el Padre José Santos Ortega, nos manda una pequeña biografía de este mártir que reproducimos aquí:
Padre José Santos Ortega, padre Paul, nacido en Rabé de las Calzadas (Burgos) el 18 de septiembre 1882 y fusilado en Hortaleza el 23 de septiembre 1936.
Tuvo dos hermanos sacerdotes paules, P.Francisco y P. Saturnino (muchos años misionero en Filipinas), y dos hermanas Hijas de la Caridad, Sor Rufina y Sor Eustasia (declarada hija predilecta por el Ayuntamiento de Andoain(Guipúzcoa) por su abnegada labor con los niños pequeños del municipio de quien fue educadora).
El P.Santos fue formador de diversos seminarios. Destacó por su bondad, sencillez, celo misionero y devoción a la Virgen Milagrosa, cuyo culto introdujo en la catedral de Burgos.
Expulsado de la Casa Central en Madrid, buscó refugio en casa de una sobrina pero tuvo que salir por amenazas de la portera. Los sobrinos solicitaron permiso al comité del barrio para acogerlo pero no se lo dieron y a cambio le ofrecieron una pensión controlada por uno de los suyos que se ganó su confianza para luego traicionarle. Una patrulla de milicianos fue a arrestarlo, lo llevó a Hortaleza y allí lo fusilaron.
Sus restos han sido exhumados por la congregación y dos de sus huesos estaban dentro del arca de las reliquias que se llevaron a la celebración del pasado día 11.
Se va a preparar una capilla en la basílica de La Milagrosa de Madrid donde se van a guardar las reliquias de los mártires abierta al culto.
La fiesta de estos beatos mártires se celebrará cada 6 de Noviembre.
Nov 8, 2017 | Peticiones
[emailpetition id=»115″]
¿Te gustaría tener una calle para la paz? No me refiero a poner una calle en la que aparezca el rótulo de Calle de la Paz o algo similar, sino con el nombre de una persona que, por su ejemplo, nos ayude a vivir en paz entre nosotros.
Y qué mejor ejemplo de paz que los mártires, que murieron perdonando. Dieron sus vidas por amor hacia todos, también hacia aquellos que les quitaban la vida, a los que perdonaban de todo corazón.
Este sábado serán beatificados en Madrid 60 mártires vicencianos. ¿Puedes pedir una calle para ellos en las ciudades donde murieron? Firma aquí.
Tu petición llegará a los ayuntamientos de:
- Madrid
- Paracuellos del Jarama
- Barcelona
- Figueras
- Valencia
- Silla
- Cartagena
- Totana
- Jumilla
- Archena
Me gustaría explicarte por qué considero que estas personas han hecho tanto por la paz. Me parece urgente que se sepa que la religión vivida como debe ser vivida lleva a la paz y no a la agresión y a la discordia.
Para entender la contribución de estos 60 mártires vicencianos en favor de la paz nos bastaría pensar que la mayor dificultad para lograr la paz entre los hombres es el odio. Muy al contrario, los mártires, con una actitud heroica, perdonan a quienes le quitan la vida e incluso piden a Dios por el arrepentimiento de estos, para que un día puedan gozar con ellos de la felicidad eterna. Estos mártires son capaces no sólo de perdonar, sino de amar a todas las personas por encima de sus ideas y si fuera preciso entregar su vida por el bien de la humanidad.
Firma aquí para pedir una calle para ellos en los lugares en los que murieron