Oct 7, 2018 | Actualidad

¡Ahora pongámonos la gorra de ese siglo!
Lo recuerdo para todos aquellos que tengan la tentación de juzgar a nuestros protagonistas llevando las tecnologías del siglo XXI al XVI.
La navegación, los medios técnicos, el conocimiento de la meteorología,… no se aproximaban ni de lejos a los actuales.
¡Y ni hablar de tener satélites ni llevar un GPS en la muñeca!
Pero, volviendo a la Historia.
La flota esperó en Mesina al regreso de Gil de Andrade que traía noticias desde el Levante y finalmente el 15 de septiembre decidieron enviar de avanzada hasta Tarento a César Ávalos donde debería esperar a la llegada de toda la flota posteriormente, desde ‘el tacón de la bota italiana’, darían el salto a la isla griega de Corfú buscando a la flota turca.
La marcha se establecía en 4 cuerpos, por delante de todos ellos 8 galeras exploradoras al mando de Don Juan de Cardona, el primer cuerpo al mando de Juan Andrea Doria con 54 galeras, el segundo mandado por Don Juan de Austria con 64 galeras, en tercer lugar con Agustino Barbariego y 53 galeras, y por último la flota de socorro o reserva con 30 galeras al mando de Don Álvaro de Bazán.
Cada uno de los tres primeros cuerpos navegaban con 2 galeazas por cada uno de ellos, las galeazas son mayores que las galeras y mucho más fuertemente artilladas constituyendo verdaderos ‘castillos flotantes’, quizás se inspiraron en el magnífico resultado proporcionado por el galeón veneciano de Alejandro Condulmiero en la batalla de Préveza que se comportó como toda una fortaleza flotante.
La flota navegaba lista para entrar en combate preparados para adoptar la formación en águila en el momento que fuese necesario: La cabeza del águila serían las 6 galeazas, el ala o cuerno izquierdo sería mandado por Barbariego, el cuerpo o centro por Don Juan y el cuerno derecho sería para Juan Andrea Doria.
A la llegada a Corfú por fin recibieron la información que la flota turca al mando de Alí Pachá se encontraba fondeada en el Golfo de Lepanto formado por 210 galeras y 63 galeotas, naves algo más pequeñas que las galeras, con 35.000 hombres, de los cuales 2.500 eran jenízaros.
Se organizaban igualmente en cuatro escuadras y en la batalla igualmente se dispondrían en formación de águila, pero en este caso sin disponer de la cabeza con las galeazas empleadas en el caso de la flota cristiana, el cuerno derecho al mando de Mahomet Siroco con 54 galeras y 2 galeotas, en el centro para Alí con 87 galeras y 8 galeotas, finalmente el cuerno izquierdo se dio al corsario Cara Hosia (Khodja) con 61 galeras y 32 galeotas. El socorro o reserva sería para Murat Dragut con 8 galeras y 21 galeotas o fustas, nave inferior en tamaño a la galeota.
En total por una y otra flota se podría hablar entre soldados, marinos y galeotes de unos 80.000 hombres por cada bando, algunos autores elevan la cifra total a 200.000 los que finalmente participaron en el combate.
La orden de uno y otro general era buscar, encontrar y combatir a la flota contraria pero el movimiento de cada uno de ellos fue diferente, mientras que Alí prefirió esperar en el golfo con la ventaja y protección de la artillería de la costa, Don Juan dio orden de descender por la costa griega en busca de la flota enemiga, encontrándose ambas el 07 de octubre de 1571.
Durante las jornadas de navegación la flota cristiana se encontró continuamente con viento en contra por lo que la flota de vela quedó atascada en Corfú mientras que las galeras navegaron hasta Lepanto a fuerza de remo.
Por el contrario la flota turca tuvo viento favorable en su aproximación a la cristiana ¡salvo en el último y más decisivo momento!
Ya no tenemos alternativa, ha llegado el día en que todo se decidirá.
¡Mañana será la Batalla de Lepanto!
Vicente Medina
Oct 5, 2018 | Actualidad

¿Qué más había ocurrido en el Mediterráneo?
Pues unas cuantas cosas bastantes importantes, de todas ellas destacamos las siguientes:
- Derrota española en ‘Los Gelves’, isla a la entrada de Túnez. Punto estratégico y foco continuo de conflictos entre españoles, argelinos y otomanos.
- Victoria española en ‘el Peñol de Vélez de la Gomera’. Base clave para el corso berberisco.
- Sitio de Malta de 1565. Acción por la que Solimán ‘el Magnífico’ quiso dar un golpe definitivo a la cristiandad haciéndose con un enclave esencial para el dominio del Mediterráneo, desde Malta se podría amenazar primero a Sicilia y desde allí ‘ejecutar’ la invasión de toda Italia.
Con este ‘terrorífico’ escenario podemos hacernos un par de nuevas preguntas.
¿Habría fracasado la Revuelta Morisca en las Alpujarras si el Imperio Otomano hubiese tenido el control de Argel, Túnez y Malta?
¿La revuelta de las Alpujarras, como algún autor apunta, habría sido el principio de la Reconquista Musulmana de la Península Ibérica?
Las respuestas nunca se podrán conocer pero desde luego la presión tanto sobre España como sobre Italia habría sido imposible de soportar, debemos recordar que por el Este de Europa los otomanos se encontraban a las puertas de Viena.
Pero a pesar de todo esto, la clave que forzó la unión de las potencias europeas fue el ataque de las fuerzas del sultán Selim II sobre la posesión veneciana de Chipre, ante esta acción la potencia marítima y comercial de Venecia solicitó el apoyo del resto de los reinos cristianos.
Esta petición fue inmediatamente apoyada por el Papa Pío V ya que observaba la creciente amenaza otomana sobre la Península Italiana pero debía convencer al Rey de España de la importancia de tan épica empresa, ni Venecia ni España ni mucho menos las galeras Papales solas serían capaces de enfrentarse al inmenso poder del turco.
Después de largas negociaciones entre los embajadores de los tres países finalmente se cierra la creación de la Liga Santa en 1570, en este punto volvemos a hacer una parada para recordar que ya se había creado una anterior Liga Santa con la misma finalidad de detener el empuje otomano que terminó con la derrota cristiana en la Batalla de Préveza en 1538 contra la flota otomana.
Recuperamos nuestra historia recordando que el Papa trató de extender el acuerdo al resto de los reinos pero sin éxito, Austria tenía un frente terrestre permanentemente abierto, Francia estaba más interesada en destruir el Imperio Español que el Imperio Otomano y Portugal estaba enfrentado con Venecia ya que la Serenísima República de Venecia se enfrentaba al turco en el Mediterráneo pero apoyaba el ataque a los barcos portugueses por los corsarios en el Índico.
La primera acción acordada por la nueva Liga Santa fue reunir a la flota cristiana en 1570 en la isla de Creta, isla bajo protección de Venecia, en esta ocasión la flota española iba mandada por Juan Andrea Doria con orden de ponerse bajo el mando papal de Marco Antonio Colonna. Por el desacuerdo entre los mandos de las tres naciones y la baja dotación de la armada veneciana en el año 1570 no se ejecutó ninguna operación decidiendo Doria regresar a Sicilia.
Al año siguiente, 1571, con la lección aprendida por el Rey Felipe II tras el desacuerdo entre los mandos que llevó años atrás a la derrota en Préveza y a la parálisis de la flota el año anterior en Creta impuso como regla mantener un único mando que recayese en Don Juan de Austria como ‘general en jefe’ aunque las decisiones se debían tomar en Consejo, algo habitual, entre los representantes de cada flota por la veneciana Sebastián Veniero sustituido posteriormente por Agustino Barbariego, por la flota pontificia Marco Antonio Colonna y por la española el propio Don Juan de Austria.
Así se decide concentrar la flota de las naciones participante en el puerto de Mesina:
“…descomponiéndose en 90 galeras, 24 naves 50 fragatas bergantines a sueldo del Rey católico ‘; 12 galeras y seis fragatas del Papa; 106 galeras, seis galeazas, dos naves y 20 fragatas venecianas…”
“Las galeras de España se dividen entre la Escuadra de España, Nápoles, Sicilia, Andrea Doria, Pedro Bautista Lomelin, Juan Ambrosio Negrón, Jorge Grimaldi, Estéfano de Mari, Bendinello Sauli, Malta, Génova y Savoya”
[Fernández Duro, Cesáreo. Historia de la Armada Española desde la Unión de los Reinos de Castilla y de Aragón]
En la inspección general realizada por Don Juan nuevamente se puso de manifiesto, como ya ocurrió el año anterior, la deficiente dotación en hombres y armas de las galeras venecianas por lo que se decide, gracias a la capacidad de negociación de Colonna, que 4000 soldados y 500 arcabuceros españoles, principalmente italianos de Los Tercios, se distribuyan entre las galeras de Venecia dando un total aproximado de 200 soldados por cada galera a excepción de las capitanas de las tres naciones que embarcaban no menos de 500 en cada una de ellas.
Como todavía queda bastante por saber, este fin de semana la tercera parte de esta magnífica aventura.
Vicente Medina
Oct 4, 2018 | Actualidad
Para entender Lepanto es importante verlo en un contexto más general, ya que lo habitual es que se nos cuente la Historia como ‘fogonazos’ que mas que aclarar nos genera mayor confusión.
Pero…
¡Empecemos!
¿Cómo se llegó a Lepanto?
¿Quiénes y por qué participaron?
Para responder debemos remontarnos en el pasado y hacer un breve barrido por algunos hechos históricos ‘olvidados’, aunque a todos ustedes les sorprenda debemos volvernos hasta la Reconquista de la Península Ibérica por los reinos cristianos y en especial a la derrota final del Reino Nazarí el 2 de enero de 1492, en ese momento se produce la retirada de gran parte de los moriscos a los reinos del norte de África del actual Marruecos y Argel, aunque en gran número permanecerían integrados dentro de los reinos cristianos.
Si hacemos caso a lo que se nos cuentan en la escuela aquí terminó todo, pero no fue ni mucho menos así, realmente lo que ocurrió es que en lugar de eliminarse de España el conflicto en realidad lo que se ocurrió es que se dividió en dos frentes durante todo el siglo XVI y principios del XVII al formarse dos, uno en el interior de los reinos españoles y otro en sus costas alimentado desde la costa norte africana.
Dentro de la península continuaron los conflictos que a continuación debemos recordar, como fueron la Revuelta de las Alpujarras de 1501, la de los moriscos de Valencia de 1525 y la más importante que amenazó con extenderse tanto al Reino de Castilla como al de Aragón de 1568 comandada por Abén Humeya u Omeya (con el nombre cristiano Fernando de Córdoba y Válor) y Farax Aben Farax (de la tribu de los abencerrajes) que duraría hasta 1570 llegando a concentrar un ejército morisco de más de 20.000 soldados apoyados desde el norte de África por Argel, para sofocar este levantamiento dos de nuestros protagonistas, Felipe II y Don Juan de Austria, debieron poner toda ‘la carne en el asador’. Se dice que este levantamiento marco de forma importante al monarca.
Fuera de nuestra fronteras los conflicto tampoco iban a mejorar, los ataques berberiscos se extendían por las costas de la Corona Española tanto en la Península como en el resto de los reinos de la Corona en Italia pero afectando muy en especial tanto a la costas levantinas de España como a las plazas fuertes del norte de África, plazas que se defendían desde 1509 cuando, probablemente, Fernando El Católico alcanzó la mayor extensión de las posesiones españolas en el Mediterráneo.
Si damos un salto en el tiempo conviene recordar que a pesar de la histórica victoria de Lepanto del 7 de octubre de 1571 la presión de la piratería berberisca no finalizaría hasta el reinado de Carlos III con el Tratado de Aranjuez de 1780 firmado con el sultán Mohammed III de Marruecos y posteriormente con la paz alcanzada, gracias en gran medida al buen trabajo realizado por la continua presión del teniente general Antonio Barceló, con el Dey de Argel en 1785 a cuyo acuerdo de paz, posteriormente, se le uniría Túnez.
Con la paz alcanzada por fin, después de casi 300 años desde aquel lejano 1492, llegó el desarrollo económico y el crecimiento de la población a las costas del levante español.
¡Pero volvamos al siglo XVII!
Aunque el Levantamiento Morisco de las Alpujarras se desarrolló entre 1568 y 1570, su expulsión definitiva no se realizaría hasta el reinado de Felipe III debido a los cada vez más alarmantes rumores de negociaciones para un nuevo levantamiento morisco, en esta ocasión con el apoyo desde el exterior por parte del Rey de Francia.
Como lo que hay que contar todavía es extenso, mañana la segunda parte.
¡Les esperamos!
Vicente Medina
Oct 3, 2018 | Actualidad
Buscando curiosidades sobre las que leer, y escribir, relativas a la más que amplísima Historia de España, me encontré con un periodo de nuestra Historia del que poco se habla o cuando se habla se hace muy por encima como ‘algo’ poco destacable, pero…
¿Poco destacable ganar un imperio?
¿Poco destacable crear la base del dominio naval en el Atlántico?
Me estoy refiriendo a la Guerra de Sucesión portuguesa, en la que nuestro rey Felipe II hizo prevalecer sus derechos al trono de Portugal proclamándose como Felipe I de Portugal y unificando los dos mayores imperios occidentales del siglo XVI.
Rebuscando es ‘relativamente fácil’ encontrar información sobre la empresa por las Islas Terceiras y más concretamente por la batalla por la Isla de San Miguel de 1582.
¿Pero solo ocurrió esa batalla?
¿Todo se resolvió con un enfrentamiento naval?
La Guerra de Sucesión se desarrolló desde 1580 hasta 1583, evidentemente la importancia de las operaciones navales fueron claves pero…
¿Fueron solo operaciones navales?
¡Ni mucho menos!
Todo se iniciaría con la jornada de Portugal diseñada por Felipe II en la que puso sobre el tablero de juego lo mejor de todo lo que disponía. El diseño fue desde un inicio una combinación de fuerzas tanto navales como terrestres, de la combinación de fuerzas y armas va la mayor parte del artículo.
Por la parte terrestre puso al mejor de sus generales: al Gran Duque de Alba, Don Fernando Álvarez de Toledo, capitán general de las operaciones tanto navales como terrestres. Y con el Duque lo ‘mejorcito’ de los Tercios.
“…E yva el tercio de Nápoles, y en él por maestre de Campo, don Pero Gonçález de Mendoça de la Cruz, grande hijo del Marqués de Mondéjar; y el tercio de Lombardía, y por maestre de campo don Pedro de Sotomayor; y el tercio de ytalianos, y por general d’él don Pedro de Médicis, hermano del Duque de Florencia; y en este tercio havía tres Coroneles, cada uno d’ellos por su tercia parte, en la una d’ellas Vicencio Garrafa, Prior de Ungría de la Cruz grande, y del otro Próspero Colona, y del otro Carlos Pinelo, en el qual yvan muchos ventureros. También yva el tercio de los alemanes tudescos, y por Coronel el Conde Gerónymo Ladrón, y siete tercios de bisoños, y en ellos por maestres de Campo don Gabriel Niño, don Martín Dargote, don Luys Henrríquez, Pedro de Ayala, Antonio Moreno, don Diego de Córdova, don Rodrigo Çapata…”
[DE ESCOBAR, Antonio – CAPÍTULO I]
Pero por ‘la Mar’ tampoco dejó la cosa huérfana, también por esta parte el rey Felipe II jugó a la carta más alta poniendo sobre el tapete al mejor de sus almirantes como general de toda la armada: al Marqués de Santa Cruz, Don Álvaro de Bazán. héroe de Lepanto y de tantos otros combates. Tampoco al Marqués se le envió manco al combate.
“…Traýa el Marqués de Santa Cruz en el armada sesenta y quatro galeras reales y veynte y una nao de alto borde, sesenta y tres chalupas, nueve fragatas para descubrir. Venía por Vehedor general en esta armada Luys de Barrientos; yva por general de veynte galeras del reyno de Nápoles don Juan de Cardona, y por general de diez galeras de Sicilia don Alonso de Leyua, y treynta y quatro de España por el Marqués de Santa Cruz, y él mismo por general de toda el armada, y en ella Andrés Dalba por proveedor general; venía por general de las naos y chalupas don Rodrigo de Benavides, cuñado del marqués de Santa Cruz…”
[DE ESCOBAR, Antonio – CAPÍTULO I]
En el conjunto de toda la Guerra de Sucesión hay dos hechos de armas claves para el éxito de toda la contienda, aunque ni mucho menos fueron los únicos que acontecieron:
- La Batalla de la Isla de San Miguel por conseguir las Islas Terceiras, victoria que le dio a España el control del tráfico marítimo atlántico durante casi tres siglos, pudiendo convertirse en un imperio a nivel mundial.
- La Batalla de Alcántara a las puertas de Lisboa, que incorporó un nuevo reino a los Reyes de España, cumpliéndose el sueño de los Reyes Católicos de unificación de todos los reinos ibéricos bajo una misma corona.
Las principales operaciones ‘terrestres’ se desarrollaron en poco más de dos meses de ‘guerra relámpago’. En este momento podemos recordar que la Alemania Nazi se hizo con Polonia con unos medios y tecnologías infinitamente superiores en poco más de un mes dando inicio a la Segunda Guerra Mundial, ejecutando con precisión y disciplina la táctica desarrollada por el Duque desde la entrada de su Majestad por la raya entre Portugal y Castilla frente a Badajoz el 13 de junio de 1580.
“…Estando las cosas de la guerra en este punto, fue su Magestad a la ciudad de Badajoz, que está una legua de la raya que divide a Portugal con Castilla, donde llevó consigo a la Reyna doña Ana señora nuestra, su muger, hija del Emperador Maximiliano, Rey de Bohemia, y de la Emperatriz doña María, su hermana, y al Príncipe don Diego, su universal heredero, y a las Infantas sus hijas doña Isabel Eugenia de Austria y doña Catalina, hijas de la Reyna doña Isabel, que fue hija del Rey Henrrique de Francia, y al Cardenal don Alberto, hijo del Emperador Maximiliano. Y a los treze de junio de aquel año tenía su Magestad plantado su real a la vista de Hielbes, primera ciudad del reyno de Portugal, en la deesa de Cantillana, ribera del río Gébora. Este día vinieron su Magestad y la Reyna, Príncipe e Infantas desde Badajoz al Real, que una legua de allí estava, con toda su Corte para ver entrar el exército, y puestos en una enrramada començó por buena orden de mañana a entrar en el campo la gente de guerra que se avía juntado por delante de sus Magestades…”
[DE ESCOBAR, Antonio – CAPÍTULO II]
Aquí hacemos la primera parada, pero solo hemos empezado en una semana la segunda de las entregas con la Batalla de Alcántara por Lisboa, pero ahí no pararemos ya que todavía quedarán mas aventuras heroicas por conocer.
Vicente Medina
BIBLIOGRAFÍA
Relación de la felicíssima jornada… que hizo… don Felippe… en la conquista de Portugal, ed. de Amparo Alpañés Anexos de la Revista Lemir (2004) ISSN 1579-735X
- HistoCast 150 – Álvaro de Bazán y las Islas Terceiras
- GÓMEZ BELTRÁN, Antonio Luis
Islas Terceiras. Batalla Naval de San Miguel, ediciones Salamina
Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
Sep 5, 2018 | Actualidad

El conflicto que se vivía ya desde hace años en las Molucas no lo decidirían las victorias sino el desgaste de las fuerzas y en especial la falta de abastecimiento de los contendientes.
“El día 22 de Mayo llegaron de Malaca, para socorro de los portugueses de Terrenate, seis navíos, que constaban de un galeote, un bergantín, tres navíos y un junco grande, al mando del capitán Gonzalo García de Acevedo. Condujo esta armada 150 hombres, y todos los que estaban en la fortaleza eran 190.
Se acercaba la salida de Tidori de la nao Florida, del mando de Álvaro de Sayavedra, con destino á Nueva España, y el capitán Hernando de la Torre participaba por ése buque á S. M., con fecha de 11 de Junio de 1528, el Diario de todo el viage desde la salida de la Coruña, y los acaecimientos ocurridos en Molucas hasta aquella fecha”
[FERNÁNDEZ DE NAVARRETE, p. 120]
Ante la falta de medios humanos y equipamiento, los capitanes Hernando de la Torre y Álvaro de Saavedra solo podían tomar dos medidas, el primero defenderse y el segundo informar a la mayor brevedad posible de los hechos que ocurrían en estas latitudes.
La nao Florida partió hacia Nueva España en junio de 1528 pero solo pudo llegar hasta la isla de los Ladrones (la actual Guam), la falta de agua y las condiciones de la nave les hizo imposible continuar el viaje volviendo a Tidori el 19 de noviembre de 1528.
Pero no se podía perder tiempo, ¡había que intentarlo nuevamente!
Al regreso de la nao de inmediato comenzaron las reparaciones que se requerían con toda urgencia, una vez finalizadas resultaba imprescindible regresar e informar al Emperador, al ser esencial conseguir la ayuda básica que permitiese mantener la presencia en esas tierras.
Por parte de Hernando de la Torre se propuso el regreso por el cabo de Buena Esperanza, pero Álvaro de Saavedra no dudaba en regresar a Nueva España; finalmente prevaleció el criterio de este segundo abandonando Tidori por segunda vez en mayo de 1529.
Como es ahora conocido el ‘tornaviaje’, no se lograría hasta 1565 por parte de otro de los protagonistas que estaban viviendo estos épicos años en las Molucas, Andrés de Urdaneta, por lo que como es de esperar la nao Florida no conseguiría el regreso a Nueva España como deseaba Álvaro de Saavedra, volviendo a Tidori el 8 de diciembre de 1529, en esta ocasión sin Saavedra muerto en el viaje.
Durante ese tiempo los acontecimientos se habían acelerado, los portugueses bajo el mando de D. Jorge de Meneses habían infringido graves daños a los castellanos que tuvieron que ir retrocediendo y abandonando los diferentes fuertes y naves, por lo que buena parte de los supervivientes de la nao Florida fueron capturados por las fuerzas portuguesas. El resto se reunió con los hombres mandados por Hernando de la Torre, Alonso de los Ríos y Andrés de Urdaneta, que se reagruparon en Gilolo al tomar los portugueses el control de Tidori.
Debido a enfermedades, hambre, ataques y contraataques en 1533 tan solo quedaban 17 castellanos cuando a través del portugués Tristán de Taide, recién llegado de la Península, se le hizo llegar la siguiente información a Hernando de la Torre (Tratado de Zaragoza de 1529):
“Los Malucos eran del Rey de Portugal, porque el Emperador se los había cedido por 30 años, por haberle dado mucho dinero para ayuda de la guerra de Italia. Hernando de la Torre vio aquellos papeles, y él y los castellanos se fueron con los portugueses á su fortaleza”.
[FERNÁNDEZ DE NAVARRETE, p. 151]
Finalmente, Hernando de la Torre embarcó para la India como primer paso de su regreso a España el 16 de febrero de 1534, según su propio diario.
Pero en las Molucas todavía quedaron Andrés de Urdaneta y Macías de Poyo, que no iniciarían su retorno hasta un año más tarde, partiendo de aquellas islas el 15 de febrero de 1535.
Llegando Andrés de Urdaneta y Macías de Poyo en la nao San Roque a Lisboa en julio de 1536, después llegaría Francisco de París y por último en la nao Gallega alcanzaría Lisboa Hernando de la Torre.
¡Habían transcurrido 11 años desde aquel lejano 24 de julio de 1525 en el que antes del amanecer abandonaban el puerto de La Coruña!
Vicente Medina
BIBLIOGRAFÍA
PARES, Portal de Archivos Españoles:
Tratado de Alcáçovas, 1479
Tratado de Tordesilllas, 1494
Tratado de Zaragoza, 1529
FERNÁNDEZ DE NAVARRETE, Martín,
“Colección de los Viajes y Descubrimientos que hicieron por Mar los Españoles: Segundo Viaje al Maluco, El del Comendador Fr. García de Loaisa”