Oct 31, 2018 | Actualidad
Hasta el capítulo anterior tenía pensado desarrollar el artículo pero…
¡No he podido evitarlo!
Releyendo el documento no puedo dejar de recordar una película, el ‘ataque cinematográfico’ ya me ha dado otras veces. En este caso me viene a la mente un clásico del cine bélico ambientado en los episodios de la Segunda Guerra Mundial como es la película de ‘Un puente lejano’ (‘A bridge too far’), basada en la operación Market Garden por la cual las fuerzas aliadas trataron de tomar en una sola operación los puentes hasta el Rin asignándose los objetivos entre americanos, británicos y polacos.
La 101ª División Aerotransportada americana tomaría Son en Breugel y Veghel.
La 82ª División Aerotransportada americana tomaría Grave y Nimega.
La 1ª División Aerotransportada británica junto con la 1ª Brigada de Paracaidistas polacos tomarían Arnhem y Oosterbeek.
Más en concreto recuerdo la escena del paso del río Waal en Nimega por parte de Robert Redford en el papel del Major Julian Cook. En nuestra empresa de Portugal también tuvimos nuestro particular Robert Redford por el paso en barcas del río Waal.
En el caso español me refiero al Capitán Serrano por el paso en barcas del río Duero, operación clave que ponía punto final a la campaña de Portugal por la cual Sancho Dávila tiraba la última ficha sobre el tablero con la conquista de Oporto.
“…Haviendo el Capitán Serrano ganado la barca (de que en el Capítulo antes d’este se hizo mención) fue con ella del otro cabo de Duero con el mayor silencio que pudo a buscar por la ribera si havía algunas barcas para procurar ganarlas y traellas d’esta otra parte, y fue tal su ventura que topó atrechos en la ribera algunas casas que tenían barcas para su servicio, y fuelas recogiendo y llevando con sus arcabuzeros el río abaxo. Y a la entrada de algunos riachuelos en Duero, halló también algunas, que serían por todas veynte barcas, y como no pareciessen más en toda la ribera se recogió con ellas junto a una casa, donde se atrincheró con los diez y ocho arcabuzeros que tenía. E imbió a dar aviso a Sancho de Ávila, y a pedirle gente para guardarlas, el qual visto lo que passava se holgó mucho y le embió dos compañías de arcabuzeros del tercio de Lombardía, la una era del Capitán don Claudio de Biamonte, y la otra del Capitán Miguel Benítez, y cincuenta mosqueteros del mismo tercio, los quales llegaron a buen tiempo adonde el Capitán Serrano estava con las barcas, y allí estuvieron hasta que llegó Sancho de Ávila. Y a los diez y ocho partió el campo, y llegó a legua y media de la ciudad de Oporto (…). Y a los veynte del mes mandó poner a punto las veynte barcas, para que otro día siguiente por la mañana començassen a passar a Duero. Y luego a los veynte y uno de octubre, después de haver puesto las barcas en buena orden, amaneció a la orilla de Duero y començó a embarcar su gente con orden de que como fuessen desembarcando hiziessen alto de la otra parte del río, tomando los puestos mejores que hallassen y affirmándose en ellos hasta que fuessen desembarcando más cantidad y se pudiesse formar esquadrón…”.
[DE ESCOBAR, Antonio – CAPÍTULO XLIX]
¡Con esta licencia cinematográfica ya termino!
Pero me sirve para volver a destacar que muchas de las tácticas que se nos muestran como novedosas en la actualidad nuestros gloriosos antepasados, con los medios disponibles y la tecnología existente en aquellos tiempos, ya las empleaban.
El éxito, evidentemente, depende de la tecnología y medios pero depende en mayor medida de la iniciativa y compromiso de los generales, almirantes, subordinados y del conjunto de ‘los señores soldados’.
Y siguiendo con las conclusiones, no es solo aplicable al ‘arte de la guerra’, también es aplicable a los proyectos personales y profesionales del ‘arte de los negocios’.
Aunque es bien sabido que sin medios económicos, humanos y materiales entre poco y nada se podrá conseguir, tanto antes como ahora.
¡Que se lo digan a Felipe II y en general a la Hacienda española durante siglos!
Por cierto…
A quien le interese saber el motivo del título, Portugal por el rey de Castilla, le recomiendo leer el CAPÍTULO III de la obra de Antonio de Escobar, documento base para el desarrollo del texto.
Vicente Medina
BIBLIOGRAFÍA
Relación de la felicíssima jornada… que hizo… don Felippe… en la conquista de Portugal, ed. de Amparo Alpañés Anexos de la Revista Lemir (2004) ISSN 1579-735X
- HistoCast 150 – Álvaro de Bazán y las Islas Terceiras
- GÓMEZ BELTRÁN, Antonio Luis
Islas Terceiras. Batalla Naval de San Miguel, ediciones Salamina
Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
Oct 24, 2018 | Actualidad
Retomamos la Guerra de Sucesión portuguesa.
A continuación dos acciones en el cerco al castillo de San Gián, que si debemos hacer caso al autor resultaba ser el más poderoso de todo el reino de Portugal tanto por su construcción como por su estratégica posición, al igual que por el armamento que en él se tenía instalado por parte de sus defensores.
La primera de ellas protagonizada por el buen oficio de la artillería naval y los ‘reflejos tácticos’ de Don Álvaro de Bazán, que respondiendo con milimétrica perfección a la acción de la armada portuguesa que operaba desde la desembocadura del Tajo supo hacerles frente y detener los movimientos del poderoso galeón portugués Graxao, que trataba de aliviar la presión ejercida por la infantería del Tercio de Nápoles sobre las defensas del castillo y buscaba aprovechar la falta de apoyo de la artillería terrestre que todavía se estaba trasladando desde la posición del desembarco en Cascáis hacia las posiciones indicadas por el Duque en el sito del castillo.
“…A los ocho de agosto partió el real desde Cascaes a Sant Gián de Hueras, que a la sazón estava por don Antonio, y junto a este pueblo havía un gran castillo en la marina, el qual es el más fuerte y artillado que hay en todo Portugal, porque de un lado le bate la mar y tiene la muralla muy gruessa y de buen edificio, está terrapleno de una banda a otra que parecía inexpugnable, y por la parte más alta rodeado de cestones junto a las almenas. Tenía este castillo veynte y dos pieças gruessas de batir, que algunas tenían por junto al fogón dos varas de medir de gruesso, y havía más de cien sacres y esmeriles, y mucha cantidad de ingenios de fuego en barriles con pólvora, pez y alcrevite, todo confacionado para arrojar de arriba quando le quisiessen dar asfalto. (…) Y luego por la mañana el galeón portugués llamado Graxao, que era el más gruesso de toda su armada, y traýa sesenta pieças en quatro hileras, dos por cada banda, començó a disparar con todas sus pieças, ansí a nuestra armada como a la infantería que andava cerca de la marina y del castillo, que por entonces nuestra artillería no havía llegado de Cascaes. Estava el tercio de Nápoles en cerco del castillo con buenas trincheras, de donde le mosqueteava para entretener hasta que llegasse de Cascaes nuestra artillería. Y a este tiempo, el Marqués de Santa Cruz imbió por un lado del castillo, arrimados, los tres galeones que havían sido ganados en Setúbar junto al castillo de Otán, los quales llegaron tan junto al castillo de Sant Gián que d’él ninguna pieça les podía hazer daño, por estar tan arrimados, y desde allí pelearon con los galeones de Portugal que estavan un gran trecho primero que los demás vaxeles de su armada, hasta que los hizieron retirar con ellos, y nuestros galeones se bolvieron a su armada. Y el tercio de Nápoles siempre mosqueteava a los del castillo, que a nadie dexavan asomar por las almenas, y a muchos derribaron en ellas de los que salían a hazer su tiro, y las pieças del castillo mataron aquel día en la campaña dos soldados del tercio de Lombardía, y otro quedó malherido…”
[DE ESCOBAR, Antonio – CAPÍTULO XXVII]
En el cruce del puente del Alcántara vimos el apoyo de la artillería de la fuerza naval. pero muy especialmente del arma de caballería sobre la infantería, combinación de armas que definiría la propia personalidad de los Tercios durante siglos con el trabajo conjunto de las armas de piqueros, arcabuceros, mosqueteros y caballería por todos los teatros bélicos europeos con el cada vez más extenso uso del arma de artillería que progresivamente iría tomando más peso en la historia bélica europea.
En los dos últimos hemos visto ejemplos de cobertura de fuego de la artillería naval en apoyo a la infantería en dos escenarios muy diferentes como son un desembarco y un cerco sobre un castillo.
Ahora veremos un caso diferente, dentro del sitio ya mencionado a San Gián de Hueras, como es la cobertura de la infantería a la artillería, eliminando el riesgo que suponen los tiradores ubicados en las elevadas defensas. al igual que dificultar la labor de los artilleros enemigos.
Escenas similares. ¿Cuántas veces no las habremos visto en las numerosísimas películas bélicas de Hollywood?Cuando el protagonista elimina de un certero disparo al francotirador enemigo desde una posición de elevado riesgo para su integridad personal.
Pues en este caso nuestros protagonistas son soldados del Tercio de Nápoles y, como en las películas, tampoco nos faltan las bajas propias provocadas por los certeros defensores.
“…Día de Sant Lorenço, a los diez de agosto, amaneció nuestra artillería plantada sobre el gran castillo de Sant Gián de Hueras, y en esse punto començó la batería con la puxança possible, y los del castillo hazían lo mismo, tenían en lo alto levantadas dos banderas, y el tercio de Nápoles que cerca d’él estava hazia gran estorvo y daño a los arcabuceros que de lo alto disparavan. Y estando en esto, disparó el castillo una gran pieça con la qual mató cinco mosqueteros del tercio de Nápoles, que a los dos d’ellos les llevó las cabeças, y a otro le dio por una hijada que le despedaçó el medio cuerpo, y la misma bala llevó a otro una pierna por la rodilla, y a otro un braço, de que murieron…”
[DE ESCOBAR, Antonio – CAPÍTULO XXVIII]
“…Haviendo durado la batería día y medio sin haver echo ningún effecto a causa del terrapleno, fue el Duque a reconocer el castillo y llevó consigo los ingenieros, y acordó de mudar la batería. Y a los once de agosto, quando amanecía, estava nuestra artillería duzientos passos más cerca del castillo por un lado a la parte de la marina para tentar por allí si estava también terrapleno, y batiole todo aquel día con veynte pieças. Y a puesta de sol, el Duque salió a ver la batería y a reconocer otra vez por aquella parte el castillo, del qual vino una gran bala que dio junto a donde el Duque estava, y quando anocheció tenía abierto el castillo por la parte alta de un gran lienço, que por aquel costado tenía, un boquerón que llegava ya del medio abaxo, y de ancho bien ocho varas de medir. Y el día siguiente, en siendo el alva, prosiguió la batería por la misma parte y le yva derribando y abriendo más abaxo, de manera que se descubría una plaça de armas, que en medio del castillo havía, encima del terrapleno, y también le havían derribado por una esquina otro gran pedaço. Y entendiose que la noche antes havían sacado del castillo dos barcas cargadas de muertos y heridos y los llevaron a Belén. Tenía el castillo una puerta falsa pequeña del otro cabo de la batería que salía a la marina, por la qual algunas vezes salían arcabuzeros por detrás de unas peñas y disparavan y bolvíanse al castillo. Y estando algunos de los nuestros junto a él, echaron de lo alto ingenios de fuego con que quemaron tres soldados de diez que havían ganado una peña que a una esquina d’él estava dentro en el mar, para ayudar a defender mejor desde allí que no le entrasse socorro ni pudiessen salir los de dentro. (…) Estava otro castillo frontero d’este dentro del mar, a tres millas, en una ysleta, el qual se llama San Miguel de Barra, y también estava rebelde. Éste defendía la entrada de la barra para que nuestras naves no tuviessen passo para llegar a pelear con el armada portuguesa, que estava cinco o seys millas más abaxo junto a la torre de Belén…”.
[DE ESCOBAR, Antonio – CAPÍTULO XXIX]
A lo largo del capítulo hemos estado viendo las operaciones desde una visión ‘técnica’ e histórica, pero resulta esencial resaltar la parte humana de los hechos, documentados por el autor del libro, destacados en los párrafos anteriores como es ‘el arriesgado oficio de soldado’ tanto en aquella época como en la actualidad.
Normalmente se destaca el heroísmo en las acciones bélicas, pero no se deben olvidar las bajas que en la mayoría de los casos no resultan tan heroicas como ya vimos en la huida al final de la Batalla de Alcántara y se ha vuelto a recordar en la toma del castillo de San Gián.
¡Vamos a por la última!
Terminamos en una semana.
Vicente Medina
BIBLIOGRAFÍA
Relación de la felicíssima jornada… que hizo… don Felippe… en la conquista de Portugal, ed. de Amparo Alpañés Anexos de la Revista Lemir (2004) ISSN 1579-735X
- HistoCast 150 – Álvaro de Bazán y las Islas Terceiras
- GÓMEZ BELTRÁN, Antonio Luis
Islas Terceiras. Batalla Naval de San Miguel, ediciones Salamina
Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
Oct 17, 2018 | Actualidad
Hasta aquí en los dos capítulos anteriores se ha venido destacando la preparación y capacidad de mando de dos de los grandes protagonistas como son su Majestad y el Duque, pero…
¿Qué hay de la tercera persona clave, el Marqués de Santa Cruz, a lo largo de la campaña?
El transporte de las tropas desde Setúbal a Cascáis, el propio desembarco en Cascáis y la cobertura sobre la infantería en el castillo de San Gián de Hueras no habrían sido posibles y probablemente el desenlace de las operaciones hubieran sido muy diferentes.
También es cierto que la oposición encontrada por el Marqués de Santa Cruz fue realmente baja, en parte por el apoyo a la causa de Felipe II por los mandos de la mayoría de las fortalezas en la costa del Algarve por donde la armada navegaba pero también por la ‘capacidad de convicción’ que su propia presencia generaba.
“…Partió el Marqués de Santa Cruz con el armada desde Cáliz para Setúbar, adonde el Duque le estava aguardando para embarcarse, a ocho de julio del dicho año. Y llegó a la barra de Ayamonte a los treze del dicho, y la villa de Castromarin, primer lugar del Algarbe que allí estava, se rindió luego al Marqués, (…) y a los diez y nueve llegó a Faro, y aquel día no se quiso rindir, mas el día siguiente lo hizo. Y dexando allí dada la orden que convenía, se partió y fue a Villanueva de Pórtima, y dos leguas antes que llegasse el armada, la salió a recebir una caravela con banderas de paz, (…) y el Marqués fue de passo dos leguas más adelante y llegó a la ciudad de Lagos, y a segundo día se rindió, (…) Y luego partieron hasta llegar dos leguas del cabo de Sant Vicente, adonde estava una muy gran fortaleza, que llaman Sacres, fuerte y bien artillada; tenía dentro dozientos soldados, los quales se mostraron muy leales a su Magestad, porque en el punto que el armada llegó se entregó al Marqués, (…) Y de allí partió, el Algarbe abaxo, noventa millas, sin dar fondo hasta que llegó a Setúbar…”
[DE ESCOBAR, Antonio – CAPÍTULO XIII]
Debo reconocer que a lo largo de estos tres capítulos me he ido haciendo ‘auto-spoiler’ al ir adelantando que iba a centrarlo en la magistral combinación de fuerzas y armas empleada a lo largo de la campaña, incluso por el anuncio de los próximos episodios que se tratarían.
A estas alturas ya lo mejor es descubrir el contenido de los capítulos restantes que se desarrollarán tras el presente:
Cobertura de la artillería naval a la infantería en el desembarco en Cascáis.
Cobertura de la artillería naval a la infantería en el cerco al castillo de San Gián.
Cobertura de la infantería a la artillería en el cerco al castillo de San Gián.
Bueno… y una licencia que me permitiré como punto final de los relatos, espero que me disculpen.
¡Empecemos!
Nos encontramos con el ejército y la armada atascada en Setúbal, con este escenario hay dos opciones posibles como es subir con todo el ejército a Santarém, el camino más esperable, o dar un giro radical a la táctica más previsible sorprendiendo al enemigo.
El Duque eligió lo segundo, por un lado simula un ataque terrestre hacia Santarém ocultando que el movimiento principal sería embarcar a gran parte de la fuerza en una increíble maniobra superando el estuario del Tajo por mar hasta Cascáis, cerca de Estoril, el principal problema del plan sería elegir un punto de desembarco seguro y lo más cercano posible a Lisboa para no perder la sorpresa y la iniciativa que se había llevado en toda la campaña, este aspecto fue resuelto por uno de los aliados portugueses fieles a Felipe II como era el propio señor de Cascáis, Don Antonio de Castro, que conocedor de aquellas tierras pudo indicar el mejor punto de la costa donde crear, primero, la ‘cabeza de playa por el Capitán Rodrigo de Baldés del Tercio de Nápoles’ y, posteriormente, ejecutar el desembarco con la celeridad imprescindible para el éxito de una operación en la que la sorpresa resultaba esencial. En toda la operación la capacidad de la artillería naval de las galeras españolas resultaría clave en el éxito del desembarco.
“…Visto que don Diego de Meneses pretendía que nuestro exército no saliesse a tierra, se dieron nuestras galeras tan gran priessa a disparar que la cavallería e infantería portuguesa començó a yrse retirando de la marina, porque los balazos les davan en medio de sus esquadrónes, y como llegasse una gran bala y diesse al medio de su cavallería, se entendió desde las galeras que les havía hecho notable daño, porque al punto se juntaron con gran corrida de cavallos a la parte donde havía herido el balazo. Y como ellos vieron que ya yva muy de veras, desde aquel punto començaron a recoger su cavallería e infantería, que havía andado hasta allí atravessando la campaña de una parte a otra, y hizieron alto, embeviendo sus esquadrónes y atalayando lo que en la tierra y mar de nuestra parte passava. El artillería de las galeras no cessava de disparar para que los portugueses no pudiessen llegar a la marina a estorvar que los castellanos dexassen de desembarcar, y luego las galeras començaron a echar esquifes a la mar y a entrar en ellos nuestra infantería, y los del primer esquife que tomaron tierra fueron el Capitán Rodrigo de Baldes, del tercio de Nápoles, con cinquenta mosqueteros, los quales envistieron luego a ganar una serreta alta y redonda, que cerca de la marina estava, y al subir como yvan disparando, mataron dos portugueses de a cavallo y tres de a pie, que yvan huyendo a juntarse en sus esquadrónes, y estos que cayeron avían llegado a reconocer. Y como yvan desembarcando los nuestros, se yvan juntando y subiendo la serreta, en la qual como llegassen a lo alto, començaron a mosquetear y hazerse fuertes en ella porque los portugueses no se la ganassen, que según pareció havía hecho punta la cavallería portuguesa para subirla. Y como vieron que ya los nuestros estavan en lo alto y los que más yvan desembarcando subían con mucha ligereza, dexaron de acometer a ganarla, y en poco espacio la serreta estava llena de nuestra infantería, la qual desde allí descubría toda la campaña, y se devisavan bien claro todas las banderas de los portugueses, ansí las de la cavallería como infantería. Y como los nuestros se diessen gran priessa a desembarcar, yvan formando sus esquadrónes y marchando hazia los contrarios, unos por la marina y otros por la campaña, dándoles caça y mosqueteando, los quales mataron quatro de a cavallo y prendieron dos y los traxeron al Duque. Y como los portugueses vieron que los acometían con gran ímpetu, temieron de manera que dieron en huyda sin querer travar escaramuça con los nuestros, antes corrían con gran furia la buelta de Cascaes, que dos leguas de allí estaba…”.
[DE ESCOBAR, Antonio – CAPÍTULO XIX]
“…A los treynta de julio acabaron de desembarcar antes de mediodía, tan libremente que no uvo quien se lo contradixesse, y se fueron luego hazia donde estava el Duque en la hermita…”
[DE ESCOBAR, Antonio – CAPÍTULO XX]
Con esta magistral operación combinando la capacidad naval y artillera de la Armada española junto con la acometida legendaria de los Tercios se superaba un enorme obstáculo geográfico como representa el cruce del estuario del Tajo a la vez que se sorprende por completo a las fuerzas defensoras de la capital portuguesa.
Con este ‘sin igual golpe de mano’ terminamos la tercera de las entregas, nos quedan dos más.
¡Hasta la próxima semana!
Vicente Medina
BIBLIOGRAFÍA
Relación de la felicíssima jornada… que hizo… don Felippe… en la conquista de Portugal, ed. de Amparo Alpañés Anexos de la Revista Lemir (2004) ISSN 1579-735X
- HistoCast 150 – Álvaro de Bazán y las Islas Terceiras
- GÓMEZ BELTRÁN, Antonio Luis
Islas Terceiras. Batalla Naval de San Miguel, ediciones Salamina
Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
Oct 11, 2018 | Actualidad
La campaña por los derechos dinásticos de Felipe II por Portugal se inició el 13 de junio, pero el desenlace principal se produjo el 25 de agosto en las márgenes del río Alcántara por el control del puente que sobre dicho río da acceso a las puertas de la muralla de Lisboa. Fue el principal enfrentamiento pero ni el único ni el último, ya que las últimas fichas las haría caer Sancho Dávila meses después con la persecución hasta Coímbra y posteriormente con la batalla por Oporto contra el pretendiente al trono portugués Don Antonio, Prior de Crato.
Como ya se ha apuntado las principales acciones de la campaña dirigida por el Duque de Alba supuso la combinación de diferentes armas de forma perfectamente coordinadas, haciendo jugar con máxima eficacia los apoyos entre artillería, caballería e infantería y en momentos decisivos la armada del Marqués de Santa Cruz.
El caso de la batalla de Alcántara es un ejemplo de combinación de las fuerzas navales y terrestres, ejerciéndose la presión en tierra de la infantería en coordinación con el decisivo cierre sobre la infantería portuguesa de la caballería española, pero resultando esencial el bloqueo de la armada portuguesa por parte de la armada española, embotellándola en el estuario del Tajo.
“…a las dos horas antes que amaneciesse, començó a tocar por todos los quarteles de la cavallería una trompetilla sorda para que se armassen y pusiessen a cavallo, siguiendo cada qual su estandarte, y en estando juntos començassen a marchar sobre el real de don Antonio, rey que se dezía ser de Portugal. Yvan en nuestro esquadrón mil y ochocientos cavallos, y faltaron las compañías del Conde de Buendía y Adelantado de Castilla, porque quando el exército havía marchado dos jornadas delante de Hielves, se bolvieron allí con orden de su Magestad para que estuviessen junto a Hielves. Y a la misma hora que havemos dicho començó a marchar la infantería, cada tercio por su parte y todos sin tocar caxas, bien proveýdos de armas y munición en cantidad de diez y ocho mil infantes pocos más, porque los demás que el exército tenía el Duque los havía dexado de presidio en los pueblos y castillos que hasta allí havían sido ganados, y muchos d’ellos que havían muerto de enfermedad, y otros que havían quedado malatos. Y dos tercios de bisoños a la propia hora se embarcaron en las galeras, porque allí eran necessarios. Y la traça de la batalla era que se havía de dar por tres partes: la cavallería sobre la mano derecha del enemigo, y la infantería y artillería a la frente, y por el lado siniestro el Marqués de Sancta Cruz con su armada contra la del enemigo…”
[DE ESCOBAR, Antonio – CAPÍTULO XXXIX]
Llegado a este punto con la estrategia desplegada por Felipe II y la táctica puesta en marcha por el Duque de Alba a este segundo solo le faltaba dar el último ‘Santiago’ a las tropas desplegadas a lo largo del margen del Alcántara y a la flota, presionando por el Tajo sobre la armada portuguesa.
“…nuestra infantería, visto que los contarios havían representado, se fue descubriendo en lo alto del río Alcántara y començaron a darles carga, (…) Y nuestra cavallería estava queda en su puesto, conforme a la orden que tenía, (…) y también porque estava dada orden que quando se diesse el «Sanctiago» para dar assalto la infantería al repecho y trincheras, havía de yr nuestra cavallería dando cerco al enemigo por el costado y envestir con él por allí. Y a este tiempo las dos armadas siempre havían disparado la una contra la otra, haziéndose el daño que podían, aunque no llegaron por entonces a cerrar. (…) Y como durasse la batalla en esta forma hasta las diez del día, se dio orden por mandado del Duque para envestir con la puente de Alcántara, donde estava el tercio de Ytalia, el qual envistió con ella dos vezes, y ambas le dieron tanta priessa los portugueses que le hizieron retirar. Lo qual, visto por el Prior, arrimó al tercio con orden de su padre dos mangas de bisoños, y mándoles envestir tercera vez, y luego ganaron la puente, (…) Y como el Duque vio ganada la puente mandó que los tercios diessen assalto a las trincheras de don Antonio, y luego el tercio de Nápoles començó a subir, y los demás tercios le siguieron. Y el Duque diziendo «Santiago», y «la Magdalena», y «Arremeta la cavallería», la qual con gran furia lo hizo luego, invocando al apóstol Sanctiago y a la Magdalena sobre mano derecha para coger a don Antonio en medio de los nuestros, y allí cerrar. (…) viéronse perdidos y no tuvieron esfuerço para aguardar a que nuestra cavallería llegasse a darles el encuentro. Y desampararon su artillería, la qual hasta allí nunca havía cessado de disparar, y la nuestra lo mismo. Bolvieron la riendas y dieron en huyda, y don Antonio con ellos, malherido, siguiéndolos toda su infantería; y los castellanos diziendo «Victoria, cierra España»…”
[DE ESCOBAR, Antonio – CAPÍTULO XL]
De la batalla poco mas podemos añadir salvo que el desorden de la retirada provocó más número de bajas que el propio combate para los portugueses, viviéndose tristes escenas en el momento del cruce de las puertas de la muralla de Lisboa cuando abrieron fuego los propios defensores contra los civiles y soldados que trataban de alcanzar la seguridad de la ciudad, como nos describe el autor, Antonio de Escobar, y testigo de todos estos hechos:
“…Y como los que estavan en los muros y almenas vieron que los castellanos yvan en el alcance a los suyos por las calles de los arravalles, y que prestro llegarían a las puertas de la ciudad, temieron que se les entrarían por ellas y que en viéndose dentro harían el daño que pudiessen en los de la ciudad y la saquearían. Y como el tropel a las puertas era tan grande de los que yvan entrando, no sabían qué remedio tener para poder cerrarlas, porque no hubiera fuerças humanas que lo pudieran hazer, y tomaron por remedio que los de los muros y almenas arcabuceassen rostro a rostro a los suyos para que se detuviessen y no entrassen en la ciudad, porque huviesse lugar de poder cerrar las puertas, que con dejar fuera seys o siete mil portugueses al perdido remediavan la ciudad. Y por ello usaron de este ardid, de tal manera que no solamente los arcabuceavan, mas arrojávanles mucho número de cantos que quitavan de las almenas y obras muertas que por lo alto de las puertas y muros havía, y este remedio les aprovechó. De manera que aunque mataron alguna gente de los suyos, fueron parte para que se pudiessen cerrar las puertas, y los que no pudieron entrar, como se vieron sin remedio, acudieron a la marina a los que sabían nadar, y arrojáronse a la mar guiando hazia su armada que cerca de allí estava, en la qual muchos se salvaron, y otros se ahogaron antes que llegassen a ella. Y los que no sabían nadar dieron la buelta alrededor de la ciudad, por el otro lado a la parte de tierra. Y los nuestros los siguieron hasta que passaron gran trecho de la otra parte, donde derribaron muchos, y se bolvieron, porque tenían orden de no passar adelante (…) Tardaron tres días los de la ciudad en enterrar los muertos. Y halláronse muchas mugeres muertas por las calles de los arravales y cerca de las puertas de la ciudad, y algunas con sus niños en los braços muertos, que como yvan huyendo a valerse en la ciudad y era tan grande el tropel de los portugueses, entre ellos caýan y se ahogavan sin poderse valer, y sus criaturas con ellas…”
[DE ESCOBAR, Antonio – CAPÍTULO XL]
Triste, muy triste el desenlace final de la batalla por Lisboa.
Con este final damos por terminada la segunda de las entregas.
¡Vamos a por la tercera!
Vicente Medina
BIBLIOGRAFÍA
Relación de la felicíssima jornada… que hizo… don Felippe… en la conquista de Portugal, ed. de Amparo Alpañés Anexos de la Revista Lemir (2004) ISSN 1579-735X
- HistoCast 150 – Álvaro de Bazán y las Islas Terceiras
- GÓMEZ BELTRÁN, Antonio Luis
Islas Terceiras. Batalla Naval de San Miguel, ediciones Salamina
Vida ejemplar y heroica de Miguel de Cervantes Saavedra, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
Oct 8, 2018 | Actualidad

Ya con las dos flotas en orden de batalla, los cristianos a remo y los otomanos con todo el trapo desplegado, en el último instante el viento del Este roló al Oeste deteniendo el avance de la flota turca y lo que era más importante provocando que en la batalla el humo de la artillería cristiana se les echara encima.
Fuera por lo que fuese lo que al final ocurrió es que la batalla se dividió en tres partes, las primeras unidades en chocar fueron la del ala izquierda cristiana al mando de Barbariego y la de Siroco por los otomanos, el objetivo de estos segundos era doblar al ala cristiana acercándose a la costa todo lo posible, por parte de los cristianos sus esfuerzos eran evitar dicha superación, en el combate las galeras otomanas dejan un hueco entre ellos y el centro que es aprovechado por el veneciano Marco Quirini que con las naves del Papado y de Génova logran penetrar por el hueco superando a las turcas, estas probablemente por la cercanía a la costa en lugar de servirles de apoyo para su defensa su proximidad se convirtió en una insoportable tentación que les llevó a echarse a la playa y huir del combate.
Con la victoria en el ala izquierda cristiana el combate se desplaza al centro donde la flota turca choca contra el muro formado por las 6 galeazas que hacen dudar a algunas de las galeras enemigas y separarse rompiendo la formación a todas ellas, a partir de ese momento el objetivo es buscar a las capitanas de uno y otro bando, al final la Sultana y la Real entran en combate y con ellas el resto apoyando las unas a la primera y las contrarias a la segunda.
El combate entre la Sultana y la Real es confuso en unas ocasiones la victoria se decanta por un bando y en el siguiente por el otro.
Al final la llegada de la flota de Don Álvaro de Bazán reforzando a la Real con 200 hombres hace caer la balanza de la parte cristiana dando fin al combate con la muerte de Alí, al igual que la muerte de Siroco había dado fin al combate en el ala izquierda.
Pero…
Durante todo este tiempo, ¿Qué estaba ocurriendo en el ala contraria?
Uluch Alí al mando del cuerno izquierdo otomano viendo su superioridad en naves, mas de 90 entre galeras y galeotas, toma rumbo Sur-Suroeste tratando de superar a la flota de Juan Andrea Doria forzando a este a seguirle y dando lugar a una de las principales controversias de la batalla, unos autores afirman que fue un error de Doria y otros que fue un acierto, el hecho es que Uluch Alí empujo a Doria hasta el punto que el otomano pudo girar en redondo logrando poner proa a la batalla echándose encima del centro cristiano.
El tremendo golpe se lo llevaron las galeras de Malta y de Saboya que fueron arrasadas y así hubiese seguido sucediendo con el resto de la flota cristiana salvo por la aparición del grupo de Cardona y la reserva de Bazán que dio tiempo a que regresaran las naves de Doria poniendo en fuga a Uluch Alí con solo 16 galeras, abandonando las capturas realizadas.
Con la huida de Uluch Alí finalizaba la batalla y empezaba el recuento de bajas propias y contrarias, se calculan unas 40 (12 en combate) naves cristianas perdidas y unos 8000 hombres, frente a casi 200 (130 capturadas útiles) naves turcas y 30000 hombres muertos y 5000 prisioneros, liberándose unos 12000 cautivos cristianos.
Algunos autores enumeran algunas claves de la victoria cristiana:
- Mayor poder artillero de las naves.
- Mayor uso de las armas de fuego frente al mayor uso del arco y flecha por parte otomana.
- Mayor dotación de fuerzas en las galeras cristianas.
- Mayor protección de los soldados cristianos con peto, rodela, casco,…
- Don Juan de Austria haciendo caso a la recomendación de Don García de Toledo había rebajado los espolones de las naves cristianas esperando hasta el último momento a abrir fuego con la artillería sobre la flota otomana.
- Sobre las galeazas unos las ponen como clave de la victoria y otros no las dan tanta relevancia.
En cualquier caso la victoria cristiana se produjo y tuvo las consecuencias que la Historia nos ha enseñado.
Aunque la Santa Liga oficialmente permaneció hasta 1574 la verdad es que ya tuvo poca actividad pero para España significó que la presión y el apoyo otomano sobre las plazas del norte de África desaparecieron al igual que se redujo la presión sobre la costa del Levante Español y especialmente el apoyo a los moriscos.
Ninguna flota otomana ya se aventuró al Mediterráneo Occidental aunque la piratería berberisca continuó como ya se ha indicado hasta la paz conseguida en el reinado de Carlos III con Marruecos, Argel y Túnez.
Por parte de Venecia se produjo lo que ya se esperaba por todos los reinos cristianos, negoció con el turco acordando la paz, bastante vergonzosa, a cambio de mantener el comercio comprometiéndose a realizar elevados pagos anuales al Imperio Otomano a cambio de mantener un imperio comercial que tocaba a su fin herido mortalmente por la creación de las nuevas rutas comerciales que se iban abriendo por portugueses y españoles.
Y en general los reinos cristianos volvieron a lo que mejor se les daba y se les sigue dando como es…
¡Pelear entre ellos!
Vicente Medina