Por Dª Constanza Carmona Soriano, historiadora e investigadora.

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Convento San Juán de los Reyes

El arte es una rotunda ocasión para reivindicar que los cristianos formamos parte de la cultura universalmente reconocida. Pero, ante todo, el arte es una manifestación de lo más íntimo y profundo del ser humano, de lo divino que llevamos en nuestro interior y por tanto nos acerca a lo sobrenatural. Es hacer que lo infinito sea perceptible presentando lo finito.

El arte es comunicación porque transmite inquietudes, preocupaciones, emociones, necesidades. “La belleza salvará al mundo “dijo Dostoievski en “El idiota”. Esta frase fue comentada por el Papa San Juan Pablo II en su carta a los artistas:

La belleza es necesaria porque los pueblos, los hombres, sin la belleza, llegan a la desesperanza.

Añadía que la belleza visual es la puerta de entrada a lo trascendente, al misterio.

Asimismo, hoy es más necesario que nunca el esfuerzo de todos en recuperar la herencia (espiritual, intelectual y moral) que el arte cristiano ha dejado en nuestra civilización occidental y, sobre todo, transmitirlo a las nuevas generaciones.

El papel del cristianismo en España

No es nada nuevo decir que España, y Europa, ha crecido como una comunidad cultural cristiana. Si algo hay común hoy en España es el cristianismo que la recorre de un extremo a otro. Hasta el punto de que sin el cristianismo España, y la civilización occidental, no sería nada a pesar de los esfuerzos por demostrar lo contrario falsificando la historia.

Se debe al cristianismo el papel trascendente que nuestra nación ha tenido en el mundo. Quien no lo vea es porque no quiere.

En esta ocasión vamos a centrarnos en el Monasterio de San Juan de los Reyes impulsado por los Reyes Católicos. Tendremos ocasión de comprobar la profunda fe que hizo posible manifestación de tanta belleza. Pero hagamos antes una breve introducción histórica que nos ayude a situarlo en su contexto.

Contextualizando el Monasterio de San Juan de los Reyes.

Sabido es que el reinado de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón representa una de las épocas más decisivas de la historia de España y tras la unificación de los reinos hispánicos, terminadas las guerras civiles, restauran la ley y el orden y ponen los cimientos de la España que hoy conocemos.

Tras la reconquista de Granada para el cristianismo en 1492, último baluarte musulmán en la Península desde que fuera invadida en 711, la reina Isabel particularmente apoyará a Colón en su aventura a las Indias descubriendo el Nuevo Mundo. Las relaciones internacionales se hacen más fluidas y se consolidan políticas internacionales gracias a los matrimonios con otras casas reales reinantes. La paz consolidada se traduce en un periodo de bienestar y prosperidad, que se refleja en obras públicas y en la construcción de edificios.

Unidad territorial, política, jurídica, social y religiosa. Es el final de la época feudal y el principio de la Edad Moderna. ¡El comienzo de nuestra exitosa historia común! Un proyecto que convertirá a España en el país más influyente de Europa durante siglos. Logros que se van a traducir en manifestaciones artísticas y culturales promovidas por la Corona, convertidas en expresión de su profunda fe.

El estilo isabelino plasmado en el arte.

Será el estilo isabelino un reflejo de su época, de los grandes ideales de sus actuaciones movidas por su fe. Serán las obras por ella patrocinadas, un camino privilegiado para expresar la belleza de Dios.

Está acreditado que el convento, fue mandado construir bajo el patrocinio directo de la reina, hasta el punto de ser citado varias veces en los documentos como «mona

sterio de San Juan de la Reina». Dedicado a San Juan Evangelista, por el que la reina sentía gran devoción, en memoria del rey don Juan II su padre.

Fue levantado en 1477 para conmemorar la victoria de Toro en la que las tropas que apoyaban a Isabel y Fernando, vencieron a las del rey de Portugal Alfonso V de Avís, que apoyaba a Juana «la beltraneja», con la que había casado en 1475, y a la que consideraba legítima heredera al trono de Castilla tras fallecer su padre Enrique IV «el impotente», hermanastro de Isabel. Aquella victoria daba vía libre al reinado de los Reyes Católicos. Y quiso también celebrar el nacimiento del hijo varón de los monarcas, el príncipe don Juan.

Los detalles artísticos del Monasterio de San Juan de los Reyes

Desde el punto de vista formal, representa la transición entre el gótico final y el renacimiento inicial, con características estructurales góticas, pero con influencias decorativas de la tradición castellana, mudéjar e islámica, de Flandes, de Italia y el ambiente mediterráneo.

Descubriendo los orígenes del escudo de los Reyes Católicos

Como característica frecuente vemos especialmente los símbolos del yugo y las flechas y la granada, águila nimbada de San Juan Evangelista, que hacen referencia a los monarcas.

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Escudo Reyes Católicos

Es tanta la desinformación al respecto que conviene recordar que el escudo de los Reyes Católicos fue establecido en el primer acto de gobierno de Fernando II de Aragón e Isabel I de Castilla el 15 de enero de 1475 entre las disposiciones de la Concordia de Segovia. Gracias a la habilidad política de Isabel, se decidió que las armas de Castilla y León precederían a las de Aragón y Sicilia. El águila de San Juan nimbada, ya era utilizada por Isabel cuando era todavía princesa heredera.

El primer croquis que se hizo del escudo cuartelado se conserva gracias a una carta enviada al abad del Monasterio de Poblet el mismo día del acuerdo.

Posteriormente, el escudo fue incorporando diversos elementos heráldicos a medida que los Reyes Católicos fueron adquiriendo nuevos reinos o territorios: las armas de Granada (1492), y en el segundo cuartel (tras la muerte de Isabel en 1504) las de Nápoles, Jerusalén y Hungría; y desde 1513, Navarra. De este modo, las armas de los reyes Fernando e Isabel están concebidas como la representación de las soberanías que ejercen, y ya no simplemente como armas de linaje.

A menudo acompañan al escudo otras dos divisas: el yugo con el nudo gordiano cortado con el mote «tanto monta…» de Fernando (remite a la anécdota clásica de la biografía de Alejandro Magno. Se igualaba así la habilidad y astucia de Alejandro y de Fernando y el haz de flechas hace referencia a la unión de los dos reinos y a Isabel. Cada una de estas divisas, a ambos lados del escudo, homenajeaba con su inicial al consorte: «F» de Fernando en las flechas de Isabel, e «Y» de la reina Ysabel, con la grafía de la época en el yugo fernandino. Algunas veces aparece acompañando al águila sanjuanista el lema “sub umbra alarum tuarum protege nos” ‘bajo la sombra de tus alas protégenos’, como se observa en las monedas de oro acuñadas en Medina del Campo en 1497.

La construcción del Monasterio de San Juan de los Reyes.

Como indica Faustino Menéndez Pidal de Navascués, seguramente las primeras labras heráldicas que se hicieron de los Reyes Católicos tras la Concordia de Segovia fueron precisamente las del crucero de la iglesia del Monasterio de San Juan de los Reyes de Toledo que hoy recordamos. Al ser su construcción (1477) anterior a la toma de Granada (1492) no se incluye ésta todavía.

Anclado en pleno barrio judío de Toledo, sin duda, se trata de una de las más valiosas muestras del reinado de Isabel la Católica y el edificio más imponente.

La guardia y custodia del monasterio le fue encomendada a los Franciscanos Menores Descalzos de la Estricta Observancia. La elección de esta orden en favor de otras se debe a que éstos querían volver al carisma original, fiel al fundador S. Francisco, de mayor austeridad y rigor de la vida conventual, alejado de los excesos y lujos que se habían dado anteriormente, idea que también compartía el Cardenal Cisneros y apoyaban los monarcas.
Isabel mostraba una gran devoción por San Francisco de Asís y por el Evangelista.

Se pensó en un principio que el Monasterio Franciscano de San Juan de los Reyes de Toledo, fuera panteón real de la nueva dinastía según cuenta fray Pedro de Salazar, cronista de la orden franciscana. Algo que como es sabido no llegaría a suceder, ya que finalmente se estableció en Granada.

En una Real Cédula fechada en 1477, se citan las causas que conduce a la reina Isabel a encargar el proyecto:

Por cuanto yo he tenido y tengo muy singular devoción al bienaventurado Señor San Juan y a la Orden de la Observancia de el Señor San Francisco, he deliberado de facer y edificar una Casa y Monasterio de la dicha Orden de San Francisco.

Considerada obra anónima hasta el siglo XIX, hoy sabemos que el arquitecto fue Juan Guas, el más importante del panorama artístico español a finales del XV. Tras su muerte en 1496 se hace cargo el maestre Egas Cueman. La magnífica escalera que une las dos plantas del claustro la realizó Alonso de Covarrubias a mediados del siglo XVI. Nicolás de Vergara «el Viejo» proyectó la gran portada de acceso a la iglesia en 1553, pero el encargado de acabarla fue Juan Bautista Monegro en los primeros años del siglo XVII.

La historia plasmada en los muros del Monasterio de San Juan de los Reyes

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Convento San Juán de los Reyes

San Juan de los Reyes refleja los éxitos de los monarcas que habían conseguido traer prosperidad al devolver la paz y el orden uniendo los distintos reinos cristianos y todavía luchaban esforzadamente por devolver la fe cristiana a la Península en la Campaña del Reino de Granada. Por ejemplo, llamativas son las cadenas que cuelgan en los muros exteriores, a la altura del crucero, y representan a los miles de cristianos cautivos y liberados durante los años que duró la campaña del Reino de Granada.

El perímetro exterior de la iglesia está recorrido por una franja con un texto, clara adaptación de la epigrafía árabe a la arquitectura cristiana. Toda una declaración de intenciones en su actuar: Non nobis domine, non nobis sed tuo da gloria” Nada para nosotros Señor, sino a tu santo nombre hemos de glorificar Repartidas por la fachada, esculturas de doce heraldos que en la época eran los encargados de preceder a los monarcas en sus apariciones públicas y presentar sus mensajes en cortes de otros reinos.

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Convento San Juán de los Reyes

La puerta por la que se accede al templo está coronada por el célebre conjunto escultórico flamenco del Calvario, donde la Virgen María y San Juan flanquean una gran cruz convertida en Árbol de la Vida, sobre la que se encarama un gran pelícano que está alimentando a sus crías, símbolo de la Eucaristía. Desde san Agustín, que será de los primeros en atreverse a plantear la comparación entre Cristo y el pelícano, este animal ha formado parte de la simbología cristiana desde antiguo y todavía hoy aparece en la puerta de numerosos sagrarios en todo el mundo. La leyenda cuenta de él que alimenta a sus retoños con su sangre y su carne hasta morir, así en la Eucaristía Jesús devuelve la vida a los hombres con su cuerpo y su sangre.

Recordar el bello himno “Adoro te devote”, compuesto por santo Tomás de Aquino para el Oficio del Santo Sacramento:

“Pie pellicane, Iesu Domine,Me immundum munda tuo sanguine Cuius una stilla salvum facere Totum mundum quit ab omni scelere.…”

“Señor Jesús, bondadoso Pelícano, límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero”.

El interior de la Iglesia

La bellísima iglesia, es del «tipo Reyes Católicos», de una sola nave y cabecera poligonal, con capillas entre los contrafuertes, coro alto en los pies sobre la bóveda que sirve de vestíbulo, y altar elevado sobre gradas. Sin duda entronca con el modelo de iglesia de predicación configurado por las órdenes mendicantes en el siglo XIII, tal y como desean los monarcas con su incondicional apoyo a la Orden de la Observancia franciscana: vuelta a los orígenes. Una iglesia abierta para los fieles, no de uso exclusivo para los frailes.

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Convento San Juán de los Reyes

Interesante el presbiterio elevado mediante una escalinata, para mejor visión de los fieles que acudían a los oficios religiosos. Los reyes asistían desde el coro. Las bóvedas, bellísimas, son estrelladas de múltiples nervios. Los grandes ventanales apuntados dejan entrar una luz blanca, natural, como la luz de Dios “Ego sum Lux Mundi”, y llenan el espacio sacro de claridad y armonía.

Tal y como decíamos anteriormente, en este edificio se funde el gótico tardío en cuanto a arquitectura y temas decorativos pero con composiciones y formas de raíces musulmanas, como es la decoración de mocárabes y el letrero que corre a lo largo del edificio, al igual que magnífica bóveda sobre el crucero, que recuerda a las califales de la Mezquita de Córdoba y que lógicamente Guas conoce a través de la mezquita del Cristo de la Luz en Toledo.

La cabecera es la zona que adquiere más relevancia al concentrar el interés místico y litúrgico. Es el lugar de reunión de los frailes cuando asisten al acto litúrgico, pero es, sobre todo, el lugar de la Consagración. El retablo que hoy lo preside no es el original destruido en 1808 por las tropas napoleónica, así como el claustro plateresco que existía contiguo al gótico y la bibliotecay pertenece al Hospital de Santa Cruz (de ahí que veamos el escudo del cardenal Mendoza, patrocinador del mismo) y lo realizó Francisco Comontes. Es interesante saber que representa escenas sobre el descubrimiento de la Santa Cruz por Santa Elena, madre de Constantino.

En cuanto al claustro, su extraordinaria belleza supera con mucho a los contemporáneos; el piso bajo sigue el gótico flamígero, pero en el alto los arcos se inspiran en los mixtilíneos de la época taifa, y la cubierta recurre a una sorprendente techumbre de inspiración mudéjar.

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Convento San Juán de los Reyes

Pasear por él es confirmar que aquellos franciscanos renunciaron a todo por Dios, menos a la belleza. Belleza que emana de Dios Creador. Pues tal y como Platón se atrevió a definirla: La Belleza es el esplendor de la Verdad”. Dice el Catecismo de la Iglesia católica (nº 32): “A través de la belleza se puede conocer a Dios como origen y fin de todo el universo”.

Isabel mostró gran predilección por este emblemático monumento. La biblioteca conventual, que se perdió en el incendio durante la invasión napoleónica, se formó bajo la protección y dirección de la reina.

Como vemos, el arte tiene una importante función social: dar un alma al mundo. Transmitiendo y generando belleza.

En una sociedad marcada por el tener, el afán de lucro, de placer, la búsqueda de beneficio, la obsesión por la satisfacción inmediata, el relativismo, el indiferentismo, etc, creo que es importante reivindicar el interés por el arte como puerta de entrada para a la Belleza, al Bien y a la Verdad.

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