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Isabel: una mujer bajo el ropaje de una reina (I)

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Reina Isabel la Cat√≥lica LUIS DE MADRAZO Y KUNTZ ¬© Museo Nacional del Prado California. 1848. √ďleo sobre lienzo

Publicamos la primera parte del art√≠culo escrito por D¬™ Constanza Carmona Soriano, Historiadora e investigadora, dedicado a los aspectos privados de la vida de la Reina. En los pr√≥ximos d√≠as publicaremos la segunda entrega dedicada a los rasgos que definen su vida p√ļblica.


Isabel La Católica: Punto de referencia como mujer

Es cierto que resulta complicado descubrir a la mujer que había bajo el ropaje de reina, pues la historia se ha ocupado más de sus decisiones políticas que de sus problemas domésticos.

A la hora de estudiar su figura se suele olvidar que vivi√≥ como una mujer de su √©poca, que fue hija, se cas√≥, tuvo hijos que le dieron problemas y disgustos, penas y alegr√≠as, fue amiga de sus amigas, mujeres que compart√≠an proyectos e inquietudes. No siempre ocurre en las personas con responsabilidades p√ļblicas, encontrar una total coherencia de vida acorde a sus profundas creencias cristianas.

Los cronistas se refieren a ella as√≠: ¬ęMuy buena mujer¬Ľ (H. del Pulgar), llena de ¬ęhumanidad¬Ľ (Valera), bondadosa, seg√ļn Palencia. ¬ęEjemplar, de buenas y loables costumbres… Nunca se vio en su persona cosa incompuesta… en sus obras cosa mal hecha ni en sus palabras palabra mal dicha¬Ľ (Pulgar) ¬ęhonestad y mesura… templada y moderada¬Ľ (Flores), ¬ędue√Īa de gran ¬ęcontinencia¬Ľ en sus movimientos y en la expresi√≥n de emociones (Pulgar)

Esta extraordinaria mujer supo brillar, como persona y como reina, en uno de los momentos m√°s decisivos para la historia de Espa√Īa y de la Humanidad, sentando las bases de la Espa√Īa Moderna.

La Vida Privada de Isabel La Católica: Mujer, Hija, Esposa, Madre y Amiga. 

Así la describe su cronista Hermando del Pulgar:

Isabel de Castilla, Luis Madrazo, M. del Prado

Ya desde su infancia, en Ar√©valo, la escasez de lo m√°s necesario para vivir, marc√≥ su car√°cter y su personalidad. All√≠ su madre, Isabel tambi√©n de nombre, iba perdiendo d√≠a a d√≠a la raz√≥n. ¬°La cuid√≥ con cari√Īo hasta el √ļltimo momento! Veamos. Tras la muerte del rey Juan II, all√≠ fueron llevados su viuda y sus hijos Alfonso e Isabel, ni√Īos todav√≠a. Apartados de la corte por Enrique IV, primog√©nito del fallecido y hermanastro de Isabel, al ser hijo del primer matrimonio del fallecido monarca con su primera esposa Mar√≠a de Arag√≥n. Considerados un potencial peligro para su trono, no les permit√≠a salir.¬† La reclusi√≥n forzada de los infantes no impidi√≥ que recibieran una buena educaci√≥n. La reina viuda puso todo el esmero que las circunstancias le permitieron para instruir a sus hijos en el incipiente humanismo. Isabel, con una gran sensibilidad, era una gran aficionada a la lectura, la filosof√≠a y la gram√°tica, a las artes, la pintura, la m√ļsica y la danza. Durante aquellos a√Īos, es natural que Isabel viviera muy unida a su madre. D√≠a a d√≠a, se fue preparando para el alto papel que ten√≠a reservado en la Historia.‚ÄúEsta Reyna de comunal estatura, bien compuesta en su persona e en la proporci√≥n de sus miembros, muy blanca e rubia; los ojos entre verdes e azules, el mirar gra√ßioso e¬† honesto, las fa√ßiones del rostro bien puestas, la cara toda muy hermosa y alegre‚ĶEra muy aguda e discreta, lo cual vemos raras veces concurrir en una persona‚Ķ Era muy cat√≥lica e devota, faz√≠a limosnas secretas e en lugares debidos, honraba las casas de oraci√≥n, visitaua con voluntad los monasterios e casas de religi√≥n, aquellas do conoc√≠a que guardaven vida honesta, e dotaualas magn√≠ficamente‚ÄĚ

Demencia Isabel de Portugal, Pelegri Clave 1855.M San Carlos, Méjico

Las privaciones forjaron en ella una gran fortaleza de car√°cter, abnegaci√≥n, humildad, paciencia, Y no fue la reina de √°nimo menos fuerte para sufrir los dolores corporales… Ni en los dolores que padec√≠a de sus enfermedades, ni en los del parto, que es cosa de grande admiraci√≥n, nunca la vieron quejarse, antes con incre√≠ble y maravillosa fortaleza los sufr√≠a y disimulaba¬Ľ. En la templanza de su cuerpo, manifestaba la templanza de su interior.

Isabel, orgullosa de su condici√≥n femenina(¬°incluso se han descubierto recientemente -en el Archivo Hist√≥rico del Palacio de los Golfines en C√°ceres- documentos que mencionan sus preferencias en perfumes y cosm√©ticos!) defendi√≥ los derechos de la mujer en la sociedad de manera heroica a lo largo de su vida, en una √©poca en que era poco corriente. Lo vemos en el primer acto de gobierno de Fernando II de Arag√≥n e Isabel I de Castilla el 15 de enero de 1475 entre las disposiciones de la Concordia de Segovia ‚ÄúSentencia arbitral‚ÄĚ. Gracias a la habilidad pol√≠tica de Isabel, se decidi√≥ que las armas de Castilla y Le√≥n, preceder√≠an a las de Arag√≥n y Sicilia.

El √°guila de San Juan nimbada, ya era utilizada por Isabel cuando era todav√≠a princesa heredera. Isabel ten√≠a muy clara la igual dignidad entre hombre y mujer y, por tanto, que la mujer ten√≠a el mismo derecho a reinar que el var√≥n. Es revelador que cuando muere su hermanastro el rey Enrique IV, Isabel, sin esperar la llegada de Fernando su marido, se proclama reina de Castilla. Cuando Fernando tuvo noticia r√°pidamente inici√≥ su marcha para reunirse con ella. Cuando por fin lleg√≥ a Segovia, su enfado era grande, pues hubiera querido ser proclamado rey de Castilla, por ser primo de Enrique. ¬°Momento de tensi√≥n en el matrimonio! ¬ŅQui√©n debe reinar? Isabel, para calmarle, argument√≥ previsora y prudente, que hab√≠a sido lo m√°s sensato pues, de no haberse proclamado reina, al tener s√≥lo de momento una hija el matrimonio, Isabel de nombre tambi√©n, en un futuro hipot√©tico podr√≠a verse despojada de la Corona por un tercero que la reclamara por ser var√≥n. De esta manera, estaba defendiendo la herencia de la prole de ambos, y quer√≠a que el reino que hab√≠a sido de su padre Juan II, y por el que estaba luchando, pasara a un hijo de ambos, independientemente de su sexo. Impresiona pensar que, en verdad, este problema se plantear√≠a a√Īos despu√©s cuando la sucesi√≥n de su hija Juana y el deseo de su marido Felipe el Hermoso de apoderarse del trono.

Reyes Cat√≥licos, an√≥nimo XV. Convento Agustinas, Madrigal de las Altas Torres, √Āvila

Siguiendo la costumbre de la √©poca, el matrimonio con Fernando de Arag√≥n no fue un enlace por amor. El amor vendr√≠a despu√©s. No hay duda. Su uni√≥n fue s√≥lida como demuestra en su testamento, donde expresa ‚Äúla grandeza y excelente nobleza y virtudes del rey, mi se√Īor‚Ķ‚ÄĚDesde muy joven se comport√≥ siempre como una mujer valiente y decidida. En un documento conservado en la RAHE resulta muy emotiva la defensa que hace del matrimonio por ella elegido con Fernando de Arag√≥n. Por aquella boda a escondidas, celebrada en Valladolid en 1469, su hermanastro Enrique IV la acusaba de haber incumplido el acuerdo firmado en 1468 en los Toros de Guisando, por el que no casar√≠a sin consentimiento del rey.¬† Sin embargo, Isabel, con una autonom√≠a fuera de lo corriente en una mujer de su √©poca, decide libremente el marido que le conven√≠a. Isabel ve√≠a en Fernando un fuerte aliado y un apoyo en sus actuaciones. As√≠ se lo hace saber a su hermanastro.

Sin esa sinton√≠a propia de matrimonios que miran en la misma direcci√≥n hubiera sido muy dif√≠cil conseguir los muchos logros de su reinado. Mutuamente se respaldaron y ayudaron. ¬°Se complementaron! Isabel fue una buena y fiel esposa. ¬°Una vida en com√ļn aunando esfuerzos en pro de los mismos desvelos!

El cronista Palencia elogia su pudor y pureza de costumbres. ¬ęCast√≠sima, llena de toda honestidad, enemic√≠sima de palabras ni muestras deshonestas¬Ľ, seg√ļn el continuador de Pulgar. Cisneros, que fue su confesor, alaba su ¬ępureza de coraz√≥n¬Ľ. Hay un detalle poco conocido que cuenta el humanista Jer√≥nimo M√ľnzer tras su viaje por Espa√Īa: la reina ten√≠a la costumbre de dormir con damas en su c√°mara y, m√°s adelante, con sus hijas, cuando el rey estaba ausente, para evitar cualquier g√©nero de murmuraciones: el recuerdo de las malas costumbres en √©poca de Enrique IV estar√≠a muy presente en el √°nimo de la reina.

Isabel La Católica: Una Madre Ejemplar

Tuvieron cinco hijos: Isabel (1470-1498)), Juan (1478-1497) Juana (1479-1555), María (1482-1517) y Catalina (1485-1536).

En ellos Isabel se volc√≥ en cuerpo y alma como madre ejemplar. Por supuesto, las cuatro hijas fueron educadas con el mismo esmero que su hijo Juan, procurando darles la mejor preparaci√≥n humana, cultural e intelectual. Como mujeres del Renacimiento, sab√≠an leer y escribir correctamente, empleaban el lat√≠n con desenvoltura (para ello hizo venir a Beatriz Galindo ‚ÄúLa Latina‚ÄĚ a la Corte). Las cuatro cumplieron su papel con nobleza de esp√≠ritu y lealtad a la herencia recibida. Realmente, fueron dignas hijas de su madre.

La reina Católica presidiendo la educación de sus hijos, Isidoro Lozano, 1864. M. del Prado

Hay gestos de cari√Īo a sus hijos muy entra√Īables. En cuanto tuvieron edad, conciliando sus obligaciones, procuraba que sus hijos la acompa√Īaran en los muchos viajes que se ve√≠a obligada a hacer. Ante la fr√°gil salud de su hijo Juan permanec√≠a velando al enfermo al pie de la cama siempre. Juana, con apenas 17 deb√≠a partir desde Laredo en barco a los Pa√≠ses Bajos para reunirse con su futuro marido Felipe de Austria, ‚Äúel Hermoso‚ÄĚ, en 1476.Isabel la acompa√Ī√≥ y permaneci√≥ con ella varios d√≠as embarcada hasta su partida para que se acostumbrara al balanceo del mar. Incluso en casos extremos fue madre coraje, como cuando en un fr√≠o mes de noviembre de 1503 tuvo que acudir enferma a Medina del Campo desde Segovia pues le llegan noticias alarmantes de que su hija Juana se negaba a entrar a resguardo de la noche hasta que le dejaran partir a Flandes.¬† Tras largas conversaciones, Juana march√≥ y ya no volvi√≥ a ver a su madre.

Una enorme confianza en Dios le permitió sobrellevar los problemas, tanto políticos como personales. Afrontó las contrariedades con esperanza y fortaleza de ánimo. Soportó los muchos disgustos de la vida con entereza y paciencia.

Isabel La Cat√≥lica: √öltimos A√Īos de su Vida

De todos es sabido que los √ļltimos a√Īos fueron especialmente tr√°gicos para ella. Vio morir a dos hijos y dos nietos. ‚ÄúDios da y Dios quita‚ÄĚ dicen que murmur√≥ la reina.¬† ¬°Inmenso dolor del que no se recuperar√≠a nunca y fue minando su salud‚Ķ pero no su esp√≠ritu! Juan el heredero y en quien se hab√≠an puesto grandes esperanzas, muri√≥ prematuramente de unas fiebres, ‚Äúfue la primera estocada del dolor que atraves√≥ el alma de la reina‚ÄĚ afirma su bi√≥grafo Bern√°ldez. Su viuda Margarita de Austria quedaba embarazada de una hija que naci√≥ muerta. Al poco tiempo, la hija mayor Isabel, viuda por segunda vez, convertida entonces en heredera, muere en el parto al dar a luz a Miguel, nieto que tambi√©n muere a los dos a√Īos de vida en 1500, llev√°ndose consigo la esperanza de Espa√Īa.¬† Una enorme tristeza acompa√Īaba una enorme preocupaci√≥n por la sucesi√≥n del trono, pues la siguiente heredera, Juana, no parec√≠a poder, o no quer√≠a, ocuparse del reino. En el lecho de muerte, 1504, redact√≥ un bell√≠simo testamento en el que daba muestras de un profundo amor a su familia.

Retrato póstumo de Luisa de Medrano como Sibila, Juan Soreda,1530
Beatriz de Bobadilla, Biblioteca Nacional
Teresa Enríquez de Alvarado

Acostumbrada desde ni√Īa a la escasez, demostr√≥ muy poco apego por los bienes materiales. Pudiendo haber tenido cuanto deseara dada su condici√≥n de reina, el desprendimiento le llev√≥ a donar en cuanto pod√≠a para fines elevados.¬† Algunos ejemplos. No dud√≥ en donar el primer oro que Col√≥n le trajera tras su primer viaje a de las Indias, para encargar al orfebre catal√°n Almerique el ‚ÄúOstensorio de Isabel la Cat√≥lica‚ÄĚ. Ser√≠a el embri√≥n de la grandiosa Custodia de la Catedral de Toledo, realizada a√Īos despu√©s, en 1515, por Enrique de Arfe .La reina era generosa en sus limosnas. Fue ¬ęmuy amiga de los buenos y buenas, as√≠ religiosos como seglares, limosnera y edificadora de templos y monasterios¬Ľ (Bern√°ldez), y dadivosa con las casas de religiosos y monasterios que viv√≠an los ideales reformistas, ¬ęaquellas do conoc√≠a que guardaban vida honesta¬Ľ (Pulgar).¬† En el mismo testamento de la reina, hay muchas y muy sustanciosas partidas de dinero dedicadas a dotes, que favorec√≠an a doncellas hu√©rfanas (dos millones de maraved√≠es), redimir cautivos por los infieles, socorrer pobres, etc. Isabel, como mujer que era, sinti√≥ la necesidad de crear alrededor suyo un entorno de calidez humana. Isabel honr√≥ a varias mujeres con su amistad. Con ellas compart√≠a inquietudes y un mismo proyecto de vida. Favoreci√≥ su intervenci√≥n en aquellos √°mbitos para los que estuvieran preparadas. Sus iniciativas eran acogidas con entusiasmo por la reina, quien las defendi√≥ y foment√≥. Tal fue el caso de Luisa de Medrano, que aprovech√≥ la oportunidad brindada por la soberana y termin√≥ siendo catedr√°tica de Ret√≥rica en la Universidad de Salamanca. Eran mujeres cultas y activas, conscientes de la realidad social de finales del siglo XV y de sus necesidades. D¬™ Teresa Enr√≠quez, D¬™ Beatriz de Silva– D¬™ Beatriz de Bobadilla, D¬™ Beatriz Galindo ‚Äúla Latina‚ÄĚ, damas de la casa Mendoza, entre otras. Mujeres pioneras asombrosas que pasaron a la historia por propios m√©ritos.

Isabel La Católica: Ferviente Católica

Virgen de los Reyes s .XV M. del Prado

En cuanto a su fe, Bern√°ldez dice de ella: ¬ęmuy cat√≥lica en la santa fe… devot√≠sima y muy obediente a la Santa Madre Iglesia… contemplativa e muy amiga e devota de la sancta e limpia religi√≥n¬Ľ‚Ķ, El continuador de Pulgar a√Īade que ten√≠a ¬ępensamientos muy santos y justos¬Ľ y Cisneros resalta su ¬ępiedad cristiana¬Ľ,. ¬ęDada a la contemplaci√≥n y dedicada a Dios. Ocup√°base en los oficios divinos muy continuamente, ni por eso dejaba la gobernaci√≥n humana¬Ľ (Cont. Pulgar) Para sus exequias f√ļnebres dej√≥ en su testamente instrucciones de la sencillez con que quer√≠a celebrarlos, y su sepultura, con losa baja, en el Monasterio franciscano de la Alhambra en Granada. ‚Äú‚Ķy lo que se hubiere gastado en unas grandes exequias se destine a vestir pobres y, la cera que hubiese ardido en demas√≠a se env√≠e a aquellas iglesias pobres que consideren mis albaceas para que arda ante el Sacramento‚ÄĚ

Su feminidad le hac√≠a sentir una gran empat√≠a por los problemas de los dem√°s y busc√≥ la mejor de las soluciones para cada uno de ellos. De ella alaban sus contempor√°neos su ¬ęgran coraz√≥n¬Ľ, ¬ęfuerte coraz√≥n¬Ľ y ¬ęgrandeza de alma¬Ľ (Pulgar, Angler√≠a, S√≠culo, Cisneros). Se ‚Äúcomplic√≥ la vida‚ÄĚ, si, implic√°ndose en proyectos en favor del necesitado. Tambi√©n en su vida p√ļblica, como veremos despu√©s. Era una consecuencia m√°s de su convicci√≥n de la dignidad de toda persona como hijos de Dios.

Hospital RR.CC Santiago de Compostela
Hospital de Granada

Fund√≥ hospitales para el cuidado de enfermos: Hospital Real de Granada, que no vio terminado, hoy grandiosa sede del Rectorado y Biblioteca de la Universidad. Asimismo, tras una visita a Compostela en 1486 en la que vio el estado en que llegaban muchos peregrinos tras semanas de grand√≠simo esfuerzo y privaciones, mand√≥ construir bajo su mecenazgo en 1501 el Hospital de Santiago (hoy Parador Nacional)sin escatimar gastos para mejor alojamiento de los que requer√≠an auxilio m√©dico-. En lo alto de la capilla, bajo la b√≥veda de crucer√≠a, un friso con inscripci√≥n latina que viene a decir: ‚ÄúPiensa que la muerte nos est√° amenazando siempre y que nuestra vida dura solo un instante. Piensa cu√°n falsos los deleites, cu√°n enga√Īosos los honores, cu√°n mortales las riquezas, cu√°n breve, incierto y falso lo que todo esto puede servirnos. Por lo tanto, ap√°rtate del mal y haz bien a estos pobres‚ÄĚ.

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