En unos días comenzamos la Cuaresma. Más que una costumbre anual, es una invitación muy concreta: volver al corazón, volver a Dios, volver a lo que de verdad sostiene nuestra vida.
Con el paso del tiempo es fácil que la fe quede relegada a un segundo plano. Las responsabilidades, el trabajo, la familia y las preocupaciones ocupan casi todo el espacio. Sin embargo, algo dentro de nosotros sigue pidiendo profundidad, silencio y sentido. La Cuaresma llega precisamente para eso. ¿Estás listo para el reto?
El profeta Joel lo expresa con claridad: “Convertíos a mí de todo corazón” (Jl 2,12). No se trata solo de cambiar hábitos externos, sino de permitir que el Señor toque lo que sucede por dentro. Es un tiempo para revisar prioridades, sanar heridas, fortalecer la voluntad y aprender a amar mejor.
Estos cuarenta días no son una carga, sino una oportunidad. En realidad, son un entrenamiento del alma. Jesús también pasó por el desierto antes de iniciar su misión. Allí, en el silencio y en la prueba, se preparó para entregarse del todo. Nosotros, en medio de nuestra vida diaria, también necesitamos ese pequeño “desierto” con momentos de oración más consciente, gestos concretos de caridad, renuncias que nos ayuden a ordenar el corazón.
Por eso hemos preparado un nuevo Cuaresmario. No es solo un texto para leer, sino una guía práctica pensada para los que quieren vivir su fe con mayor coherencia. Encontrarás propuestas sencillas para cada día: ideas para rezar mejor, pequeñas acciones de servicio, retos que te ayuden a salir de la comodidad y avanzar un paso más.
Porque la Cuaresma no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en vivir de manera extraordinaria lo ordinario. Como nos recuerda el Señor: “Donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mt 6,21). Esta puede ser la ocasión para preguntarte con sinceridad dónde quieres poner el tuyo.
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Quizá esta Cuaresma sea diferente. Quizá sea el momento de dar ese paso que llevas tiempo posponiendo.
¡Comencemos el camino!
