Jul 9, 2018 | Cultura, Libros, Peticiones
¿No te pasa que, cuando lees, parece que, de alguna forma, convives con los personajes? A mí me ha pasado. Y casi más en las “lecturas veraniegas”, ya que durante el curso encuentro menos momentos para leer, entre el trabajo, los coles de los niños, las labores de Enraizados…
Pero cuando meto un libro en la maleta, viaja conmigo y, al encontrar ratos más largos para leer, parece que me sumerjo en él.
Como todos los veranos, te quiero ofrecer un par de libros, esta vez históricos, para que los incluyas en tu equipaje. Sabes que dentro de nuestro proyecto “España en la Historia” queremos recordar la Historia que tanto intentan tergiversar.
El primero de los libros es uno que ya te anuncié hace unos meses, y al fin está listo: Es una reedición de “Isabel, la Cruzada”, de W.T. Walsh, que Enraizados ha estado preparando minuciosamente.
No sabes las ganas que tenía de que este proyecto viera la luz y poder compartir contigo la lectura de esta magnífica obra.
Es un libro de muy fácil lectura donde se da a conocer, de una forma novelada pero fiel a los acontecimientos de la Reina, la vida de una de las mujeres con un papel más importante en la Historia de la humanidad.
Puedes conseguirlo por 7 euros (5 si eres socio de Enraizados), enviándonos tu dirección y tu teléfono a info@enraizados.org y haciendo una transferencia a ES11 1465 0100 9119 0000 1688 (o por paypal con tu tarjeta de crédito), poniendo como concepto: “Libro Isabel”.
Como aperitivo, te dejo una pequeña introducción que podrás encontrar en la contraportada:
“La reivindicación de Isabel de Castilla es la mejor forma de iluminar algunos de los principales problemas a los que nos enfrentamos en la actualidad.
En Isabel encontramos un ejemplo práctico del papel de la mujer, esposa, madre, trabajadora (como Reina). Ninguna otra mujer a lo largo de nuestra Historia ha sido tan importante en la realización del bien común de su época.
En Isabel encontramos también la reivindicación de la vida política como servicio, como expresión de la caridad.
En Isabel encontramos una defensora de los derechos fundamentales de toda persona. Su defensa de sus nuevos súbditos, los españoles del otro lado del océano, es una obra maestra del genio humano.
En Isabel encontramos, en definitiva, lo que la gracia puede hacer en aquellos a los que llama y que se dejan guiar. Encontramos un modelo de cristiana consciente, un modelo de santidad.
En palabras de la Comisión Histórica para el Proceso de Canonización de la Reina: ‘No se encuentra un solo acto, público o privado, de la Reina Isabel que no esté inspirado en criterios cristianos y evangélicos’”.
El segundo libro que quiero recomendarte para este verano es “Blas de Lezo y la defensa de Cartagena de Indias”, de nuestros amigos de Gestas de España. Es un comic ilustrado muy recomendado como lectura especialmente para los más pequeños, pero también para los adultos, sobre la vida de este personaje de la historia de España tan olvidado. Como los ‘gesteros’ dicen, nada tiene que envidiar a los personajes de Marvel.
También puedes conseguirlo por 9 euros (7 si eres socio de Enraizados), enviándonos tu dirección y tu teléfono a info@enraizados.org y haciendo una transferencia a ES11 1465 0100 9119 0000 1688 (o por paypal con tu tarjeta de crédito), poniendo como concepto: “Libro Blas”.
Blas de Lezo puede convertirse en el héroe de nuestras vacaciones, porque además sabemos que fue real. El “medio-hombre” (perdió en las batallas un ojo, un brazo y una pierna) fue un valiente e ingenioso almirante cuya vida todos deberíamos conocer.
Mira que pedazo frase dijo: “Una nación no se pierde porque unos la ataquen, sino porque quienes la aman no la defienden”. Podríamos aplicarla al momento actual perfectamente.
Si quieres los dos libros, tienes un descuento. Por amar nuestra Historia.
Puedes conseguir los dos por 13 euros (10 si eres socio). En este caso, tras enviarnos tu dirección y tu teléfono a info@enarizados.org, haz la transferencia a ES11 1465 0100 9119 0000 1688 (o por paypal con tu tarjeta de crédito), poniendo como concepto: “Libros Historia”.
Gracias por honrar, recordar y dar a conocer a personajes tan vilipendiados como Isabel la Católica (por su “leyenda negra”) y tan olvidados como Don Blas.
Gracias por amar y no olvidar la Historia de España.
Gracias por transmitirla a las nuevas generaciones.
Jul 4, 2018 | Actualidad

El 17 de septiembre de 1388, en virtud del tratado de Bayona, el futuro Enrique III se casó en la Catedral de San Antolín de Palencia con su prima Catalina de Lancáster, hija de Juan de Gante, duque de Lancaster, y de Constanza de Castilla, por lo tanto descendiente de Pedro I el Cruel; esto permitió solucionar el conflicto dinástico tras la muerte de Pedro, afianzar la Casa de Trastámara y establecer la paz entre Inglaterra y Castilla.
Príncipe de Asturias
Simultáneamente a su boda, con el beneplácito de las cortes de Briviesca, recibió el título de Príncipe de Asturias, siendo el primero en llevar dicho título, pues anteriormente los primogénitos de los reyes castellanos se habían llamado infantes mayores. En octubre de 1390, su padre, el rey Juan, murió en Alcalá como consecuencia de una caída del caballo y Enrique fue proclamado rey. Tras un período de regencias, asumió el poder efectivo el 2 de agosto de 1393.
Dejando de lado otros acontecimientos en el reinado de Enrique, nos ocuparemos brevemente de un hecho llamativo. En 1403, el Rey envió una segunda embajada al emir turco-mongol Tamorlán, figurando al frente de ella Ruy Gonzalez de Clavijo y un dominico, Alfonso Páez de Santamaría, conocedor de lenguas extranjeras, prolongado viaje y del cual nos queda un relato, Embajada a Tamorlán. La obra, en cualquier caso, está escrita con un estilo claro y directo, que se hace más vivo y suelto en sus últimos capítulos, incluso buscando la complicidad del lector. Todo ello convierte a la Embajada a Tamorlán en uno de los libros de viaje más amenos e interesantes de la literatura medieval española
Los expedicionarios enviados por Enrique III se embarcaron en el Puerto de Santa María el día 21 de mayo de 1403, en un periplo rumbo a Trebisonda, en las proximidades del Mar Negro. Con escala en Málaga, Ibiza y Mallorca, las goletas se abastecieron en el puerto napolitano de Gaeta, para continuar la navegación con escala en Rodas y atracar en Pera, donde el mal tiempo les retuvo durante el invierno. Mejoradas las condiciones de navegación, salieron hacia el Mar Negro para llegar al puerto de destino, Trebisonda.
La segunda etapa, con destino final en Samarcanda, se inició el 8 de septiembre de 1404. Atravesados Arzinjan, Turis y Teheran, cruzado el tío Briamo, llegaron a la corte de Tamorlán donde fueron recibidos por el propio Khan, que expresó su gran alegría de recibir la embajada del Rey Enrique, llamándole «hijo». Durante cerca de dos meses y medio, González de Clavijo y sus compañeros residieron en Samarcanda, fascinados por el trato que se les daba y por las maravillas que allí contemplaban; palacios, vidrieras, alfombras, piedras preciosas. El 21 de noviembre de 1404, tras las confusas noticias que difundían la muerte del anciano Tamorlán, los embajadores emprendieron el viaje de regreso a España, más largo y penoso que el trayecto de ida. El 28 de febrero de 1405 arribaron nuevamente a Turis, en donde se vieron forzados a permanecer hasta finales de agosto. Llegaron a Trebisonda el 17 de septiembre, para tocar la ciudad de Pera el 22 de octubre. Alcanzaron Sicilia y Gaeta, para anclar en el puerto de Génova por la mala mar, hasta que en marzo de 1406 llegaron a las costas de Sanlúcar de Barrameda, para arribar a finales del dicho mes a Alcalá de Henares, después de cerca de tres años de haber partido desde Puerto de Santa María.
Sin duda hubo intereses políticos que habían guiado a los embajadores de Enrique III hasta la exótica corte de Tamorlán, mas la relación de su viaje fascinó a los lectores de su época por las minuciosas descripciones de todos los territorios que recorrieron, sus novedosas noticias acerca de las costumbres y formas de vida orientales, sus agudas apreciaciones sobre las religiones y supersticiones asiáticas — desconocidas en Occidente —, su mezcla de rigor testimonial con fantasía libresca, su apasionada relación de los múltiples peligros sobrevenidos durante tan largo viaje y sus curiosas observaciones lingüísticas, fruto de la redacción de los embajadores o, cuando menos, de Clavijo y Alonso Páez de Santamaría y seguramente con intervención del diplomático tártaro Mohamad Alcagí. Aunque fue el famoso impresor Antonio de Sancha (1720-1790) quien, desde el privilegiado frontispicio del título, volvió a atribuir resueltamente la obra a un único autor (Historia del Gran Tamerlán e itinerario y narración del viaje y de la embajada que Ruy González de Clavijo le hizo). Sea como sea, Castilla dejó su impronta en la milenaria Samarcanda, antes persa, turca, árabe y hoy uzbeka, con un itinerario inaudito en pleno siglo XV.
Francisco Gilet.
Fuentes:
- LASSO DE LA VEGA, Ángel. «Viajeros españoles de la Edad Media», en Boletín de la Sociedad Geográfica de Madrid (Madrid), nº 12 (1882), págs. 227-257.
- LÓPEZ ESTRADA, Francisco [ed.] Embajada a Tamorlán (Madrid: CSIC, 1943)
- LÓPEZ ESTRADA, Francisco. «Viajeros españoles en Asia: la embajada de Enrique III a Tamorlán (1403-1406)», en Revista de la Universidad Complutense (Madrid), nº 3 (1981).
Jun 20, 2018 | Actualidad

Como había prometido, faltaba cerrar este ciclo de artículos relativos a la presencia de España en Asia, aquella que se comenzó hace largo tiempo con la llegada de Magallanes a Filipinas. Ahora toca cerrarlo con otra gran historia ‘de heroísmo a la española’.
Hablando del final de nuestra presencia en Filipinas, es fácil imaginarse la historia de la que estamos hablando, pero… ¡quizás podamos dar algunos puntos de vista nuevos!
Lo primero era encontrar una fecha en la que publicar este homenaje ¡pasaron tantas cosas en el mes de junio de aquel 1899!. Al final he elegido el 20 de junio de 1899 como fecha de publicación.
¡Al fin y al cabo en la imagen podemos ver como esa fecha se encuentra inmortalizada en mármol!
“…La resistencia de esta guarnición fue alabada por el general Aguinaldo en un documento público enviado a Tarlac el 20 de junio de 1899…”.
Para conocer los detalles de tan gloriosa gesta les dejo el siguiente enlace de “momentosespañoles.es”, pero… ¿fueron los últimos en regresar a España?
No parece que esté del todo claro. Después del 2 de junio de 1899 todavía quedaban más de 5.000 españoles olvidados y perdidos por la selva. Y entre ellos, un numeroso grupo, resto de los defensores del sitio de Tayabas, que no fueron liberados por las fuerzas estadounidenses del coronel Anderson al mando del 38 de voluntarios de Estados Unidos hasta el año 1.900, como nos recuerdan en el artículo de la “Fundación Museo Naval”.
Pero el título es ‘Una guerra imposible de ganar’ y así parece que fue.
Se enfrentaban dos imperios: uno en decadencia, con importantes problemas internos, como era el español, con uno en pleno crecimiento y expansionismo, como era el estadounidense, que se estaba extendiendo a marchas forzadas y con un crecimiento demográfico, industrial y militar desconocido hasta el momento, que se había expandido por toda Norteamérica uniendo las costas de ambos océanos, Atlántico y Pacífico, en pocos años. Tan en pocos años que se les hizo ‘tan corto’, por lo que pronto puso su mirada en el continente asiático, China y Filipinas, al igual que desde hacía tiempo lo había puesto en el resto de América con el eslogan ‘América para los americanos’ que acuñó en 1823 el presidente James Monroe y desarrolló su sucesor en el cargo John Q. Adams.
En este escenario, el choque era inevitable y la victoria española era complicada, como nos aclaran desde ‘momentosespañoles.es’ en su comentario, la guerra se perdió en los campos de batalla filipinos y cubanos y en especial en las batallas navales de Cavite y Santiago de Cuba, pero mucho antes se había ya perdido en los despachos del Gobierno de España, donde con políticas erráticas y planes de inversión poco claros, hizo imposible la defensa de los territorios ultramarinos de España.
¡Aunque mucho queda por estudiar y difundir del confuso siglo XIX español!
Todos tenemos la imagen, al menos yo tengo la imagen, que con la destrucción de las flotas del Almirante Cervera y del Contralmirante Montojo las fuerzas españolas estaban totalmente aniquiladas, pero convendría estudiar con mayor detalle la situación: en Cuba aun quedaban 100.000 soldados dispuestos a luchar y en ‘la mar’ quedaban flotas españolas que todavía podían combatir.
“…Durante la Guerra Hispano-estadounidense, se planeó un contragolpe que aliviara la situación del Almirante Cervera y de paso realizar algún bombardeo sobre la costa americana.
Para llevar a cabo tal contraataque, el elegido fue el almirante Manuel de la Cámara Livermore.
Se trataba de crear dificultades a los norteamericanos, con los buques que quedaban en España, y posibilitar alguna victoria que elevase la moral española. Para ello se iban a crear tres divisiones navales que pudieran desconcertar al enemigo:
- la 1ª División estaría al mando del propio Cámara, y estaría compuesta por el crucero Carlos V, los cruceros auxiliares Meteoro, Patriota y Rápido, así como el aviso Giralda;
- la 2ª División estaría al mando del capitán de navío José Ferrándiz, y estaría compuesta por el acorazado Pelayo, el acorazado-guardacostas Vitoria y los destructores Osado, Audaz y Proserpina;
- la 3ª División estaría mandada por el capitán de navío José Barrasa, compuesta únicamente de tres cruceros auxiliares, el Buenos Aires, el Antonio López y el Alfonso XII.
Debido a la corta autonomía del acorazado Pelayo y de la Vitoria, la 2ª División haría una maniobra diversiva, navegando unos días en dirección al teatro de operaciones del Caribe, cambiando el rumbo posteriormente para regresar a aguas nacionales y proteger las costas españolas de un posible ataque americano, uniéndosele el crucero protegido Alfonso XIII, una desgraciada copia española del desaparecido Reina Regente.
La 1ª División, en la que se integraba el Carlos V, se dirigiría hacia las islas Bermudas, donde recibiría órdenes e informes, para iniciar posteriormente un ataque contra la costa este americana, dirigiéndose hacia el norte, rumbo a Halifax, en Canadá, dominio británico, para recibir nuevas instrucciones, y dirigirse después al mar Caribe, cayendo sobre las Islas Turcas.
La 3ª División debería dirigirse hacia la zona del Cabo San Roque, en Brasil, y desde allí dedicarse a hostigar el tráfico mercante enemigo.
Esta acción no se llegaría a producir, entre otros motivos por las presiones británicas, que no deseaban la extensión de la guerra a todo el Atlántico.
Con posterioridad, se formaría otra escuadra con órdenes de dirigirse a Filipinas al mando del almirante Cámara. Sería retenida en el canal de Suez hasta lo indecible, mientras que el magnate de la prensa W. Hearst daba la orden a un enviado suyo de que adquiriese un buque para hundirlo en el lugar donde pudiera obstaculizar el paso de la escuadra española.
Finalmente, tras muchos contratiempos, la destrucción de la escuadra del almirante Cervera y el temor a un ataque sobre las costas españolas hizo que la escuadra de Cámara retornase a toda prisa a la Península…”
Cómo no he podido contrastar toda esta información la pongo toda en ‘cuarentena’ pero desde luego es una visión muy interesante a investigar, analizar y aclarar.
Animo a todos ustedes para que lo estudien y nos cuenten el resultado, tanto si se confirma como si se rechaza la información anterior.
Asumiendo como cierto todo lo aquí escrito, se puede llegar a la conclusión de que la guerra no solo se perdió en los despachos de Madrid, sino que ya se había empezado a perder mucho antes en los grandes centros internacionales del poder político y económico de Nueva York, Washington y Londres.
Para no alargarme mucho más y creyendo que les he proporcionado suficiente información para que, si la curiosidad y su tiempo se lo permite, sigan profundizando en el importante siglo XIX, clave para la posterior Historia de España, les dejo un enlace de nuestros habituales audios de ‘Memorias de un tambor’ para aquellos que con menos tiempo libre puedan conocer más detalles de lo ocurrido cuando se desplazan en el transporte público, trabajan, van al gimnasio…
Pero no puedo, antes de despedirme, dejar de copiarles la lista de aquellos que quedaron sitiados en la defensa de Baler ya que es importante recordarles.
Vicente Medina
Enrique de Las Morenas y Fossi, capitán de Infantería, fallecido por enfermedad.
Juan Alonso Zayas, segundo teniente, fallecido por enfermedad.
Saturnino Martín Cerezo, segundo teniente, herido.
Vicente González Toca, cabo, fusilado.
José Chaves Martín, cabo, fallecido por enfermedad.
Jesús García Quijano, cabo, herido grave.
José Olivares Conejero, cabo.
Santos González Roncal, corneta.
Félix Herrero López, soldado 2.ª, desertor.
Félix García Torres, soldado 2.ª, desertor.
Julián Galvete Iturmendi, soldado 2.ª, fallecido por heridas.
Juan Chamizo Lucas, soldado 2.ª
José Hernández Arocha, soldado 2.ª
José Lafarga Abad, soldado 2.ª, fallecido por enfermedad.
Luis Cervantes Dato, soldado 2.ª
Manuel Menor Ortega, soldado 2.ª
Vicente Pedrosa Carballeda, soldado 2.ª
Antonio Bauza Fullana, soldado.
Antonio Menache Sánchez, soldado, fusilado.
Baldomero Larrode Paracuello, soldado, fallecido por enfermedad.
Domingo Castro Camarena, soldado.
Eustaquio Gopar Hernández, soldado.
Eufemio Sánchez Martínez, soldado.
Emilio Fabregat Fabregat, soldado
Felipe Castillo Castillo, soldado.
Francisco Rovira Mompó, soldado, fallecido por enfermedad.
Francisco Real Yuste, soldado.
Juan Fuentes Damián, soldado, fallecido por enfermedad.
José Pineda Turán, soldado.
José Sanz Meramendi, soldado, fallecido por enfermedad.
José Jiménez Berro, soldado.
José Alcaide Bayona, soldado, desertor.
José Martínez Santos, soldado.
Jaime Caldentey Nadal, soldado, desertor.
Loreto Gallego García, soldado.
Marcos Mateo Conesa, soldado.
Miguel Pérez Leal, soldado, herido grave.
Miguel Méndez Expósito, soldado.
Manuel Navarro León, soldado, fallecido por enfermedad.
Marcos José Petanas, soldado, fallecido por enfermedad.
Pedro Izquierdo Arnaiz, soldado, fallecido por enfermedad.
Pedro Vila Garganté, soldado.
Pedro Planas Basagañas, soldado.
Ramón Donat Pastor, soldado, fallecido por enfermedad.
Ramón Mir Brils, soldado.
Ramón Boades Tormo, soldado.
Román López Lozano, soldado, fallecido por enfermedad
Ramón Ripollés Cardona, soldado.
Salvador Santa María Aparicio, soldado, fallecido por heridas.
Timoteo López Larios, soldado.
Gregorio Catalán Valero, soldado.
Rafael Alonso Medero, soldado, fallecido por enfermedad.
Marcelo Adrián Obregón, soldado.
Rogelio Vigil de Quiñones Alfaro, médico provisional, herido.
Alfonso Sus Fojas, cabo indígena, desertor.
Tomás Paladio Paredes, sanitario indígena, desertor.
Bernardino Sánchez Cainzos, civil.
Fray Cándido Gómez Carreño, párroco de Baler, fallecido por enfermedad.
Félix Minaya López, fraile franciscano, acogido en la iglesia de Baler para sumarse a los sitiados.
Juan López, fraile franciscano, acogido en la iglesia de Baler para sumarse a los sitiados.