Mar 19, 2018 | Actualidad
(Del libro “Un día, una historia”, de Jaime Retena, promovido por la Fundación Villacisneros)
Melilla, bajo el mando del mariscal de Campo Don Juan Sherlock, resiste el asedio de Mohamed lll durante 3 meses y medio. Después de una heroica resistencia, los marroquíes se retiran (1775).
Mohammed III reunió un ejército de 40.000 hombres y bombardeó ininterrumpidamente durante cien días los cuatro recintos fortificados que componían la ciudad con más de 12.000 bombas. La intensidad del bombardeo era tal que los melillenses lo bautizaron popularmente como el rosario de Mahoma. Una pequeña guarnición bajo el mando de Florencio Moreno resistió de igual manera al ejército del sultán en el Peñón de Vélez de la Gomera.
Carlos III envió una escuadra de socorro al mando de Francisco Hidalgo de Cisneros, que realizó labores de escolta de convoyes y bombardeo sobre las posiciones de los sitiadores, logrando dispersar las fuerzas enemigas. Sherlock logró romper el cerco y Melilla fue liberada tras más de 100 días de asedio, siendo aún conmemorado como Nuestra Señora de las Victorias.
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También, el 19 de marzo de:
- 1534: Nace San José de Anchieta, misionero jesuita.
- 1601: Nace en Granada el pintor Alonso Cano.
Mar 18, 2018 | Actualidad

Este barco de fabricación portuguesa y estructura rocosa sirvió en numerosas batallas a la corona española, logró sus mayores glorias en las costas de las Azores y llegó a sobrevivir el descalabro de la Armada Invencible.
El galeón fue el barco por antonomasia de la Armada española, al menos durante los años del comercio con América, cometido para el que nacieron.
Aunque se tiene por un invento típicamente español, lo cierto es que existen referencias en Italia de un barco llamado ‘galeone’ a finales del siglo XV y también hay evidencias de ‘galions’ franceses mandados construir por el monarca Francisco I.
Los galeones españoles fueron diseñados en el siglo XVI y por su gran tamaño y poder destructivo, eran igualmente utilizados para el comercio transoceánico y la guerra. La idea era construir un barco con gran capacidad de carga que aunase un casco resistente y la máxima maniobrabilidad, capaz de realizar largas travesías.
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Fuera o no un invento nacional, el galeón español, distinto de los extranjeros, fue el mejor ejemplar que surcó los mares en los siglos XVI y XVII. Las hazañas protagonizadas por algunos de estos barcos y por los avezados marinos que los dirigían son incontables.
Una de ellas, curiosa y legendaria entre todas las demás, es la del galeón San Martín.
Construido en los astilleros portugueses, el galeón San Martín pasó a manos españolas en 1580, cuando el rey Felipe II hizo valer sus derechos dinásticos sobre el país luso tras la muerte de Sebastián I.
La primera referencia que tenemos de él, con su casco de siete forros y sus 50 piezas de artillería es de 1574, frente a las costas de Marruecos, en aquella operación infructuosa que pretendía derrocar al sultán.
A bordo del San Martín, la nave capitana, iba el rey portugués Sebastián I, que tendría que regresar a Lisboa sin su botín y por poco también sin la vida, pues al barco le sorprendió un temporal que no lo hundió de milagro.
El barco participaría también en la batalla de Alcazarquivir, conocida como la de los tres sultanes y donde morirían todos ellos, el rey portugués Sebastián y los dos aspirantes marroquíes.
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En lo que respecta a nuestro barco, el galeón San Martín pasó a formar parte de la Armada española justo después de enfrentarse a ella durante la defensa de Lisboa.
Su primer servicio a la corona española fue precisamente frente a las fuerzas rebeldes portuguesas, (…) Álvaro de Bazán fue el almirante encargado de comandar la flota española desde el galeón San Martín, (…)
Así se produjo el combate naval de las Islas Terceras, donde Bazán hizo frente al almirante francés Strozzi – aliados del portugués por oposición a España – con dos galeones, el San Martín y el San Mateo, 15 naos y 8 urcas flamencas, tripuladas por 4.500 infantes y artilleros. Otras 20 naos y 12 galeras aguardaban en Cádiz pero Bazán no quiso demorar el combate y partió sin ellas, pese a que Strozzi contaba con 60 buques de guerra para hacerle frente y 7.000 soldados embarcados.
El 24 de julio de 1582 empezaron las hostilidades, aprovechando la flota francesa un barlovento que no le sirvió sin embargo para hacer mucha sangre. El 26 retomaron el combate, esta vez en una lucha de poder a poder. Bazán avanzaba en hilera con sus barcos más poderosos en punta pero incluso la retaguardia tenía orden de acudir allí donde hubiera combate.
El San Mateo iba en vanguardia y era acosado por los franceses al comienzo de la batalla pero logró aguantar a duras penas hasta que el San Martín llegó en su auxilio con otros siete barcos.
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La Armada Invencible
El galeón San Martín fue también la nave capitana de aquella conquista imposible, preparada a conciencia pero que no había nacido para luchar contra los elementos. El San Martín, al menos, regresaría para contarlo, lo que no pudieron hacer muchos otros.
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Bazán tenía a su disposición 130 buques que armaban 2.431 cañones y más de 25.000 tripulantes en lo que era la mayor flota reunida hasta el momento, pero falleció antes de que partiera hacia Inglaterra. Fue sustituido por Alfonso Pérez de Guzmán, duque de Medina Sidonia, hombre de gran autoridad y valía pero mucho menos avezado en la guerra naval.
El 31 de julio entabló combate por primera vez el San Martín ante la flota inglesa, que ya había salido del puerto y se desplegaba frente a los españoles. En dos hábiles maniobras, Drake tomó barlovento y atacó la retaguardia mientras Howard daba un rodeo y entraba por el centro de la formación española, que a pesar de la jugada repelió bien el ataque.
El duque estuvo desafortunado en el mando, quizás mal aconsejado por sus lugartenientes. Sus improvisaciones sobre el plan inicial terminaban siempre con pérdidas y en una de ellas, acudiendo en auxilio del galeón San Juan, abrió la formación y dejó solo al San Martín, buque insignia de los españoles que fue rápidamente acosado por un atento almirante Howard, que lanzó sobre él a los mejores navíos ingleses.
El galeón español no rehuyó el combate, sino que sujetó la marcha para aguardar la llegada de los ingleses, que se cruzaron con él en fila de a uno. El San Martín respondió con bravura y si los primeros barcos pasaban a tiro de mosquete los últimos, persuadidos por su potencia de tiro, lo hacían desde distancias considerables. Tras 120 cañonazos disparados y más de 500 recibidos, de los que unos 50 hicieron blanco, el San Martín recibió el auxilio de su flota y dio por finalizado el combate con dos bajas y una vía de agua que fue reparada por los buzos con planchas de plomo.
El día 4 regresó el galeón a primera línea enfrentándose de nuevo a Howard y su Ark Royal, según las crónicas a menos de veinte pasos el uno del otro, aunque el cruce de fuego entre ambos fue pronto auxiliado por otros galeones que prolongaron la escaramuza durante toda la jornada con un resultado de dos bajas para el San Martín.
La noche del día 7 fue la famosa jornada de los brulotes, barcos incendiarios arrojados como misiles contra formaciones compactas para separarlas y atacarlas después, una estrategia que resultó tremendamente exitosa para los ingleses pese al sacrificio de ocho barcos.
El San Martín no participó en aquella acción porque había fondeado en Calais a la espera de acontecimientos, pero sí lo hizo en la batalla posterior de las Gravelinas, donde los ingleses derrotaron a la dispersa flota española que ya se batía en retirada.
El San Martín fue hostigado duramente, rodeado por cuatro barcos que le causaron graves daños y fue un auténtico milagro que no lo hundieran allí mismo, si bien ninguno de ellos marchó indemne. El galeón se defendió valerosamente ganando fama de indestructible e incluso auxilió a otros barcos en los días siguientes, que no fueron sino la confirmación del desastre de la Gran Armada, que vagaba sin rumbo por el Canal de la Mancha presa de los ataques ingleses.
Los que regresaron con vida, entre ellos el rocoso galeón – más maltrecho de lo que nunca estuvo – tuvieron que rodear las islas y regresar por Escocia e Irlanda, navegando por rutas desconocidas y expuestos a múltiples penalidades que esquilmaron los restos de la flota.
El San Martin regresó a España el 21 de septiembre de 1588, tocando puerto en Santander, con el duque de Medina Sidonia a bordo, exhausto y derrotado.
El San Martín fue reparado y aún salió en julio del año siguiente para proteger a la flota española que se había enfrentado a Drake en Galicia, donde el pirata, que venía a devolvernos la invasión, sufrió un descalabro.
En cualquier caso, sus mejores días habían pasado ya.
La última acción de mérito del incombustible galeón fue apresar al buque Revenge, uno de los más importantes de la flota inglesa que había acudido a hostigar a los españoles en las Azores, aquellas aguas donde el San Martín había vivido sus mejores glorias.
En 1592 fue devuelto a la corona portuguesa y un año después sería desguazado por viejo, un final un tanto gris para un barco que habría merecido otros honores pero que pagó con la indiferencia el haber alcanzado sus mayores glorias ondeando el pabellón español.
Fuente: teinteresa.es España
http://www.teinteresa.es/espana/gran-aventura-galeon-San-Martin_0_1093092277.html
Mar 17, 2018 | Actualidad

La Gazeta de Madrid de 18 de marzo de 1813 informó escuetamente de la salida de José Bonaparte de la villa: “
El REI nuestro señor salió ayer de esta corte a recorrer las líneas de los exércitos”. No era la primera vez que se veía obligado a dejar la sede de la corte, pero sí sería la definitiva: lo había hecho el 1 de agosto de 1808, como consecuencia de la victoria del bando patriota de Bailén, cuando sólo llevaba 11 días en la ciudad; repuesto en el Palacio Real merced a la decisiva intervención de su hermano el Emperador, volvió a huir de Madrid el 11 de agosto de 1812, esta vez como consecuencia de la derrota napoleónica en Los Arapiles. Sin embargo, en el comienzo de la primavera de 1813 José Bonaparte dijo adiós a Madrid de manera definitiva e inició una marcha hacia el norte que le llevó primero a Valladolid y luego a la derrota irreversible de Vitoria, el 21 de junio del mismo año. Entonces dejó de ser, de facto, rey de España, aunque no abdicó hasta el 7 de enero de 1814, ya en tierras francesas.
La situación militar en la Península, en claro retroceso para los ejércitos napoleónicos, fue determinante para la salida de José I de Madrid. El emperador animó a su hermano mayor a abandonar Madrid y a trasladar su cuartel a Valladolid, para recuperar el control del norte peninsular. José Bonaparte se resistió a dejar Madrid porque sabía que su marcha de la corte supondría el ocaso de su reinado. Pero las esperanzas que tenía puestas en la ciudad se habían ya desvanecido hacía tiempo. Madrid había mostrado claramente su preferencia por el bando patriota cuando había sido conquistada por Wellington y los guerrilleros en el verano de 1812. La posterior recuperación de la ciudad por parte de José Bonaparte fue sólo un espejismo. La consecuente persecución, si bien no demasiado feroz, contra aquellos que habían colaborado con el bando patriota, había provocado incluso un aumento de su impopularidad, como diríamos hoy, entre los madrileños. José salío de Madrid el 17 de marzo de 1813 y seguramente sabía que no volvería jamás a pisar aquella ciudad.
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También, el 17 de marzo de:
- 45 a.C: Las tropas de Julio César se enfrentan a las de Pompeyo en la batalla de Munda, en Hispania, cerca de la actual Montilla (Córdoba), lo que significa el fin de la guerra civil en Roma con la victoria de Julio César.
- 1586: En Ecuador se funda la Universidad de San Fulgencio, séptima de las creadas por los españoles sólo en América. Al día de hoy San Fulgencio, hoy Universidad Central, sigue siendo la principal universidad ecuatoriana.
(Del blog «En cuerpo y alma» de Luis Antequera)
Mar 16, 2018 | Actualidad
(Del libro “Un día, una historia”, de Jaime Retena, promovido por la Fundación Villacisneros)
En 1711, el rey Felipe V aprobó el plan que le presentan para crear una Real Biblioteca de acceso público. Sus fondos estaban compuestos de materiales provenientes de las colecciones privadas de los monarcas de España y de las bibliotecas de los nobles que habían emigrado. En 1716 Felipe V resolvió que se debía entregar una copia de «todas las impresiones nuevas que se hicieran» a la Real Biblioteca de Madrid.
En 1836 la Biblioteca Real pasa a denominarse Biblioteca Nacional. Su rápido crecimiento y como sus necesidades sobrepasaban la capacidad de las sedes que hasta entonces había ocupado, en 1866 la reina Isabel II colocó la primera piedra de la nueva sede que sería acabada 30 años después.
La Biblioteca Nacional cuenta actualmente con unos fondos aproximados de 28 millones de ejemplares, entre ellos destacan la colección de manuscritos, que abarca obras desde el siglo IX, la de incunables o los xilográficos.
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También, el 16 de marzo de:
- 1478: Nace Francisco Pizarro, conquistador del Perú.
- 1521: Dentro de su periplo llamado a completar la primera circunnavegación de la tierra, el navegante portugués al servicio de la Corona española Fernando de Magallanes llega a la isla de Samar, en un archipiélago al que bautiza con el nombre de San Lázaro, hoy día Filipinas. Cuarenta días después, en un enfrentamiento con los indígenas, halla la muerte en la isla filipina de Mactán, tomando el mando de la expedición Juan Sebastián Elcano, que completa la circunnavegación que es la primera de la historia.
- 1895: En el Teatro de la Zarzuela de Madrid se estrena la ópera La Dolores, de Tomás Bretón, con libreto de José Feliú y Codina.
- 1907: Nace el marino y físico español José María Otero de Navascués, que realiza importantes estudios de óptica geométrica, física y fisiología, descubridor de la llamada miopía nocturna y padre de la energía nuclear en España, presidente de la Junta de Energía Nuclear hasta 1974, período durante el cual se crean el primer reactor y la primera central nuclear españoles.
(Fuente: Blog «En cuerpo y alma» de Luis Antequera)