Jun 25, 2026 | Actualidad, Inicio, Mártires, Peticiones
Firma para pedir el reconocimiento público a la Memoria de los Mártires
¡No llevaban armas: Llevaban el Evangelio!
En los últimos meses, el Papa León XIV ha autorizado la promulgación de tres decretos que han llevado a los altares a 150 españoles más. En total, ya han sido reconocidos 2.415 santos y beatos. Todos ellos asesinados in odium fidei -por odio a la fe- durante la persecución religiosa en España entre 1934 y 1939.
Ciento cincuenta sacerdotes, religiosos, seminaristas y fieles laicos fueron asesinados, únicamente, por permanecer fieles a Cristo. Hoy queremos pedirte algo muy sencillo.
Firma esta petición para solicitar a los distintos Ayuntamientos e Instituciones catalanas, cántabras y baleares que honren públicamente la memoria de estos mártires poniendo su nombre en placas conmemorativas –como reconocimiento permanente- en sus calles, plazas o parques.
Estas han sido las Causas y sus decretos:
1.- El martirio de los Siervos de Dios Estanislao Ortega García y los 48 compañeros mártires, religiosos profesos del Instituto de los Hermanos Gabrielistas, así como de Emanuele Berenguer Cusella, sacerdote diocesano, asesinados en 1936 por odio a la fe, en diversos lugares de Cataluña (España).
2.- El martirio de los Siervos de Dios Francisco González de Córdova y 79 compañeros, sacerdotes, religiosos, seminaristas y fieles laicos, asesinados entre 1936 y 1937, por odio a la fe, en el la Diócesis de Santander (España).
3.- El martirio de los Siervos de Dios Juan Torres Torres y 19 compañeros, sacerdotes diocesanos, asesinados entre agosto y septiembre de 1936, por odio a la fe, en el territorio de la Diócesis de Ibiza (España).
Las ejecuciones fueron llevadas a cabo por milicias en Ibiza y el propio prefecto del Dicasterio, el cardenal Marcello Semeraro, tiene previsto viajar a la isla para celebrar la ceremonia oficial este otoño.
Juan Torres Torres, uno de los mártires de Ibiza, tenía tan sólo 24 años. Había sido ordenado sacerdote apenas dos meses antes de su asesinato. Apenas había celebrado sus primeras Misas.
En Santander, muchos de ellos fueron retenidos en el barco-prisión Alfonso Pérez o arrojados al mar Cantábrico. González de Córdova continuó celebrando misa y confesando a los prisioneros en secreto en la bodega del buque hasta su ejecución.
Estos hombres no murieron por motivos políticos ni por delitos cometidos. Los mataron por ser católicos. Fueron perseguidos, detenidos, humillados, martirizados y finalmente asesinados por odio a su fe.
No llevaban armas: Llevaban el Evangelio.
Y, sin embargo, como tantos mártires de la persecución religiosa española, afrontaron la muerte perdonando a quienes iban a quitarles la vida. Respondieron al odio con caridad y a la violencia con el perdón.
La Iglesia ha reconocido ahora oficialmente su martirio y pronto serán beatificados. Pero… la Iglesia -tú y yo, todos los cristianos– tenemos una deuda de gratitud con ellos.
¿Cómo es posible que quienes entregaron la vida por su fe, no tengan aún una calle, una plaza o un sencillo monumento que recuerde su testimonio?
No pedimos privilegios. Pedimos memoria. Pedimos gratitud. Pedimos que las nuevas generaciones puedan conocer el testimonio de estos sacerdotes que, en medio del odio y la violencia, respondieron con fidelidad y perdón entregando su vida a Cristo.
Lleva esta petición tan lejos como puedas, a familiares, compañeros, amigos, parroquias, grupos de oración… Que el ejemplo de estos mártires nos ayude a vivir nuestra fe con la misma valentía y amor con la que ellos entregaron su vida.
Y recuerda siempre que España también fue Iglesia perseguida. Nuestros hermanos en la fe, fueron asesinados y martirizados sencillamente… por creer en Dios, por amar a Cristo, por proclamar el Evangelio.
Por eso nunca nos cansaremos de trabajar por la Libertad Religiosa y por mantener viva la memoria de quienes dieron su vida por ella.
¡Gracias por firmar esta petición!
Jun 30, 2017 | Actualidad
Como quizás sabrás, estamos realizando una campaña pidiendo que se dedique una calle a los mártires de la persecución religiosa del siglo XX en España en las localidades donde nacieron o murieron. Hace poco, enviamos una carta al Ayuntamiento de Cisneros para pedírselo.
Ellos ya tienen un homenaje al Beato Hilario de Santiago desde el mismo año que fue beatificado, en 2013, y nos han enviado una foto. Desde aquí queremos darles la enhorabuena por esta iniciativa y esperamos que cunda el ejemplo.
Hilario nació en 1912 en esta localidad palentina. Desde niño, vivió Hilario el profundo ambiente religioso de su familia. La familia era pobre. Cuando Hilario tenía poco más de cuatro años, murió su madre.
Un tío suyo sacerdote -D. Aurelio de Santiago- cultivó su espíritu, lo educó en la religión y en las buenas costumbres y lo orientó en su vocación. El 24 de septiembre de 1927 ingresó en el seminario marista -internacional y misionero- de Carrión de los Condes (Palencia); allí lo seguiría después su hermano Feliciano Emilio. Hilario tuvo que realizar un gran esfuerzo para convivir con otros jóvenes -de diferente mentalidad y de costumbres distintas, americanos en su mayoría- y para adaptarse al ritmo de los más estudiosos. El esfuerzo creció al trasladarse a Espira de l’Agly (Francia), para proseguir sus estudios y perfeccionar la lengua francesa.
El 5 de agosto de 1930 pasó al noviciado de Pontós (Gerona) y vistió el hábito marista el 2 de agosto de 1931, recibiendo el nombre de H. Ligorio Pedro. No llegó a emitir la profesión perpetua: la entrega de su vida por el martirio fue su definitiva consagración a Dios.
En agosto de 1932, inició sus estudios pedagógicos en Pontós, pero tuvo que interrumpirlos al ser llamado a filas. El 2 de octubre de ese año se incorporó a Zaragoza para cumplir el servicio militar obligatorio. El ambiente del cuartel le resultó muy desagradable y la mili, larga y dura. Sólo le quedaban dos oasis en los que refrescarse espiritualmente cada día: la acogida de la comunidad marista y el gozo de cobijarse en el santuario de la Virgen del Pilar. En la milicia, contrajo una grave enfermedad -el «mal de Pott»- de consecuencias decisivas para él.
Licenciado del servicio militar en noviembre de 1934, volvió a Pontós y continuó sus estudios. En abril de 1935, mientras esperaba su embarque para Méjico, fue enviado al Liceo Mayáns de Valencia, para que hiciera prácticas de enseñanza.
Pero su enfermedad se agravó hasta tal punto que, por consejo de los médicos, el 12 de mayo de 1936 fue enviado a la enfermería de Las Avellanas (Lérida). Allí lo sorprendió la guerra civil. El 3 de septiembre de 1936, junto a otros maristas, fue acribillado a balazos en el frontón del monasterio.
Abr 22, 2016 | Actualidad

La Catedral de Burgos acogerá el sábado la beatificación de Valentín Palencia y sus cuatro discípulos Donato, Emilio, Germán y Zacarías. La ceremonia estará presidida por el prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos de la Santa Sede, el cardenal Angelo Amato, quien acude a Burgos en representación del Papa Francisco.
¿Quién fue Valentín Palencia?
Valentín Palencia Marquina nace el 26 de julio de 1871. Hijo de Cipriano, de oficio zapatero, y de Victoria. Bautizado en la parroquia de San Esteban el 27 de julio y confirmado en San Nicolás el 9 de noviembre de 1871.
Fue acólito en la parroquia de Santiago (catedral). A los 13 años comienza los estudios eclesiásticos en el Seminario de San Jerónimo (Humanidades, Filosofía y Teología), siempre de externo por falta de medios económicos. Durante los diez cursos, 1884-1894, obtiene notable de calificación media y dos años obtuvo sobresaliente. Su párroco lo califica de «joven ejemplar, aficionado a las cosas de la Iglesia, muy amante de los niños, a quienes procura instruir y educar cristianamente».
El 1 de febrero de 1896 estrena su ministerio sacerdotal en la parroquia de Susinos del Páramo hasta el año 1898, en que inicia su actividad caritativa y social en la capital, recogiendo niños huérfanos, marginados y desvalidos. Fue el cardenal Fray Gregorio María Aguirre quien lo nombra director, capellán y profesor del «Patronato de San José para la enseñanza y educación de niños pobres», ubicado en la actual iglesia de San Esteban.
En dicho centro llegó a cobijar a 110 muchachos, 40 internos y unos 60 o 70 externos, a los que ayudaba, también, en un comedor de invierno. Soportaba horarios extenuantes con gran confianza en la Providencia. Nutría su espiritualidad en el modelo del hogar de Nazaret, ofreciendo a los más desprotegidos y con más futuro –los niños– instrucción y afecto. A pesar de las carencias, nunca rechazó a nadie en el Patronato. Su única exigencia es que fueran realmente necesitados. En momentos de apuro repetía «San José no me abandona». Los alumnos recordaban su amable trato y su gran estatura. Dicen de él que «era misericordia».
Con constancia y una impresionante laboriosidad, va sorteando dificultades y dando prestigio al colegio. En aprecio a don Andrés Manjón se agrega a las Escuelas del Ave María, teniendo muy arraigada la espiritualidad de la Sagrada Familia. Su secreto para poder conducir a tantos niños era la pedagogía activa y una educación en la responsabilidad. Procuraba que la instrucción fuese alegre para hacer hombres de provecho y orientarles hacia el amor de Dios.
Dormía al lado de los niños, aseaba a los pequeños, les enseñaba a rezar, a estudiar, a ejercitarse en oficios manuales y jugaba con ellos. Soñaba con una escuela profesional, pero tuvo que conformarse con un pequeño taller. Refuerza la instrucción escolar con dibujo para la habilidad manual; teatro para educar en la expresión, y música para refinar el espíritu. Tenía un coro y formó una banda de música, actuando en conciertos y procesiones.
Fue capellán de la capilla del Santo Ecce Homo y San Enrique de la catedral, así como hermano espiritual de la cofradía de Santa Lucía y de la de San José del Círculo. Fundó, en el Patronato, la cofradía de la Sagrada Familia. Con todo necesitado fue en extremo dadivoso.
Por su labor humanitaria, el Gobierno le concedió en 1925 la Cruz de Beneficiencia con distintivo blanco. Se le incendia el edificio y lo reconstruye a base de limosnas en menos de un año. Rechaza cargos, silencia otro distintivo aún más significativo (19 de marzo de 1927) y hace un testamento de profunda humildad: «La dicha por la que siempre ha suspirado mi alma es dar mi vida por Él…»
En verano, a un grupo de sus músicos y a los niños pequeños que no tenían dónde ir, los llevaba una temporada de descanso a la playa de Suances, donde los recibía con gozo.
Martirio de Valentín Palencia
Pero el 18 de julio de 1936 se declaró la Guerra Civil. La iglesia fue convertida en garaje y le prohibieron celebrar la misa a partir de la Asunción de la Virgen (15 de agosto) teniendo que celebrar la eucaristía en un rincón de su habitación, así seguía atendiendo a los enfermos y llevando la comunión a las monjas Trinitarias. Un alumno indisciplinado, por no haber recibido la propina de una peseta de plata, lo acusó al Frente Popular de Torrelavega. La noche anterior reservó una hostia consagrada para comulgar antes de que lo mataran.
Seis muchachos mayores fueron llamados a declarar y cuatro desearon acompañarlo, entregando su vida por Cristo en el monte Tramalón de Ruiloba (Cantabria) el 15 de enero de 1937. El ayuntamiento de Burgos, al recibir la noticia, hizo constar en el acta el sentimiento de la Corporación Municipal por la muerte «del virtuoso sacerdote y apóstol de la caridad cristiana» y en 1941 le dedicó una calle.
(Fuente: www.archiburgos.es)