Jul 10, 2017 | Actualidad
Quizás es una de las dimensiones más profundas de la vida. Experimentar la vulnerabilidad. Herir a quien amas. Fallarle a quien se fia de ti. Saber que no hay marcha atrás, que los gestos, o las palabras, o las acciones, ya han desencadenado huracanes…
Y, sin embargo, descubrir la otra lógica. No la del rencor y la venganza. No la del agravio sin salida. No la del reproche definitivo. Sino la disposición para ayudar a sanar. La de mantener los puentes tendidos. La de amar o ser amado.
Si alguna vez le has fallado a quien quieres sabes de qué te hablo. Entonces comprendes lo que es el dolor por las acciones. Entonces te das cuenta de lo humano que es el arrepentimiento. No sé, hoy en día hay muchas personas que siempre se reafirman en sus seguridades, no se arrepienten de nada, no lamentan nada…
Pero créeme, si alguna vez hieres a quien te importa, por tu propio egoísmo, entonces entenderás lo que es el pecado, y lo que es la necesidad de perdón…si alguna vez experimentas el perdón anhelado. Si alguien que podría cerrarte la puerta la mantiene abierta. Si quien conoce tu fragilidad y tu barro sigue mirándote con aprecio.
Si quien comparte tu historia lo hace más allá de la noche y el día. Si quien podría juzgarte con dureza te mira con misericordia, entonces entenderás un poco más a Dios… y su evangelio.
Jul 4, 2017 | Actualidad
Enrique Calicó, socio de Enraizados, nos cuenta (en diferentes capítulos) su experiencia en Eucaristías con diferentes comunidades católicas de Extremo Oriente. Aunque lejos en kilómetros, son hermanos nuestros en la fe. Desde Enraizados estamos especialmente preocupados por los cristianos perseguidos en China, Singapur y otros países:
Cada año, una o varias veces, viajaba a Extremo Oriente por razones de trabajo. Y esto durante más de veinte años, hasta que mi edad me recomendó que lo dejara para la gente más joven de la empresa.
Los países más frecuentados eran Japón, Corea del Sur, Taiwán y China. Y esporádicamente, Hong Kong y Filipinas. Aprovechaba los domingos, días no laborables, para coger el avión y saltar de un lugar a otro. Y hacía todo lo posible para no perderme la misa dominical, que en algunos puntos era totalmente imposible, por eso me llevaba conmigo un librito de la “Misa de cada día” que me servía además poder seguirla a pesar de los diferentes idiomas de los que no entendía ni palabra, como es natural. Y voy a dar algún detalle de una misa por país.
FILIPINAS- Es un país sumamente católico a pesar del islam concentrado en el sur. La Iglesia dispone de un buen número de sacerdotes y vocaciones. Allí, hasta los perros van a misa. Y no es broma. Me explico.
Tenemos en Filipinas varios amigos, situados en dos grupos no relacionados entre sí, aunque se conocen.
Uno de los amigos, con motivo de cumplir los sesenta años, fecha muy importante en la cultura china, celebró una gran fiesta invitando a muchos europeos. Solo teníamos que presentarnos en Manila, el resto corría todo a cargo de los anfitriones. La fiesta consistía en pasar varios días en un centro turístico, de esos que las casas están apoyadas con cuatro patas dentro del mar, al sur, cerca de Davao, en un lugar paradisíaco lejos de toda civilización.
Cada día había una actividad diferente, consistente en cena en una playa con folclore nativo, o concierto a cargo de una cantante filipina, u otro tipo de excursiones por mar o por las diferentes islas, todo muy variado y muy vistoso. Hay que decir que el centro turístico completo estaba a nuestra disposición. No puedo imaginarme el coste de todo aquello. ¿Quién se hacía cargo de tanto dispendio? Tito Paco.
¿Quién era Tito Paco? Un señor ya entrado en años, sencillo y muy simpático, un magnate, propietario de la naviera más grande de Filipinas, con grandes transatlánticos que hacían las rutas que les unían con América, y a quien tanto mi esposa como yo le caímos bien y nos dedicó muchas más horas que a los demás invitados, creo que por aquello de a) ser españoles, b) ser buenos cristianos. Dos cosas que a él le iban.
a) Educado en español, hablaba perfectamente nuestro idioma. Habiendo estudiado historia, quería hacer un homenaje y un monumento a Felipe II para restituir el honor a quienes les dieron una cultura y una religión durante tantos siglos, y que los americanos habían intentado borrar.
b) Era un hombre de fe firme, no quería perderse la misa y por ello, siempre que viajaba, se llevaba consigo a un sacerdote.
Fue él el que organizó la misa dominical. La iglesia, una construcción a base de bambú al estilo filipino, se llenó de nativos y escasos extranjeros, entre ellos María Rosa y un servidor. Algunos del lugar, vinieron con el perro que permanecieron con mucho respeto debajo de los asientos.
Tito Paco tuvo la delicadeza de ofrecerme una lectura. Yo rehusé por ser en inglés, y las lecturas deben hacerlas gente preparada para que la Palabra llegue nítida a los corazones de los oyentes. Fue una Eucaristía de devoción intensa y muy participada por todos los presentes. Después de tantos años, aún la llevo en el corazón.
Jul 3, 2017 | Actualidad
¿Quién podría imaginar el poder de una mujer sencilla, humilde, pequeña? ¿Quién iba a pensar que en sus manos, en su entraña, en su aceptación, estaba el germen de la Vida, así con mayúsculas? ¿Quién hubiera intuido lo que se ponía en marcha con aquel “hágase” de María?
Dios lo quiso. Y se la jugó al proponerle, con libertad, un proyecto inconcebible. ¡Vaya responsabilidad! ¿Sería María consciente de lo que estaba en juego en su “sí”? Desde luego, para ella estaba en juego mucho. Se arriesgaba a ser repudiada, juzgada e incomprendida. Y Dios, en su petición, ni forzaba ni exigía, solo invitaba.
Fue su libertad valiente la que dijo que sí. Y ese compromiso es para nosotros ejemplo y provocación. Porque con nuestra libertad estamos llamados a construir edificios eternos, a escribir páginas imborrables en nuestra pequeña porción de historia. Somos libres para amar, para creer y para construir esperanza. Engendrar al mesías niño. Mostrar, en su sencillez, la grandeza de Dios
Y cuando María se zambulle en la verdad y la lógica de Dios, entonces lo ve todo de una forma diferente. Entonces, con una lucidez nueva, percibe la manera sorprendente de Dios para darle la vuelta a la historia. Ella canta, con su vida, un magnificat.
Y también nosotros, yo, hoy, aquí y ahora, estamos invitados a proclamar un magnificat. A hacer de nuestros gestos un reflejo de la manera en que Dios acaricia el mundo. A contar, con nuestro verbo, que el Verbo, entre nosotros, da respuesta a nuestros miedos y preguntas.
Jun 30, 2017 | Actualidad
Como quizás sabrás, estamos realizando una campaña pidiendo que se dedique una calle a los mártires de la persecución religiosa del siglo XX en España en las localidades donde nacieron o murieron. Hace poco, enviamos una carta al Ayuntamiento de Cisneros para pedírselo.
Ellos ya tienen un homenaje al Beato Hilario de Santiago desde el mismo año que fue beatificado, en 2013, y nos han enviado una foto. Desde aquí queremos darles la enhorabuena por esta iniciativa y esperamos que cunda el ejemplo.
Hilario nació en 1912 en esta localidad palentina. Desde niño, vivió Hilario el profundo ambiente religioso de su familia. La familia era pobre. Cuando Hilario tenía poco más de cuatro años, murió su madre.
Un tío suyo sacerdote -D. Aurelio de Santiago- cultivó su espíritu, lo educó en la religión y en las buenas costumbres y lo orientó en su vocación. El 24 de septiembre de 1927 ingresó en el seminario marista -internacional y misionero- de Carrión de los Condes (Palencia); allí lo seguiría después su hermano Feliciano Emilio. Hilario tuvo que realizar un gran esfuerzo para convivir con otros jóvenes -de diferente mentalidad y de costumbres distintas, americanos en su mayoría- y para adaptarse al ritmo de los más estudiosos. El esfuerzo creció al trasladarse a Espira de l’Agly (Francia), para proseguir sus estudios y perfeccionar la lengua francesa.
El 5 de agosto de 1930 pasó al noviciado de Pontós (Gerona) y vistió el hábito marista el 2 de agosto de 1931, recibiendo el nombre de H. Ligorio Pedro. No llegó a emitir la profesión perpetua: la entrega de su vida por el martirio fue su definitiva consagración a Dios.
En agosto de 1932, inició sus estudios pedagógicos en Pontós, pero tuvo que interrumpirlos al ser llamado a filas. El 2 de octubre de ese año se incorporó a Zaragoza para cumplir el servicio militar obligatorio. El ambiente del cuartel le resultó muy desagradable y la mili, larga y dura. Sólo le quedaban dos oasis en los que refrescarse espiritualmente cada día: la acogida de la comunidad marista y el gozo de cobijarse en el santuario de la Virgen del Pilar. En la milicia, contrajo una grave enfermedad -el «mal de Pott»- de consecuencias decisivas para él.
Licenciado del servicio militar en noviembre de 1934, volvió a Pontós y continuó sus estudios. En abril de 1935, mientras esperaba su embarque para Méjico, fue enviado al Liceo Mayáns de Valencia, para que hiciera prácticas de enseñanza.
Pero su enfermedad se agravó hasta tal punto que, por consejo de los médicos, el 12 de mayo de 1936 fue enviado a la enfermería de Las Avellanas (Lérida). Allí lo sorprendió la guerra civil. El 3 de septiembre de 1936, junto a otros maristas, fue acribillado a balazos en el frontón del monasterio.
Jun 30, 2017 | Actualidad
Esta semana hemos llevado a los políticos españoles el informe “Invertir en vidas crea valor”, que presentamos el Día de la Mujer y el Día de la Familia. Le hemos pedido reunión a todos los grupos políticos en el Congreso.
Sin embargo, solo Guadalupe Martín, diputada del PSOE y Secretaria de la Comisión de Sanidad y Servicios Sociales, y Carlos Salvador, de Unión del Pueblo Navarro (UPN) nos han recibido.
Ambos se han mostrado muy interesados por nuestro informe, en el que ofrecemos medidas para parar el suicidio demográfico hacia el que España (y Europa completa) camina.
Nuestra propuesta es que la administración, la sociedad y las empresas trabajen coordinadamente para evitarlo, especialmente en los llamados “desiertos demográficos” que ya existen en España. Todo ello sin que suponga una carga para el gasto público y sabiendo que las medidas que hay que tomar no son solo económicas, sino sociales y culturales.
Seguiremos trabajando para que los grupos políticos tomen en consideración nuestra propuesta. Agradecemos que UPN y el PSOE hayan accedido a escucharnos.
Jun 27, 2017 | Actualidad
Enrique Calicó, socio de Enraizados, nos cuenta (en diferentes capítulos) su experiencia en Eucaristías con diferentes comunidades católicas de Extremo Oriente. Aunque lejos en kilómetros, son hermanos nuestros en la fe. Desde Enraizados estamos especialmente preocupados por los cristianos perseguidos en China, Singapur y otros países:
Cada año, una o varias veces, viajaba a Extremo Oriente por razones de trabajo. Y esto durante más de veinte años, hasta que mi edad me recomendó que lo dejara para la gente más joven de la empresa.
Los países más frecuentados eran Japón, Corea del Sur, Taiwán y China. Y esporádicamente, Hong Kong y Filipinas. Aprovechaba los domingos, días no laborables, para coger el avión y saltar de un lugar a otro. Y hacía todo lo posible para no perderme la misa dominical, que en algunos puntos era totalmente imposible, por eso me llevaba conmigo un librito de la “Misa de cada día” que me servía además poder seguirla a pesar de los diferentes idiomas de los que no entendía ni palabra, como es natural. Y voy a dar algún detalle de una misa por país.
CHINA– Pocas son las Eucaristías que he participado en China, alguna en la catedral de Shanghai con toda normalidad. Pero la que más me llamó la atención fue en la catedral de Ningbo, la cual tenía cerca del hotel donde me hospedaba, lo que me había facilitado entrar en la portería para preguntar el horario. Lo primero que vi en la garita de la portería fue la imagen de María y a reglón seguido un cuadro de Juan Pablo II, lo cual me confirmaba rotundamente que era una iglesia católica dependiente de Roma.
Me informaron que la misa vespertina era a las seis de la tarde. Tenía que aprovechar ésta puesto que volaba, al día siguiente, domingo, temprano.
A las seis menos cinco entraba en la catedral y me encontré con la iglesia casi vacía. Primera sorpresa. Me quedé bastante atrás, a lado del pasillo. Al otro lado estaban unas señoras, de cierta edad, vestidas muy sencillamente, que hablaban sin reparo alguno. Me puse a rezar esperando que empezara la misa de un momento a otro. En el altar mayor, una enorme imagen de la Santísima Virgen con su manto azul, y unos angelitos la conducían al cielo donde en la cúpula la esperan la Santísima Trinidad con una corona en la mano. El conjunto era precioso, de unos colores muy brillantes, de unos siete u ocho metros de altura, yo diría hecho de fibra de vidrio, como se fabrican los barcos. No podía dejar de mirarla, me absorbía, le veía Inmaculada, Asunción y Reina de cielos y tierra, todo a la vez. Tenía claro que aquella Catedral estaba dedicada a María.
En la primera fila se preparaban varias personas y se ponían un roquete. No me extrañó, porque fueron las que luego prestaron algún servicio durante la celebración, como las lecturas, el ofertorio, etc.
Un sacerdote venía por el pasillo directamente a mí. Me saludó en inglés, le pregunté si había misa, me dijo a las seis treinta. Yo: si era el celebrante; me contestó que sí y a renglón seguido me rogó que fuera el día siguiente a misa de doce, que era la misa para extranjeros, en inglés. Le dije que no podía, puesto que mi avión salía temprano. Insistió una y otra vez, que fuera el domingo a las doce, que me sentiría mejor. Al principio no entendía porque tanta insistencia, sabiendo que yo no podía. La gente iba entrando, todos orientales, yo el único occidental. Entonces comprendí que todas aquellas personas no querían perderse la Eucaristía a pesar de que estaban corriendo un gran riesgo, pues si entraba la policía, nadie estaba seguro ni nadie sabía lo que podría pasar. Por eso me insistía sin atreverse a decirme que estaba corriendo ese riesgo. Entonces tomé la decisión de que si los fieles eran firmes en su fe, yo también debería serlo. Aunque, siendo extranjero no podían tocarme, siempre se puede salir mal parado si desalojaban la iglesia de malos modos.
Gracias a Dios no ocurrió nada, pero toda aquella buena gente cumple con el precepto dominical con la espada de Damocles encima de sus cabezas.
Cuando volví a Ningbo al año siguiente, coincidió entre semana. Con la iglesia cerrada, entré por la portería. No había misa, pero me dejaron pasar por un patio muy oscuro a una puerta lateral. Pude hacer la visita al Santísimo, solamente, sin poder comulgar.