Misas en conmemoración del 520 aniversario de fallecimiento de Isabel

Misas en conmemoración del 520 aniversario de fallecimiento de Isabel

Por nuestra vocación de servicio y devoción a Isabel La Católica, cada año recopilamos en un documento todas las Misas (de las que hemos tenido conocimiento) para que cualquier persona pueda acudir a una Misa por Isabel en el aniversario de su fallecimiento. En este 520 aniversario de la muerte de la reina de España, se han celebrado 185 Misas en Acción de gracias “In Memoriam” y por su beatificación. Es posible que en los próximos días, aún nos sigan llegando algunas comunicaciones más de Eucaristías ofrecidas por esta intención. 

Este año se ha superado la cifra del año pasado, llegando hasta 185 misas ofrecidas por Isabel. 145 en España y 40 en el resto del mundo. Todas están reflejadas en este documento vivo, que aún seguirá actualizándose. Hay que destacar que el año pasado se celebraron 40 Misas menos en todo el mundo, lo que indica que la devoción por Isabel La Católica, crece cada año. Una buenísima noticia.

No te pierdas la entrevista realizada al presidente de Enraizados, José Castro Velarde donde precisamente expone este tema: «Cada vez hay más devotos de la Reina y que además pasan a la acción, organizando en su localidad una Misa y otros actos en honor a la Sierva de Dios. Dios ha querido necesitar causas segundas y eso es lo que somos, instrumentos en sus manos

Aquí te dejo la entrevista completa

Desde Enraizados, todos los años ponemos nuestro granito de arena promoviendo la celebración de misas por esta intención, pero esto es una labor de muchísimas personas anónimas e  instituciones que trabajan por mantener viva la memoria de Isabel y promover su elevación a los altares.

La primera de ellas es la Comisión de Isabel La Católica dependiente del Arzobispado de Valladolid, pero además, también trabajan por esta intención muchas otras asociaciones: Croce Reale, Las damas y caballeros de Isabel, las  Hermanas Concepcionistas y las Hermanas Carmelitas, el Círculo Cultural Hispanista de Madrid, Asociación 31 de enero de los Tercios, Asociación Pro Hispania, Protocolo Santa Pola, Unidad Hispanista, Frama, Manacor, Mundo Libro, Camino de Flores, Amigos de la Hispanidad, Junta Carlista de Castilla y muchas más.

El padre José Luis Rubio Willen, director de la Comisión Isabel, nos comenta que “el proceso de la Sierva de Dios Isabel La Católica, llevado a cabo en el lugar donde falleció -la diócesis de Valladolid- está totalmente terminado desde hace unos años y queda un milagro pendiente de estudio. En el momento que den el visto bueno en Roma y comience el estudio del milagro, Isabel ya pasaría a ser Beata

Una vez estudiada la fase histórica, nos comenta el P. Rubio Willen,  “nos encontramos en la etapa de acrecentar la devoción popular, verla santa y sobre todo ir con la verdad. Isabel es una santa de las verdades. Aunque la veneración es todavía privada, esperamos con la devoción popular, con este Sursum Corda elevemos el corazón a Dios a través de la Sierva de Dios Isabel y poder acelerar aún más los pasos que vamos dando, eficientes y seguros donde la última palabra no la tiene un Obispo ni la tiene el Papa, la tiene Dios. Por eso Dios entrega a sus santos cuando más los necesitamos. Creo que hoy está la sociedad, no sólo la civil, sino la política, necesitada de estas personas ejemplares”.

El próximo 26 de noviembre se conmemoran 520 años del fallecimiento de Isabel la Católica, una de las figuras más emblemáticas de la historia de España. Su vida y obra han sido objeto de admiración y estudio, tanto por su liderazgo como por las virtudes que la llevaron a ser considerada para la beatificación. Isabel fue una reina que no solo consolidó el poder de su reino, sino que también dejó un legado espiritual y político que aún resuena.

Entre sus virtudes más destacadas, resalta su profunda fe cristiana, que guió cada una de sus decisiones como soberana. Isabel defendió con fervor la unidad religiosa en su reino, convencida de que era un pilar fundamental para la estabilidad y prosperidad. 

Su labor como monarca también estuvo marcada por un fuerte sentido de justicia y compromiso con el bienestar de sus súbditos. Isabel reformó las leyes, fortaleció las instituciones del reino y promovió la educación, especialmente entre las mujeres, un hecho extraordinario para su época. Asimismo, fue una reina cercana al pueblo, conocida por escuchar sus necesidades y actuar en favor del bien común. 

El apoyo de Isabel a Cristóbal Colón en 1492, que resultó en el descubrimiento de América, es uno de los momentos más destacados de su reinado. Este evento no solo amplió los horizontes del mundo conocido, sino que marcó el inicio de una nueva era de evangelización y expansión cultural. Para Isabel, la misión evangelizadora de España era una responsabilidad sagrada, y sus esfuerzos por difundir la fe católica a lo largo del mundo reflejan su profundo compromiso espiritual.

A lo largo de los siglos, Isabel la Católica ha sido reconocida como un modelo de liderazgo, virtud y devoción. Su proceso de beatificación, iniciado en 1958, subraya su reputación como una mujer piadosa y justa. A 520 años de su muerte, es justo recordar no solo sus logros como gobernante, sino también su enorme legado moral y espiritual, que sigue siendo una fuente de inspiración en la historia de España y del mundo.

Debemos seguir rezando para que la reina de España, Isabel La Católica, sea beatificada.

Presentación del libro «España en la Historia III» con Fernando Paz

Presentación del libro «España en la Historia III» con Fernando Paz

El próximo miércoles 30 de octubre tendrá lugar en Madrid la presentación oficial a prensa y público del tercer volumen de España en la Historia.

El volumen III de esta obra, está tejido por los artículos de los voluntarios y colaboradores de la web de Enraizados: España en la HistoriaNace después de meses de esfuerzo compartido con una misión clara: ofrecer artículos veraces y precisos sobre diferentes episodios que han dado forma a nuestra nación.

A pesar de los intentos por silenciarla, nuestra historia sigue viva, muy presente y merece ser contada tal y como es: sin distorsiones. Leyendo sus páginas, entenderás que nuestro compromiso es sólo con la verdad y la memoria de nuestros antepasados.

Te recuerdo que si aún no has adquirido el libro puedes conseguirlo, tanto en papel como en versión digital, por 17 o 10 € respectivamente. Si te perdiste el segundo volumen de “España en la Historia”, puedes comprar ambos por tan solo 25 €. Y si quieres adquirir los tres libros, puedes hacerlo por 40 €. 

No dejes pasar la oportunidad de explorar el legado de nuestra nación. Compártelo​​​ con aquellos que, como tú, sienten un profundo respeto y amor por nuestra historia.

Espiritualidad: «La Acedía de nuestra vida»

Espiritualidad: «La Acedía de nuestra vida»

               La acedía es un peligro que suele pasar desapercibido en la vida doméstica. El demonio del mediodía ataca también en la realidad familiar, nos sumerge en el hastío de las tareas cotidianas y nos conduce al desánimo en la vida espiritual. Y es que cada día es un volver a empezar. No importa que el cesto de la ropa sucia por fin se vaciara tras poner varias lavadoras o que una buena limpieza dejará los baños relucientes; hoy el cesto está ya a medio llenar y los chorretones de la pasta de dientes infantil están otra vez pegados al lavabo y al espejo. El trabajo de mantener una vida en el hogar nunca se acaba, nadie lo ve y no reporta beneficios tangibles. Es fácil dejar de ver el sentido de tanto esfuerzo y sacrificio.

Podría sonar a conformismo. A mí no me lo parece. Empezar a vivir esta vida, la que nos “ha tocado”, es el principio para hacer de la nuestra una existencia luminosa. En el fondo, supone acoger el plan que Dios mismo ha provisto para cada uno de nosotros, viendo en nuestras circunstancias, cuáles sean, un regalo para nuestra salvación.

Todas esas cosas que hacemos en lo oculto de nuestra vida y que pasan desapercibidas –carentes de valor– para el resto del mundo, no quedan invisibles a los ojos de Dios. En todas ellas, por insignificantes que sean, se encuentra nuestra vocación particular. Así que con cada acto de entrega que queda en lo escondido estamos sirviendo al Señor, y no hay nada que sea entregado a Dios que sea desperdiciado. «Tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará».

Es una tentación peligrosa, con la que no se debe jugar. Quien cae en ella es como si estuviera aplastado por un deseo de muerte; siente disgusto por todo; la relación con Dios le resulta aburrida.

El Catecismo la define así: «La acedía o pereza espiritual llega a rechazar el gozo que viene de Dios y a sentir horror por el bien divino» (CIC 2094). Nuevamente, en otro lugar, tratando de la oración, la enumera entre las tentaciones del orante: «otra tentación a la que abre la puerta la presunción, es la acedía. Los Padres espirituales entienden por ella una forma de aspereza o desabrimiento debidos a la pereza, al relajamiento de la ascesis, al descuido de la vigilancia, a la negligencia del corazón. «El espíritu está pronto, pero la carne es débil» (Mateo 26,41)» (CIC 2733)

El Catecismo relaciona la acedía con la pereza. No se detiene a señalar su relación con la envidia y la tristeza. Sin embargo, la acedía es propiamente una especie o una forma particular de la envidia. En efecto, Santo Tomás de Aquino, que considera a la acedía como pecado capital, la define como: tristeza por el bien divino del que goza la caridad. Y en otro lugar señala sus causas y efectos: es una forma de la tristeza que hace al hombre tardo para los actos espirituales que ocasionan fatiga física.

La acedía se presenta, en la práctica, como una pereza para las cosas relativas a Dios y a la salvación, a la fe y demás virtudes teologales. Por lo cual, acertadamente, el catecismo la propone, a los fines prácticos, como pereza.

Al atacar la vitalidad de las relaciones con Dios, la acedía conlleva consecuencias desastrosas para toda la vida moral y espiritual. La acedía se opone directamente a la caridad, pero también a la esperanza, a la fortaleza, a la sabiduría y sobre todo a la religión, a la devoción, al fervor, al amor de Dios y a su gozo. Sus consecuencias se ilustran claramente por sus efectos: la disipación, o sea un vagabundeo ilícito del espíritu, la pusilanimidad, el rencor, la malicia, o sea, el odio a los bienes espirituales y la desesperación. 

Esta corrupción de la piedad teologal, da lugar a la corrupción de todas las formas de la piedad moral. También origina males en la vida social y la convivencia, como la murmuración, la descalificación por medio de burlas, críticas y hasta de calumnias.

Juan Andrés Segura / Colaborador de Enraizados

EL DERECHO Y EL DEBER DEL CATÓLICO A PARTICIPAR EN EL DEBATE POLÍTICO: LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

EL DERECHO Y EL DEBER DEL CATÓLICO A PARTICIPAR EN EL DEBATE POLÍTICO: LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

       Las palabras que el papa ha pronunciado en su reciente visita a Bélgica sobre el aborto han causado un verdadero vendaval político y un conflicto diplomático entre la Santa Sede y el Gobierno belga.

El Papa Francisco defendió la vida y calificó el aborto como un crimen, también tuvo un recuerdo para el Rey Balduino, que abdicó temporalmente para no refrendar con su firma una ley que despenalizaba el aborto. Diputados de varios partidos políticos —no sólo de izquierdas— rechazaron las palabras del Santo Padre, calificándolas de obsoletas y provocadoras.

También en su visita a la Universidad Católica de Lovaina las palabras del papa, refiriéndose a la mujer —“la mujer es mujer”, dijo — y al aborto, causaron malestar, paradójicamente en una universidad católica, entre los estudiantes y los profesores, hasta el punto de que la universidad publicó un comunicado expresando su malestar por las palabras del papa, lamentando sus posiciones conservadoras.

Lo ocurrido en el corazón de Europa pone de manifiesto hasta qué punto han calado en la sociedad las políticas que desde hace décadas, se vienen practicando por los gobernantes, no sólo por los llamados “de izquierdas”, también por aquellos que hasta hace no mucho, parecía que defendían valores como la vida y la libertad. 

Es tan potente y eficaz la “ingeniería social” que vienen desarrollando estas élites que nos gobiernan, que han conseguido que verdades tan evidentes como que “la mujer es mujer” o “el aborto es un crimen” porque se acaba con la vida de un ser humano, no sólo sean cuestionadas, sino que sean consideradas como falsas, retrógradas y contrarias a la lógica

Hasta tal punto ha sido eficaz esta “ingeniería social”, que esta controversia también ha dado lugar, en el seno de la Iglesia, a fuertes enfrentamientos —recuérdese la posición de la mayoría de los obispos alemanes— con las consiguientes consecuencias para los católicos, que las observamos atónitos y desconcertados.

Ante esta situación, son varias las preguntas que cabe hacerse y que muchos católicos nos hacemos: ¿puede la Iglesia pronunciarse en estos asuntos?, ¿debe la Iglesia adaptarse a los nuevos tiempos y flexibilizar sus propuestas?, y finalmente, ¿tenemos derecho los católicos a expresar y defender nuestras ideas?

Las respuestas a estos interrogantes, los enemigos de la Iglesia y creo que muchos de los que se llaman católicos, las tienen muy claras: la Iglesia no debe inmiscuirse en los asuntos políticos y debe ocuparse exclusivamente en la salvación de las almas de sus fieles, la religión es algo que debe circunscribirse al ámbito privado de las personas.

También los católicos que queremos ser coherentes con nuestra fe, tenemos las respuestas a esos interrogantes claras:

La Iglesia como institución tiene, no sólo el derecho, sino el deber, de manifestarse en todo aquello que concierne al ser humano, sobre todo si menoscaba su dignidad. También tiene la obligación de manifestarse cuando estén en juego principios como la verdad o la justicia. Conviene recordar que cuando las sociedades se estructuran en torno a estos valores, son más democráticas y progresan más, como lo demuestra la historia.

Por otro lado, la Iglesia debe mantenerse fiel a la doctrina de Jesús, no debe caer en la tentación de “adaptarse al mundo”. La verdad es la verdad y es inamovible porque si no fuera así, dejaría de ser la verdad. La crisis profunda en la que está sumisa la sociedad en todo el mundo hunde sus raíces en el desprecio a la verdad.

Finalmente, la respuesta al tercer interrogante también es muy clara: los católicos tenemos los mismos derechos que cualquiera a expresar nuestras ideas y los mismos derechos a participar en política, haciéndolas valer. No sólo tenemos derecho, tenemos el deber y la responsabilidad de hacerlo.

Ahora bien, ese derecho y esa responsabilidad también nos conduce al deber de formarnos, máxime cuando los problemas a los que nos enfrentamos son tan profundos y complejos. No es posible ser coherentes con nuestra fe si no sabemos traducir esa fe y aplicarla, en las circunstancias que nos haya tocado vivir, a nuestro entorno: en nuestra familia, en el trabajo y en nuestras relaciones. Para ello, como digo, es absolutamente imprescindible que nos formemos.

El modo de formarnos para poder participar con solvencia en las distintas actividades de la sociedad es conocer y poner en práctica la Doctrina social de la Iglesia —el conjunto de enseñanzas que durante décadas los papas han venido ofreciendo ante los problemas de cada tiempo—. Ello nos permitirá tener criterios de juicio y pautas —conformes con nuestra fe— para la acción ante cada situación que nos toque confrontar.

La Doctrina social de la Iglesia pone en el centro de sus enseñanzas a la persona humana y su dignidad, esa es su columna vertebral en torno a la cual se articulan los principios y los valores que deben conformar las estructuras sociales para que el hombre se pueda desarrollar en su doble dimensión corporal y espiritual.

Los principios a los que hace referencia la doctrina son: el principio de bien común y la atención especial que merecen los más pobres, el principio de subsidiaridad y la consiguiente obligación de participar en la vida social y finalmente, el principio de la solidaridad, como un compromiso firme y responsable de comprometerse con el bien común.

Los valores que dan consistencia a estos principios son: la verdad, la libertad, la justicia, y de manera especial el amor como el valor esencial que da sentido a todo lo anterior y seña de identidad que debiera ser de todo católico.

A luz de estos principios y de estos valores, la Doctrina de la Iglesia nos ayuda a discernir y a tener capacidad de juicio en prácticamente todos los campos en los que nos movemos, ya sea en la familia, el trabajo, la economía, la política, etc. No nos propone soluciones concretas ni opciones políticas, pero nos orienta para que podamos actuar, de modo coherente, conforme a nuestra fe.

Desgraciadamente, la Doctrina social de la Iglesia es la “gran desconocida” para la gran mayoría de los católicos e, incluso, para muchos sacerdotes: un tesoro que permanece escondido, que debiéramos desenterrar.

Javier Espinosa Martínez  // Director del Curso de Doctrina Social de la Iglesia de la Fundación Enraizados

Acto de presentación del libro “Hogares de amor y perdón”

Acto de presentación del libro “Hogares de amor y perdón”

El pasado miércoles 25 de septiembre tuvo lugar la presentación del libro «Hogares de amor y perdón” en la librería Paulinas de Madrid. Aquí te dejo el vídeo completo del evento.

El acto, cargado de emotividad, de amor y de perdón, fue un homenaje a la memoria de las víctimas y mártires de la II República Española y de la Guerra Civil. 

Vicente Medina Prados, vicepresidente de Enraizados hizo de maestro de ceremonias, Nos acompañó el P. José Carlos Martín de la Hoz – Director de la Causa de los Santos de la Prelatura del Opus Dei en España- que contextualizó el libro dentro de la persecución religiosa del siglo XX en España.

Más tarde pudimos escuchar el emocionante testimonio de D. Luis García Chillón, familiar directo de una de las víctimas que aparecen en el libro, entrevistado por D. Julio Íñiguez Estremiana, miembro de la Junta Directiva de Enraizados.

Fue un acto cargado de lo mejor que podemos ofrecer a las víctimas de uno de los genocidios de cristianos más grande y doloroso, acontecido en el S. XX: amor y perdón. ¡Memoria!

Te dejo la reseña del libro que amablemente escribió el P. Martín de la Hoz sobre el libro:

              En el último discurso de san Juan Pablo II al terminar su periplo por España, en Santiago de Compostela lanzó un grito a toda Europa que merece la pena ser recordado: “Yo, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal, desde Santiago, te lanzo, vieja Europa, un grito lleno de amor: Vuelve a encontrarte. Sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces. Revive aquellos valores auténticos que hicieron gloriosa tu historia y benéfica tu presencia en los demás continentes. Reconstruye tu unidad espiritual, en un clima de pleno respeto a las otras religiones y a las genuinas libertades” (Juan Pablo II, Discurso europeísta, Santiago de Compostela, 9.XI.1982).

Recordaba estas iluminadoras palabras mientras leía este libro de testimonios acerca de personas que murieron durante la persecución religiosa de la II República y la guerra civil española y, también, algunos casos de muertos durante la persecución en México al comienzo del siglo XX en la llamada guerra de los cristeros.

Indudablemente, los muertos por odio a la fe han sido simiente y lo seguirán siendo para muchas generaciones, es decir que el origen de muchas conversiones se produjo por la gracia de Dios y al contemplar la fe viva de quienes superan el instinto de supervivencia para ser fieles a Jesucristo. Como afirmaba la epístola a Diogneto en el siglo II: “la sangre de los cristianos será siempre semilla de buenos cristianos”.

No podemos olvidar que uno de los primeros intelectuales que se convirtieron a la luz del ejemplo luminoso de los primeros mártires, Lactancio, afirmaba que la religión debía entenderse como “religare”: como atadura a Cristo por la gracia y no como una mera relectura, según Cicerón. En cualquier caso, podemos afirmar que ambos se equivocaban, pues el martirio significa reelección. La gracia martirial es ser llamados a una nueva elección para ser imitadores de Cristo en su pasión y muerte.

El libro recoge abundantes testimonios de personas que murieron perdonando y ya se han preocupado los autores del libro de exponer cómo realmente murieron perdonando a sus verdugos, como Cristo lo hizo: “Padres perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34). 

Lógicamente, la persecución religiosa durante la segunda República y la Guerra civil española, comenzó en el siglo XIX según fue promulgada la carta magna de las Cortes de Cádiz el 19 de marzo de 1812.

Apoyándose en el texto constituyente, tanto los liberales conservadores como los liberales progresistas comenzaron sus campañas de opinión pública de descrédito y desconfianza de la Iglesia católica a la que achacaban del atraso del país en todos los órdenes incluso en el del pensamiento religioso. 

El odio acumulado e inyectado en las masas obreras, sindicalistas, intelectuales, militares, maestros, y religiosos, a través del modernismo, culminaría con el plan de exterminio de todos los signos religiosos, personas y altares, como llevó a cabo las revolución francesa en el país vecino.

José Carlos Martín de la Hoz

Beatriz y Gracia Pellicer de Juan, Hogares de amor y perdón II, ediciones “Enraizados”, Madrid 2024, 199 pp.

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