
Un Rosario por la Vida en familia
Ayer vivimos un encuentro entrañable, lleno de luz y esperanza al rezar juntos el Rosario por la Vida. Aunque el tiempo venía amenazando lluvia desde hacía semanas, nuestra Madre del Cielo seguro intercedió para que el Señor nos regalase un luminoso día de sol. La temperatura fue perfecta para unir nuestras voces en oración.
Éramos 33 personas, una familia compacta, unida por la fe y la convicción de que la oración es la mejor arma que tenemos para defender la vida y luchar por ella. Cada Ave María resonó en el aire con fuerza y devoción, creando un ambiente de profunda paz y entrega.

Llevamos con orgullo nuestras camisetas que proclamaban con claridad: «¡Rezar no es delito!». Fue un mensaje poderoso, para los que pasaban por la calle y observaban nuestro testimonio visible: la fe trasciende cualquier obstáculo y el derecho a rezar es inquebrantable. No importaban los desafíos, allí estábamos, con una fe a prueba de contratiempos, sosteniéndonos unos a otros con la certeza de que la oración transforma corazones.



Fue un Rosario muy cercano, vivimos intensos momentos de comunión y fortaleza. La oración nos recordó que no estamos solos, que en cada misterio del Rosario había un mensaje de esperanza y que nuestra unión en la fe era testimonio vivo de amor y compromiso con la Vida.
El Señor lo dijo: «Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo, en medio de ellos”, (Mt 18-20). Ayer pudimos comprobarlo intensamente.